26 feb. 2014

Debemos interpretar los silencios como una manifestación más de nuestro amor

NO TE QUEJES DE MIS SILENCIOS

 

No te quejes de mis silencios

porque son parte de mi amor.

 

Sabes que no puedo vivir contigo

–eso sería Vida con mayúscula- y esa Vida está allá en las orillas de otro mar, detrás de un enorme hórreo.

 

Poseidón tiene la llave

que guarda nuestra Vida –su porcelana- como una taza con motivos cobalto y ribete de oro.

 

Al registrar el contenido

de mi viejo ordenador he hallado un de tus mensajes. Un mensaje que no leí en su día y al leerlo me ha dado un vuelco el corazón.

 

Es un mensaje corto,

escrito en tu lengua –tan parecida a la mía- y que te transcribo tal cual:

 

“Dende o derraidero outón

non sei que é de ti, i afellas que o sinto no corazón.

 

¿Qué che pasóu dende entón,

Vello das brancas guedellas?”.

 

Estuve enfermo… muy enfermo…

pensando que morir –contigo- no podría, pues uno de los dos debería esperar para cerrarle la mirada al Otro.

 

Tú, no podrías.

 

Y yo ¿Podría yo quedarme a tu lado

viendo cómo te hielas sin mi derecho a escarcha?

 

Así que en la distancia

debemos interpretar los silencios como una manifestación más de nuestro amor.

 

Tú ahí –yo aquí-

con la puerta entreabierta que océanos existen –y oraciones- que hay que soportar con sus blancos sustentos las momentáneas desesperaciones.

 

Así que no te quejes mi amor

de mis silencios, pues estamos los dos en el mismo hórreo.

 

                                                                           Johann R. Bach

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