21 feb. 2014

Chopin, como yo, buscó el Mediterráneo.

UN TIEMPO PARA EL SURREALISMO

 

Buscando los mares de Homero

llegué hasta Livorno cerca de Pisa donde el mare vidit et fugit(1). No fue fácil llegar, ya que iba contra mí mismo…

 

Dos semanas después,

de regreso a París, visité en el cementerio de PèreLachaise la tumba del genial Chopin pues él, como yo, buscó el Mediterráneo.

 

Desde su tumba el genio

no preguntaba a nadie por nadie… del mismo modo que la vida no nos pregunta qué es la vida

 

-y aquello justamente en el momento

en que todos nos preguntamos a nosotros mismos si vivimos o soñamos.

 

Recuerdo

que justo al llegar a Livorno cayó la noche y como cualquier otro peregrino dormí profundamente.

 

¿Qué me importaba Venecia

con su rapitomniafinis(2)?

 

¿Qué me importaba Siena

con su Tuttopassa(3)?

 

¿Qué me importaba Roma

con su Plauditeamici(4)?

 

¿Qué eran para mí

el Anillo de los Nibelungos y el trato con el diablo de Fausto?¿Qué era para mí Europa jugando a los dados? ¡con las reliquias de los santos!...

 

No era necesario susurrar

que en Varsovia lo primero no terrestre era el terrón que caía sobre el hambre y el frío. No era necesario corroborar que sólo Dios vela sobre los niños, los desequilibrados, los poetas…

 

Durante semanas,

antes de entrar en el hospital, salía a vagar por las calles de París. Junto al Sena el bochorno me hacía creer que las nubes estaban más bajas que el rio.

 

Es cierto

que ya únicamente la angustia va contra el tiempo…

 

Quid plura(5)?

Es cierto que únicamente la angustia va contra el tiempo.

 

Claro que sólo el aire

detrás de la nieve era más joven que mi cutis y entonces usaba los libros a medio leer como señal.

 

                                                                       Johann R. Bach

 

(1)     Donde el “mar va y viene” en latín.

(2)     Tómalo todo hasta el final.

(3)     Todo desaparece.

(4)     El aplauso de los amigos.

(5)     ¿Qué más?

 

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