8 jun. 2014

Sentada sobre una roca, en este atardecer, te veo...

UN HURACÁN DE AMOR

 

Propietaria de un tiempo inescrutable

que no transcurre fuera de tu imaginación, observas con desgana el ir y venir de las gaviotas.

 

Un aire azul marino roe tu piel

mientras la espuma, calcinada por una luz afín, sofoca allá a lo lejos, el incendio del sol.

 

Es un techo -ese aire de puro azur-

por donde alguna vez leíste que andaban las palomas.

 

Sentada sobre una roca,

en este atardecer, te veo arqueadas suavemente las cejas de un añil profundo y sé que piensas en miles de cosas que nunca quisiste o supiste compartir;

 

sueñas –me consta-

con bosques y senderos que jamás hollaste. Esas nubes propias de tu mar que me describes forman un desván más amplio que la melancolía.

 

Cierra los ojos,

escucha cómo sopla furioso el viento de final de primavera, acompañado de tanta lluvia y cómo gimen las hojas de los árboles.

 

¡Viento!

Como casi un huracán de amor te siento. Sé que aguardarás sin rencor a que llegue la noche.

 

El viento gime a tu alrededor con complicidad;

 

tus cabellos son nubes,

tus dientes, perlas. Yo así te sueño.

                                                                               Johann R. Bach

 

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