11 abr. 2013

ESCARABAJOS Y ROBINSONES

       ESCARABAJOS Y ROBINSONES

No deberías burlarte del niño

–como lo hacían mis hermanos-, ingenuo, simple de él, que se figura espléndido y gran cosa en su caballo de cartón, también tú anduviste escaso de hechos y sobrado de ocurrencias.

 

¿Acaso nace el acto de la idea

inspirado y maduro como el rayo de la nube?

 

Ese niño mira el mar

desde el puerto como tú lo hacías: ve que un día está en calma absoluta; el sonido del agua en la orilla es parecido al que se produce cuando alguien bebe de una botella.

 

Ve cómo los cangrejos trepan

por las rocas y como las orugas escalan enormes árboles esquivando la aguda vista de los pájaros.

 

Poco a poco se acostumbra

al derrumbamiento del sol tras el horizonte y a cómo se retiran las barcas del mar y se refugian en el puerto.

 

Al día siguiente ese mismo niño se asusta

porque otra vez vuelve la mar gruesa y el viento sopla a ráfagas… se refugia entre los viejos libros con olor a papel húmedo y se abraza a su caballo de cartón.

 

Mientras desentraña al escuchar

de labios de la madre el misterio contenido en El Escarabajo de Oro o en el Viaje al Centro de la Tierra, imagina la cálida isla de Robinson Crusoe y se olvida de su miedo a las tormentas.

 

Esas historias despiertan su curiosidad

y su prisa por aprender a leer aumenta exponencialmente. Sabe que en las viejas estanterías le espera un mundo por descubrir.

 

¿Dónde queda entonces su ingenuidad?

                                                                                     Johann R. Bach
                                                                           Web: www.homeo-psycho.es

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