10 may. 2015

Pero mataba los lobos con su atronadora voz durante los enojos matinales,


LA HUIDA DE LA VIUDA

¿Mercedes …?
Ya no me acuerdo de su apellido, pero no he dejado nunca de ver su figura,

una figura tan esbelta, tan majestuosa
que tal vez su peso bien pudiera ser insignificante para una báscula de precisión.

Pero mataba los lobos
con su atronadora voz durante los enojos matinales, dispersaba las nubes de tormenta con el pelo erizado por la electricidad estática

y de la fuerza de sus hermosos ojos
podría dar testimonio su cuñado, sorprendido un día en el jardín, precisamente cuando mostraba su pecho cubierto de excitante vello.

Mercedes estaba aquel día en la valla
y no hacía nada, sólo miraba, miraba como un mero testigo, algo malhumorada, y

miró descaradamente
hasta que el cejijunto hombre velludo bajó sus pantalones hasta las rodillas.

Aquella vez no intentó hablar con él
puesto que en otras intentonas, en el diálogo, de pronto él se sobresaltaba y no se le ocurría más que dar vueltas suavemente a

su anillo de bodas…

Aunque él lo hubiera entendido todo,
sólo atormentándose a sí misma sólo se podría refugiar en la melancolía su sentido de la añoranza, como si estuviera amenazada de caducidad.

Su mirada tropezaba con la de él
que esperaba que su desnudo fuera suficiente para atraer hacia sí a una viuda casi desesperada, pero al final del tupido bosque de su abdomen

un pequeño apéndice
–apenas un cacahuete incapaz de crecer-, mostraba realmente la incapacidad del cuñado que quería más sexo del que tenía y podía.

Aquel día Mercedes decidió
abandonar el pueblo, perderse en la gran ciudad y… borrar su pasado.

                                                                    Johann R. Bach

1 comentario:

  1. Sólo por ese " dulce" carácter de Mercedes, yo diría : de la que se ha salvado el cuñado.....
    Me gusta como engalanas su ser. >_<

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