2 feb. 2015

Es preciso un nuevo recuento de equinoccios y glóbulos rojos

UN CORAZÓN DE BARRO

 

En esta noche de La Candelaria

he tenido la pesadilla de la sospecha de que durante tantos y tantos años he huido de mí mismo y

 

lo que se muestra en mi cama

es sólo un vertebrado,

 

un enemigo del amor,

una estrella destrozada por la gravedad… Un corazón de barro.

 

Ya despierto,

me dispongo a navegar en la alegría ardiente de los números porque sé que dudar no siempre tiene sentido y que

 

el cielo va a caer sobre nosotros:

el cielo implacable, el frío cielo azul, el cielo de los hechos.

 

Es preciso un nuevo recuento

de equinoccios y glóbulos rojos pues somos a penas sangre, huesos propuestos al oxígeno.

 

Redefinamos las emociones

–dicen los cardiólogos románticos- pues salen de nuestros corazones incompleto, pero

 

no son la arcilla de los sueños

ni la luz cenital de los sucesos: no son nada que dé origen, principio, fundamento.

 

Son pequeños cuerpos sin vida propia,

océanos de ceniza que se quedan ya siempre con nosotros cuando el minuto atroz ha transcurrido.

 

"No tienes inteligencia emocional"

me dijo en cierta ocasión un amor despechado. "Tienes razón" –me dije, en silencio, a mí mismo-

 

la reservo para entender procesos,

dinámicas y números.

 

Para mí la inteligencia

es secarse las lágrimas a la luz de un teorema, algo diferente del amor.

 

                                                                     Johann R. Bach

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