28 feb. 2016

Las nubes arrojaban fuego inquieto y sangre en los nenúfares como en crudas, rosas y blandas copas.


ENTRAR Y SALIR DE LOS SUEÑOS

Ayer tuve un sueño muy curioso
pues podía entrar y salir de él sin despertarme:

Bajo la arcada de los astros, Clara y yo, minúsculos, vivos, pero nacidos de las letras trenzadas en el libro de nuestra vida, trenzamos nuestros dedos para caminar despacio entre los que duermen bajo la lluvia de estrellas, bajo su luz y resplandor anaranjado.

Llegamos a un estanque de aguas limpias
que gorjeaban latiendo lentamente, reflejando entre sus pestañas una infinidad de llamas, provocando la meditación de todas las almas, de todas las mentes. Todo en mi sueño era poesía y me empeñé en recordar dónde había visto antes aquel paisaje. Sin despertarme conseguí recordar que el sábado anterior Tia Rosita nos había llevado al Parc de la Ciutadella y embelesadas nos quedamos un buen rato mirando a los cisnes del estanque.

En efecto, en mi sueño,
Clara y yo descendíamos los escalones cenicientos de una escalera helada, la misma del paisaje del parque y una vez identificado el paisaje me volví a sumergir entre ramas de acacias y rosas que en el ocaso llameante desgarran el velo del atardecer con sus duras espinas y extienden heridas silenciosas en el cielo con vagas líneas de púrpura y oro, de nubes que fluyen en una penumbra rojiza como las ubres, en verano, del escaramujo que se columpia en su rabito seco.

Dormía el estanque como el ojo de una mujer,
voluptuoso y castaño, donde los peces que nadaban, temblorosos, brillaban con sus cálidas escamas de ámbar y trazaban anillos en las ondas originadas por los cisnes. La luz del cielo repujaba con rubíes el empedrado de cristales de lo que era entonces el "insti" femenino Jacinto Verdaguer. Los arbolillos que crecían en la orilla del estanque olían a algas de agua dulce y bañaban sus raíces en la orilla.

Las nubes arrojaban fuego inquieto y sangre en los nenúfares como en crudas, rosas y blandas copas.

Los bancos de madera antigua cerca de la orilla del estanque se cubrían, entre las hojas muertas, de luces ocres. Los cisnes perezosos dejaban una línea de fuego entre las ondas y se sumergían en las sombras oscuras del ocaso, donde protegían la cabeza bajo las alas de plumas duras y espesas, esperando que les invadiera el sueño y permanecían inmóviles, atrapados en sus sueños fluidos como el mío.

Me desperté, voluntariamente, en el momento preciso en que el sueño había dado ya sus frutos placenteros. Pocos segundos después sonaba el despertador.

A partir de aquel sueño,
acogí la idea de que el sufrimiento de mi mermada salud me había adoptado como hija secreta y la nostalgia por una infancia recién abandonada me había expulsado del centro de un mundo podrido y lloroso. Todo me llevaba a rechazar esa parte de la humanidad que levanta tumultuosamente millones de hombres empujados a la desgracia sólo por haber nacido.

Interpreté mi sueño
como esa parte de los hombres y mujeres que, de error en error, se evapora como una cascada que se diluye en un pequeño estanque donde habitan blancos cisnes y pececillos de colores.

                                                                           Johann R. Bach


1 comentario:

  1. XANA GARCÍA
    18:21 (fa 12 minuts)

    "Interpreté mi sueño
    como esa parte de los hombres y mujeres que, de error en error, se evapora como una cascada que se diluye en un pequeño estanque donde habitan blancos cisnes y pececillos de colores."Un hermoso sueño entre la realidad y lo onírico bañado de hermosa poesía con una conclusión no menos bella y auténtica por parte de la amiga de Clara:El rechazo a no vivir ni soñar por haber nacido con ciertas dificultades y limitaciones.Much@s no las tienen ,otros se las crean sin saber luchar, valorar ,y priorizar los instantes maravillosos que nos da la vida .

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