8 ene 2015

Jugando al dominó con los metales

LOS METALES FICHAS DE DOMINÓ

 

Los que creen conocerme

dicen que no hago escritos de metales y que prefiero el estrépito humano al vuelo silencioso de la lechuza…

 

que sí, que sí, que en algunos deseos,

expresados en voz alta además de dejar constancia de la sabiduría del buho por escrito, deposito en él mi esperanza y

 

con incredulidad

devuelvo –recriminado por ello- las palabras que no llegaron junto con el oleaje de la sangre más íntima.

 

No hago leña del árbol caído. No.

Cuando no veo la solución me armo de paciencia y persisto como un niño tozudo.

 

Piensan algunos amigos que escribo

sobre temas diferentes cuando en realidad hablo siempre de lo mismo desde mundos diferentes.

 

Es muy raro en mí, por ejemplo,

escribir sobre la muerte o sobre la nada porque son cosas que bien podrían no existir.

 

Prefiero describir cosas comunes sin escándalo,

aunque común en mí no significa necesariamente sencillez y por ello me echan en cara la falta de una mayor provocación.

 

Ante los libros de otros

no adopto una actitud obtusa que me lleve a la conclusión -parafraseando a Mallarmé- de que ya he leído todos los libros

 

terrible frase exenta de toda esperanza.

 

Encuentro gozo al leer

a algún poeta que menciona el litio como el metal más ligero y por ello está relacionado con las funciones fisiológicas más nobles

 

alabándolo como un buen antidepresivo

 

o que simplemente llama la atención

sobre el fracaso momentáneo del grafito en los bordes del universo observable y que, por su lentitud, nunca llega a convertirse en diamante o

 

cuando con el mismo entusiasmo de un niño

admira el carácter del sodio auténtico metal combustible de delicados corazones y gran estabilizador de

 

la temperatura de la sangre humana.

 

Siempre he sabido

que la Tabla Periódica me esperaba

 

luchando por aflorar

ante mis perplejos ojos o balbuciendo en sueños con la boca llena de alumino-silicatos potásicos responsables en parte de

 

nuestra necesidad de amar.

 

Descubrir el cinc y sus propiedades

me hizo comprender la fisiología de la sensibilidad humana; el paladio metal de los carácteres palaciegos, la humildad.

 

Detrás de la plata

se esconde el carácter apresurado de los que nunca logran cumplir con su agenda: tienen miedo a morir dejando sin hacer la colada.

 

Los que no renuncian a hacerse ricos

están intoxicados por múltiples sales de oro y, aquejados por la hipertensión y fatales depresiones,

 

sobreviven como la palabra melancolía.

 

El platino se pega a los huesos como el titanio,

empequeñece todo lo que entra por las pupilas y hace creer que somos lo más grande despreciando cualquier noble manifestación artística:

 

sólo el senecio modera sus ambiciones.

 

Me encanta jugar al dominó

con la Tabla Periódica, descubrir el escondite del Lantano y cómo obligarle a que tire sus fichas y contribuya a paliar

 

las anemias de la blanca doble:

la insuficiencia renal y la anafrodisia.

                                                                    Johann R. Bach

 

 

 

Juega a encontrar la solución

LOS METALES FICHAS DE DOMINÓ

 

Los que creen conocerme

dicen que no hago escritos de metales y que prefiero el estrépito humano al vuelo silencioso de la lechuza…

 

que sí, que sí, que en algunos deseos,

expresados en voz alta además de dejar constancia de la sabiduría del buho por escrito, deposito en él mi esperanza y

 

con incredulidad

devuelvo –recriminado por ello- las palabras que no llegaron junto con el oleaje de la sangre más íntima.

 

No hago leña del árbol caído. No.

Cuando no veo la solución me armo de paciencia y persisto como un niño tozudo.

 

Piensan algunos amigos que escribo

sobre temas diferentes cuando en realidad hablo siempre de lo mismo desde mundos diferentes.

 

Es muy raro en mí, por ejemplo,

escribir sobre la muerte o sobre la nada porque son cosas que bien podrían no existir.

 

Prefiero describir cosas comunes sin escándalo,

aunque común en mí no significa necesariamente sencillez y por ello me echan en cara la falta de una mayor provocación.

 

Ante los libros de otros

no adopto una actitud obtusa que me lleve a la conclusión -parafraseando a Mallarmé- de que ya he leído todos los libros

 

terrible frase exenta de toda esperanza.

 

Encuentro gozo al leer

a algún poeta que menciona el litio como el metal más ligero y por ello está relacionado con las funciones fisiológicas más nobles

 

alabándolo como un buen antidepresivo

 

o que simplemente llama la atención

sobre el fracaso momentáneo del grafito en los bordes del universo observable y que, por su lentitud, nunca llega a convertirse en diamante o

 

cuando con el mismo entusiasmo de un niño

admira el carácter del sodio auténtico metal combustible de delicados corazones y gran estabilizador de

 

la temperatura de la sangre humana.

 

Siempre he sabido

que la Tabla Periódica me esperaba

 

luchando por aflorar

ante mis perplejos ojos o balbuciendo en sueños con la boca llena de alumino-silicatos potásicos responsables en parte de

 

nuestra necesidad de amar.

 

Descubrir el cinc y sus propiedades

me hizo comprender la fisiología de la sensibilidad humana; el paladio metal de los carácteres palaciegos, la humildad.

 

Detrás de la plata

se esconde el carácter apresurado de los que nunca logran cumplir con su agenda: tienen miedo a morir dejando sin hacer la colada.

 

Los que no renuncian a hacerse ricos

están intoxicados por múltiples sales de oro y, aquejados por la hipertensión y fatales depresiones,

 

sobreviven como la palabra melancolía.

 

El platino se pega a los huesos como el titanio,

empequeñece todo lo que entra por las pupilas y hace creer que somos lo más grande despreciando cualquier noble manifestación artística:

 

sólo el senecio modera sus ambiciones.

 

Me encanta jugar al dominó

con la Tabla Periódica, descubrir el escondite del Lantano y cómo obligarle a que tire sus fichas y contribuya a paliar

 

las anemias de la blanca doble:

la insuficiencia renal y la anafrodisia.

                                                                     Johann R. Bach

 

 

6 ene 2015

No, no te he olvidado, a pesar de haber cambiado, dulce luz de aquel tiempo, primicia de la tierra.

REYES MAGOS

 

Hay jolgorio en la primera planta.

Los niños de toda la familia se han reunido como todos los años en este día único en todo el año.

 

Hoy es el día en que los Reyes Magos

llevan en sus bolsas de reparto, trenes eléctricos, muñecas que hablan, Play Stations…

 

Miro por la ventana;

hace sol y frío al mismo tiempo y no participo de esa alegría porque nada ha seguido tan bello.

 

Yo era demasiado pequeño en aquel tiempo.

 

Una tarde

-no recuerdo si era Navidad o fin de año-, en casa quisieron bailar, de pronto y

 

enrollaron a toda prisa la vieja alfombra roja.

 

¡Qué luz inunda aún mi memoria

de toda aquella escena!

 

Y ella entonces bailó.

Sólo a ella veíamos. Y por momentos la perdíamos de vista porque su aroma se había transformado en mundo y en él nos sumergíamos.

 

Yo era demasiado pequeño en aquel tiempo.

 

Porque ¿cuándo he tenido años suficientes

y he podido dominar su aroma?

 

¿Cuándo para poder desligarme

de ese indecible vínculo, y caer, libre, como cae una manzana?

 

Sí sí, ¡aquello siguió siendo tan hermoso!

La esencia sutil de azahar inundaba la sala, que se abría al jardín.

 

Cómo se ha salvado el día aquel.

Nada lo ha borrado de mis sueños como si fuera mío o cosecha que no acaba.

 

Eso es para mí la posesión:

que sobre nosotros –niños inteligentes, pero niños- haya volado la posibilidad de ser felices.

 

Tal vez ni siquiera eso.

 

Imposibilidad, más bien;

sólo un simple barrunto: aquel tiempo, aquella sala junto al jardín… ¡Qué inocentes los valses de aquel tiempo fugaz!

 

¡Qué engaño puro!

 

En ti, ya adulta, cuánto pienso.

No como entonces, que era un niño asustado y tú una elegante profesora de matemáticas,

 

sino desde hoy,

casi como un querubín, en su alegría.

 

Si aquellas horas ya son indestructibles,

qué edificios podía alzar en nosotros la vida si al fin y a la postre estamos hechos de aromas y luces.

 

Lo recuerdo todo, pero…

Yo era demasiado pequeño en aquel tiempo. Aun siento cómo entre mis dedos mínimos, desecha casi, sujetaba una flor azul de caulophyllum.

 

No, no te he olvidado,

a pesar de haber cambiado, dulce luz de aquel tiempo, primicia de la tierra.

 

Todo lo que prometías

con tus fórmulas aritméticas se ha cumplido, desde abriste mi corazón sin violencia.

 

Temprana imagen fugitiva que advertí:

porque he conocido la fuerza alabo la ternura, ternura que me estos niños alegres en el día de los Reyes Magos

 

me trae tu recuerdo.

 

                                                                  Johann R. Bach

 

la aparente simplicidad de tus manos unas manos delicadas formadas con los años precisos


CARTA ABIERTA A MARTA

Hola Marta,

El corazón me ha dado un vuelco cuando he abierto el correo y he encontrado tus dulces palabras cargadas  de maravillosas sílabas de amor a la poesía.

Desde la última vez que nos vimos he escrito varios poemarios –el último "COTTON BLUES" ya está en la calle- y mientras escribía muchas veces he pensado en ti y he estado tentado de llamarte para invitarte a tomar un café y charlar sin que nos molestara el reloj.

Tienes la sensibilidad de una Diosa del Amor y un carácter que me gusta y por ello no renuncio a tener una cita contigo. ¡Tenemos tantas cosas de qué hablar!

No sé cómo explicarte este afán de escribir y tampoco puedo decirte como empiezo mis escritos. Sólo puedo decirte que

a veces al escribir un poema
me gusta comenzar -usando la fórmula de Neruda de dar belleza a lo cotidiano precisamente con conceptos ya muy gastados- por describir

lo que me quema de las palabras.

Algunas sucias de tiempo,
consciente, de cuánto polvo perdura en las entrañas agazapado en los huesos, y diciendo cosas que no importan a nadie,

importunas, me reconozco palpándolas.

Porque es fácil por ejemplo hablar
de los días de lluvia y viento que nunca acaban en la castigada Galicia;

de lugares que no existen para mí

–más que en una recreación de Google Maps-,
a pesar de haber dejado maltrecha mi memoria como es el caso de un apacible cementerio junto al mar, enarbolado de velas, en Corcubión o un tal Bar Charra en Santiago de Compostela; mientras que corren,

en los desagües próximos, las cenizas
de amores que no sobrevivieron.

Cuánta tinta se ha vertido
describiendo en cualquier geografía la tierra bañada cuando, de forma aceptadamente como natural, los zapatos se llenaban de barro.

Pero es mucho más fácil describir
la sensación del beso cotidiano que nos despide por la mañana y nos alimenta hasta bien entrada la tarde y entonces

regresa a nuestro pecho la ansiedad
por volver a echar los dados.

Para mí, es mucho más fácil
hablar de los pasos obstinados que cada día dan cuerda al reloj que pone en marcha el programa circadiano de la maquinaria de nuestra vida.

Así, puedo escribir, por ejemplo,
acerca del calor que desprendía tu cuerpo cuando te acercaste a mí en el último beso; sobre las flores que se marchitan por no haber cambiado el agua o de

la aparente simplicidad de tus manos
unas manos delicadas formadas con los años precisos para infundir amor hasta la naturaleza más inhóspita de la tiza chirriando en la pizarra.

Ya sé que mi imagen
te parece la de un hombre rudo, pero mis limpios nudillos libres de cualquier afección artrítica aún sostienen diligentemente el bolígrafo,

y, aún puedo escribir, por ejemplo,
que no hay nada que me inspire más que imaginar un olor azaroso que podría hacerme soñar con el extenso poder de tu piel.

Marta, eres un sueño para mí.
                                                            Johann R. Bach

un pequeño impulso, leve o ponderable, mueve mundos y desplaza estrellas.


EL EFECTO MARIPOSA

Como el efecto mariposa
todo lo que el espíritu modifica el caos es útil, más pronto o más tarde a los que sobreviven a los naufragios;

aunque a veces sea sólo un pensamiento,
que se disuelve en este inmenso rio de sangre que fluye sin cesar como las hemorragias de las ciudades hemofílicas modernas.

Y si es un sentimiento,
es aún más impredecible su efecto y quién sabe qué espacio nuevo y puro llega a engendrar,

donde un pequeño impulso,
leve o ponderable, mueve mundos y desplaza estrellas.

                                                       Johann R. Bach

5 ene 2015

¡ay! Google que me aguardas, inacabable catedral de fotones de etiqueta roja y calor negro.

EL TIEMPO DENTRO DEL BAÚL DE GOOGLE

Con paso ligero pisaba la solitaria carretera,
sudando por el exceso de equipaje, mientras la luna comenzaba a elevarse y mostrar su momento -bellísimo- de plenitud.

La veía como jadeante
a través de los árboles de un bosque sagrado, pintados de blanca cal y el murmullo de un arroyo cercano me indicaba que no estaba lejos de un lugar habitado.

¿Era la muerte mi única recompensa
y el Infierno mi único destino posible como en un mal sueño?

¿Cómo explicar el olor de la carne
bajo las llamas de una pesadilla?

¡Oh Google, Santo Baúl!

¿Qué lazo,
qué oculta semejanza confunde la celestial nube informática con el minúsculo dibujo de la palabra abominable?

No sabría decir con exactitud
en qué momento del sueño cambié de planeta ni cuando abandoné realmente el siglo. No encuentro el milenio que los demás han aceptado.

Vivo ausente del devenir
y ya no reconozco a aquellos que me acompañaron durante tantos años, sus rostros se han desdibujado y se han vuelto inexpresivos como una máscara de botox.

Vivo ausente del tiempo.

Dudo de que mi anterior siglo
fuese como es mi sexo y mi delirio. Algo me repite constantemente en mi interior que no soy de ningún siglo. Ni del Siglo de las Luces, ni del Siglo de Oro, ni del Siglo de las Cruces.

Me siento del Siglo Liberado,
liberado de toda fecha y penumbra, pero cuando muera, el poeta que hay en mí

se alzará como un niño sin moral y sin país.
Un niño loco con lengua de trapo y de alaridos. Entonces para mí

amanecerá en nuestra Galaxia.

Amigos presentes y futuros;
cuidado; porque puedo volver. Entonces, ¡ay! Google que me aguardas, inacabable catedral de fotones de etiqueta roja y calor negro.

Llueven bocas de tus blogs
expandidos por todo este planeta, sin embargo, … ¿quién soy para recibir esos besos clavados en mi frente si

no soy más que vida imaginaria
fuera ya del tiempo?
                                                                Johann R. Bach

3 ene 2015

Letra de un Blues para antiguas soledades


BLUES PARA ANTIGUAS SOLEDADES

Si estuvieses aquí, amor,
si estuvieses aquí, cerca, cerca, enredadas tus piernas sobre las mías en el sofá mirándonos a los ojos.

Tuyo podría ser el pañuelo,
mía la lágrima, suspendida en mitad de la mejilla como antiguas soledades.

Claro que también podría ser al revés. (bis)

Si volvieras a viajar, amor,
Si volvieras a viajar hasta este mar, con el recuerdo de mi aroma junto a ti con tu mano sobre mi hombro para cambiar de velocidad

el silbido de un motor "Mercedes puta madre",

Iríamos a una playa o a otro lugar
aunque estuviera concurrido porque lo importante del paisaje –sea el Mar del Este o el Mediterráneo- serías tú.

Serías tú, mi diosa… (bis)

¡Ojalá estuvieras aquí
como en aquella noche que salieron al mismo tiempo la luna y las estrellas con sus alegres lucecitas sobre el mar!

Y como si yo no supiera nada de astronomía
te diría, por ejemplo, mira la espuma que levanta la luna sobre el mar; tiene un suspirar parecido al tuyo pues

se apresura en su sueño… (bis)

¡Ojalá pudiera
antes de que la luna llegase a ser plena, llamarte por teléfono para oír por lo menos tu voz".

Si estuvieras aquí, amor,
a sabiendas de que pisamos el mismo hemisferio, no permanecería sentado como ahora en el porche

bebiendo a pequeños sorbos

una cerveza tras otra… (bis).

Es ya muy tarde,
el sol se ha puesto aunque, jugando, los niños chillan y las gaviotas lloran. ¿De qué sirve olvidar si a continuación

el sueño me recuerda tu piel junto a la mía?   (bis)

                                                             Johann R. Bach

2 ene 2015

Y como cosa simple en su deterioro sólo me queda en este primer día del año,

JIRONES DE VIDA ABANDONADOS

Muchas veces me he preguntado

si mi carácter crítico es lo que mantiene una estructura rígida de impecable fotomontaje de imágenes que tienen cabida , en su interior,

 

como delicados jirones de vida.

 

Arroyos resecos distinguibles

sólo por un puñado de cañas y lagartijas que toman despreocupadamente el sol, cactos humildes y claveles de aire que absorben agua de la humedad aérea, y,

 

charcos de agua putrefacta.

 

Piezas inútiles

de un siempre improvisado ajedrez.

 

Es como una mirada cotidiana.

Un paisaje gastado por los años se convierte, poco a poco, sin llamar la atención, el depósito perfecto de mis piezas desguazadas.

 

Recipientes de plástico,

neumáticos de coche gastados listos para colocar en los muelles del puerto,

 

latas ennegrecidas por el óxido

que se incrustan en la tierra, recortes de mármol de antiguas cocinas,

 

pilas de revistas científicas

y/o de decoración que conservan el olor frágil del salobre, viejos libros amontonados que se cansaron de esperar a solitarios lectores y que

 

exhalan todavía el aroma

de pieles quemadas por el sol.

 

Tumbado en la arena

junto al mar estoy, veo como el mundo ofrece todo su espesor. Tan nítido que me obliga a retractarme.

 

Las cosas son simples cosas,

en su deterioro. Y sólo puedo responder con la luz de un día soleado de playa en el que se agradece el calor absorbido por mi vestimenta azul marino.

 

Y como cosa simple en su deterioro

sólo me queda en este primer día del año, recoger los restos del anterior y acumularlos en ese depósito de piezas desguazadas

 

deseando un venturoso año

a todos los amigos de Google +

 

                                                                 Johann R. Bach

 

30 dic 2014

esta angustia rasa, desnuda, privada de cualquier ornamento, que resbala sobre sí misma y supura.



UN ZURRÓN DE CENTINODIA
                    


1)       Polygonum aviculare Nombre botánico de la centinodia y remedio homeopático indicado en la artritis de las pequeñas articulaciones y nudillos de los dedos

28 dic 2014

Cuando el fuerte viento anuncia los milagros con la voz del barco

SWING ANTES DE ACABAR EL AÑO

Inválidos
o personas con algún hándicap, protegidos por escuadras de policía urbana acuden en comitiva solemne a practicar deporte o a visitar museos para extirpar el vacío del alma.

El sindicato de músicos
exige con extrema urgencia un himno futbolístico que se pueda interpretar con la ocarina a punto de entrar en el censo de los pobres.

A pesar del frío y el viento,
el cielo se ha puesto el magnífico uniforme azul marino constelado de oro del almirante a punto de jubilarse.

El último reducto
de la música de tripulaciones de la flota pesquera infla enormes pompas de jabón mientras escucha cómo cantan habaneras las gentes congregadas en la playa.

Las buhardillas
ya no vierten poetas por los canalones.

La ciencia infusa
difunde a rienda suelta al estilo de las mujeres que al nacer ya tienen conocimientos.

Galopa, galopa.
Como los ciclistas aficionados en domingo. Galopa, galopa y critica a los que van en moto porque no tienes dinero ni para sacarte el carnet A

Después de cuatro cubatas
y tres birras, duerme, duerme… ¿Pero qué vas a hacer con las fantasías? o… ¿Dónde las has dejado?

Cuando el fuerte viento
anuncia los milagros con la voz del barco que exige el piloto a la entrada del puerto hay que ponerse la sonrisa nueva y disponerse a bailar swing en la plaza de La Virreina1.

Cuando la noche saque largas chispas
de los obesos somnolientos como el acero de sílex actúa como en caso de incendio: "sin prisa, pero sin pausa" o bien 

¡corre, grita, llora! 
Porque el año se acaba.

                                                                                            Johann R. Bach
1)          Plaza de La Virreina en el Barrio de Gracia de Barcelona

cuando la vea salir de la ducha volveré a hacerme el dormido


DIECIOCHO HOMBRES PARA CADA MUJER

He escrito otro capítulo
de una novela que se resiste a encajarse dentro de las doscientas páginas que me exige el mundo editorial.

Son las cuatro de la mañana,
con mucho sigilo para no despertarla, me he deslizado entre las sábanas; estirado boca arriba y la cabeza alta sobre dos almohadas regreso en mi pensamiento al mundo real.

Pronto comenzarán los ruidos
de la calle y el de los niños de los vecinos.

Sonará el despertador
y ella se tendrá que marchar. Nada habrá cambiado de forma sustancial en la monotonía diaria.

Pronto amanecerá de nuevo
y cuando la vea salir de la ducha volveré a hacerme el dormido para espiarla mientras se viste frente al armario abierto.

Divididas en las perchas
en secciones según su color, como pequeñas deidades familiares, ella pasará la mano sobre las faldas, elegirá una blusa –probablemente azul con lunares blancos-, un jersey, y,

cuando se siente sobre la cama
para ponerse las medias fingiré que me desperezo un poco para volver a sumergirme en el sueño.

Con la cabeza ligeramente girada
sentiré una vez más que ella me mira con indiferencia, como si ya estuviese pensando en otra cosa:

en su vida sin mí,
que ha comenzado ya hace algunas semanas;

como todos los días,
una mirada que es una infidelidad cotidiana.

La que estará ahí vistiéndose,
dentro de un rato, es una doble del futuro, una impostara a la que despeja la cabeza dejarme aquí dormido

como si yo, ingenuamente,
ignorase que esta noche se ha masturbado dos veces pensando en alguien que ha conocido este verano…

amigo –interesante- de una amiga.

También sus gestos
me parecerán más vivos, propios de una mujer enamorada, como si escuchara una conversación que me elude (pero en la que ella participa) con los objetos mismos de la casa:

la cafetera que va a preparar,
las tostadas con mantequilla y mermelada de tomate de su propia elaboración, con los hombres del mundo: sabe que cada mujer vive el amor con dieciocho hombres (en promedio)

y ella
con el cuento de haberse ocupado de dos hijos sólo ha tenido seis relaciones –tres antes de casarse, y tres estando casada.

Pensará, desde luego como todas,
en sus amigas, con todas las cosas que debe hacer durante el día y en la obligación de comprar un pequeño regalo para alguien que pronto celebrará su aniversario.

Cuando termine de vestirse
se acercará rápidamente hasta mí simulando apresuramiento y me dará un beso.

Repetirá las palabras de siempre:
"me marcho, es tardísimo". Será su sincera declaración de intenciones.

Y yo, si no puedo conciliar el sueño,
seguiré escribiendo poemas sobre la soledad

                                                                  Johann R. Bach

DIECIOCHO HOMBRES

Para reflexionar antes de acabar el año.

Otros escritos en homeo-psycho.blogspot.com

NOTA: si no deseas recibir más mensajes nuestros responde a este mail con la palabra BAJA

las tostadas con mantequilla y mermelada de tomate de su propia elaboración,


DIECIOCHO HOMBRES PARA CADA MUJER

He escrito otro capítulo
de una novela que se resiste a encajarse dentro de las doscientas páginas que me exige el mundo editorial.

Son las cuatro de la mañana,
con mucho sigilo para no despertarla, me he deslizado entre las sábanas; estirado boca arriba y la cabeza alta sobre dos almohadas regreso en mi pensamiento al mundo real.

Pronto comenzarán los ruidos
de la calle y el de los niños de los vecinos.

Sonará el despertador
y ella se tendrá que marchar. Nada habrá cambiado de forma sustancial en la monotonía diaria.

Pronto amanecerá de nuevo
y cuando la vea salir de la ducha volveré a hacerme el dormido para espiarla mientras se viste frente al armario abierto.

Divididas en las perchas
en secciones según su color, como pequeñas deidades familiares, ella pasará la mano sobre las faldas, elegirá una blusa –probablemente azul con lunares blancos-, un jersey, y,

cuando se siente sobre la cama
para ponerse las medias fingiré que me desperezo un poco para volver a sumergirme en el sueño.

Con la cabeza ligeramente girada
sentiré una vez más que ella me mira con indiferencia, como si ya estuviese pensando en otra cosa:

en su vida sin mí,
que ha comenzado ya hace algunas semanas;

como todos los días,
una mirada que es una infidelidad cotidiana.

La que estará ahí vistiéndose,
dentro de un rato, es una doble del futuro, una impostara a la que despeja la cabeza dejarme aquí dormido

como si yo, ingenuamente,
ignorase que esta noche se ha masturbado dos veces pensando en alguien que ha conocido este verano…

amigo –interesante- de una amiga.

También sus gestos
me parecerán más vivos, propios de una mujer enamorada, como si escuchara una conversación que me elude (pero en la que ella participa) con los objetos mismos de la casa:

la cafetera que va a preparar,
las tostadas con mantequilla y mermelada de tomate de su propia elaboración, con los hombres del mundo: sabe que cada mujer vive el amor con dieciocho hombres (en promedio)

y ella
con el cuento de haberse ocupado de dos hijos sólo ha tenido seis relaciones –tres antes de casarse, y tres estando casada.

Pensará, desde luego como todas,
en sus amigas, con todas las cosas que debe hacer durante el día y en la obligación de comprar un pequeño regalo para alguien que pronto celebrará su aniversario.

Cuando termine de vestirse
se acercará rápidamente hasta mí simulando apresuramiento y me dará un beso.

Repetirá las palabras de siempre:
"me marcho, es tardísimo". Será su sincera declaración de intenciones.

Y yo, si no puedo conciliar el sueño,
seguiré escribiendo poemas sobre la soledad

                                                              Johann R. Bach