9 may. 2014

El sentido es el único fuego invisible que nos consume desde el origen de la primera cifra.

UNA BOCA CERRADA ENTRE DOS NOTICIAS

 

Ya sabes mi amor

que me incomoda la mirada de unos ojos que buscan, la enferma maquinación del que me pregunta por qué escribo.

 

Unos lo hacen

por el puro placer de la conversación, otros, maliciosamente, con ánimo de minusvalorar mi actividad y de paso realzar la suya;

 

muchos otros

buscan secretamente saber si de mis escritos obtengo suficientes ingresos como para ser una persona interesante …

 

Realmente, me siento mejor

cuando no tengo que justificar la deleitosa hora de la que salen de mi mente esas sílabas que aparentemente son un caos.

 

Sin embargo,

algunas respuestas -a esa pregunta- he hallado para mí mismo. Quiero decir que

 

mientras escribo, vivo,

olvidando que he de morir, recordando tu dulce mirar y aquella piel que se estremecía con la proximidad de mi aliento, que

 

tú fuiste el sosiego –que aún perdura-,

la musa que toma su momento conforme éste se desliza hacia el momento de despedida y

 

aunque hayas sido también

la boca cerrada entre dos noticias contrarias -sobre mis verdaderos sentimientos- que se atenazaba como el mundo entre sus mandíbulas mientras

 

el ruido seco se rompía

contra el cristal seguías siendo

mi claro de luna.

 

Así he de confesar

que pese al cieno urbano de nuestros sentimientos –por fuera blancos- qué más da el asco si nuestra fuerza es más ininflamable que la muerte y su ardor no nos destruirá ni colores ni amores.

 

El sentido es el único fuego invisible

que nos consume desde el origen de la primera cifra. Ese el sentido que se escapa de mis dedos cuando escribo.

 

                                                                Johann R. Bach

 

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