20 dic. 2012

FALTAN SOLO CINCO DIAS PARA NAVIDAD. (otros poemas en el "Manual de la Soledad" en www.homeo-psycho.de)

                      HELECHOS EN EL BALCÓN

 

No hay gente por las calles,

las tiendas no abren hasta las once de la mañana. Es miércoles y parece que sea un domingo por la mañana, cuando miles de personas aún no se han peinado y arrastran penosamente las zapatillas por los oscuros pasillos.

 

Con calefacción o sin ella

sienten que no tienen gran cosa que decir. Sus bocas han enmudecido con los excesos de la última cena con especias, o con vino, o con dulces… o con las tres cosas a la vez.

 

Los mensajes publicitarios

–los únicos mensajes- entran despiadadamente uno por uno en los móviles, recordándote que para las máquinas informáticas tú eres otra máquina.

 

La casa de balcones frente a la plaza,

antigua y rodeada por otros edificios sórdidos, se parece a la luz del mes de febrero. Como la cascada de un rio seco el ascensor permanece quieto, el cauce de la calle sigue vacío de vehículos y las frías aceras se entristecen o se aburren.

 

Y, sin embargo,

sólo faltan cinco días

para La Navidad.

 

El espíritu de la casa discute

igual que un padre con su hija, por las evocaciones familiares. La palabra orgullosa de las vigas con aluminosis resiste heroicamente los años cada vez más cortos.

 

En los vestíbulos de las entradas

de los edificios se han colgado pasquines donde se expone que los sacerdotes de la Congregación Mundial han descubierto que  

 

el Quinqué Eterno del Sol

–que no es tan eterno- cada año consume menos mantequilla hidrogenada, lo que significa que el mundo se contrae y lo seguirá haciendo dentro de su propio espacio hasta alcanzar el tamaño de una avellana.

 

Plutarco ya nos había advertido

suscitando un airado gruñido en los círculos filosóficos: los días y las noches se iban acortando ya en Delfos.

 

No nos extrañemos que una rosa

arrancada al alba pierda del pánico sus pétalos; que el viento los arrastre por el barrio y que al atardecer sea sólo un quemado bosquecillo de pistilos junto a las macetas de helechos.

 

Entre el bostezo de diciembre

y la siesta de agosto transcurre apenas un instante lleno de aconteceres planificados con sosas navidades y nostalgias. Cada vez son menos las cartas, los entusiasmos, los asombros.

 

Nuestros barrios se apagan

como las luces encendidas en las calles por falta de música humana.

 

                                                                          Johann R. Bach   
                                                                  www.homeo-psycho.de

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