19 dic. 2012

LOS BOTONES SE REÍAN.

DIAS DE AMARANTO

 

Aquel septiembre se despidió

con alegre música mezclada con un sol lleno de vitalidad. La plaza rebosaba gente y optimismo.

 

De acuerdo con los tratados de magia

medievales, la música alegre ayudaba los exorcistas a ahuyentar los malos espíritus. Con ella se adormecían. Luego los subían a lomos del humo que se desprendía de quemar el amaranto.

 

Esa circunstancia dio origen a su nombre

-Fumaria oficinalis- que procede de la palabra latina fumus, que significa humo, y hace alusión a que el conjunto de esas plantitas, de coloración grisácea, parece una emanación de humo.

 

De la misma forma

se dice que el jugo de la planta irrita los ojos y hace llorar, como lo haría el humo del tabaco. Por esa razón en algunas regiones europeas se la denomina "la hierba de la viuda".

 

Y sin embargo aquel septiembre

se despidió con alegría y entusiasmo. No fueron días de amaranto, fúlgidos como la lanza de un urano.

 

Al contrario, fueron sus noches

las que hicieron retroceder la arterosclerosis mientras por los altavoces resonaba una suave música de swing sobre una multitud decidida a divertirse.

 

Las manos descosidas

de las tinieblas de trescientos años dibujaban rostros en el aire y los pies marcaban paso a paso una nueva alegría.

 

Los botones se reían.

No nos cosieron –exclamaban- para soportar los correajes de la esclavitud sino para ser desabrochados con suavidad.

 

                                                                                 Johann R. Bach
                                                                      www.homeo-psycho.de

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