9 feb. 2014

Con el tiempo los serafines han mejorado sus ritmos ... encaramados en los árboles

LOS SERAFINES TOCAN EL SAXOFÓN

 

                                                      El susurro de las ballenas

                                                      es lo que más me llena,

                                                      dice el displicente rapero

                                                      cantando al mundo entero…

 

Los serafines tocan el saxofón

colocados sobre los árboles, las mujeres enloquecen y se desmayan en sus conciertos y el

 

poeta sueña eternamente

con ser el director de la orquesta;

 

sabe

de los grandes intereses del hombre: aire y luz, lluvia y estrellas, la alegría de tener un cuerpo, la voluptuosidad de mirar.

 

El vacío imaginario del aire

fulgura en torno a nosotros por todas partes. Sus sonidos, como el de las ballenas, no son angelicales palabras; sin embargo,

 

nuestras almas sin fraguar

se reconstruyeron más definidamente a partir de materiales reciclados de furiosos seres.

 

Lo que sustenta a los serafines es la luz

y para ellos es como una peluquera de halos, fecunda joyera… Bajo unos sagrados moldes el sol cocía ángeles u hombres.

 

Abrumados hombres

hicieron ángeles del barro y el sol, y con la luna hicieron sus propios fantasmas figuras homólogas de una simetría especular.

 

Somos hombres del sol y del día

mientras que la noche nos llena de ansiedad y repetimos los más antiguos sonidos del aire en un acuerdo de significados donde

 

la voz que dentro de nosotros es grande

va subiendo, mientras permanecemos con la mirada fija en la redondeada luna.

 

Con el tiempo

los serafines han mejorado sus ritmos y continúan actuando encaramados en los árboles como si no pasase nada.

 

                                                                    Johann R. Bach

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