10 jun. 2014

Ya no se le pueden arrancar tristezas o alegrías;

ALZHEIMER

 

Al oeste del pueblo,

tierra a dentro, calmada la tramontana, la suave brisa de primavera acaricia las ramas de los olivos.

 

Al este, por donde sale el sol,

el mar se ha vuelto amargo, como si sospechase lo pronto que caduca toda su inmensidad.

 

Esperando el silencio,

igual que el soldado espera el alba, no quiere sombras, ni tampoco luz. La vista del pueblo va perdiendo definición.

 

De pie

sobre la arena de la pequeña playa, no hay nada que entender.

 

Mira el sol

cómo se levanta y recorre el cielo saboreando el paisaje de casas y velas blancas. Su rostro es como el oro en el amanecer.

 

Pequeñas nubes

y estrellas apenas esbozadas se superponen como garabatos en la piel del cielo.

 

La noche

va penetrando día a dia en él como si le acariciase las sienes y pesa sobre el mundo interno.

 

Es casi un árbol pero sin raíces

sobre el cual se ha encendido con fuerza la música callada de la oscuridad.

 

Ya no se le pueden arrancar

tristezas o alegrías; ni siquiera lágrimas de sufrimiento y las pinturas multicolores cambiantes del paisaje no excitan sus retinas

 

Escrita

en el envés de un pergamino, esa borrosa escena que se desvanece

 

¿es aún la vida?

                                                            Johann R. Bach

 

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