22 jul. 2014

Eres más fuerte que la boca oscura de la melancolía,

         NOCHES DE LUNA CRECIENTE

 

El cielo se encarga de mezclar con la plata

el bronce y el cristal.

 

Así mi piel oscurecida de años

que entrelaza la nocturna mirada con la catarata blanca que brilla sobre mi busto cincelado por noches de luna creciente, aún acusa el placer de los besos masculinos y habla directamente contigo.

 

¡Escúchanos! ¡Oh luna!

 

Tú que llenas la noche

de blancas figuras de héroes y reflejas los tenues rayos del sol nocturno sobre las copas de los árboles de los callados bosques mientras creces.

 

Tú que no te apartas

del tierno abrazo de los amantes y guardas en las carpetas de sombras de tiempos famosos de tus archivos de rocas brillantes en los alrededores de ríos y lagos,

 

te extiendes sobre la ciudad

donde habita un linaje corrupto, frío y maligno y los nietos de ojos limpios, sin sangre, se disponen a afrontar el futuro, deseando crecer como las mareas.

 

¡Oh luna!

 

Entrelaza con tus sombras

que suspiran sobre el cristal vacío de los lagos de alta montaña para que puedan engullir el reflejo de todos los astros y podamos beber sus aguas.

 

Cubre con tu luz

los claros del bosque  para que podamos sobresalir por encima de las infernales muecas de fogosas bestias de ásperos licopodios, abetos y amanitas encantadas.

 

Eres más fuerte

que la boca oscura de la melancolía, que la forma plasmada de grises y rosas nubes de otoño y más generosa que el manto de gotitas de lluvia que caen sobre una aldea que piadosa en imágenes morenas expira.

 

¡Escúchanos!

 

Y haz que las noches de otoño

no lleguen tan frías y chispeando estrellas sobre nuestros huesos troceados sean como monjas silenciosas que sueñan con su Orfeo.


                                                              Johann R. Bach

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