28 jun. 2012

FRANJA DE CIELO CLARO. Poema original de Elisa R. Bach www.homeo-psycho.de

FRANJA DE CIELO CLARO

 

El acimut del sol está ya muy alto

en el mediodía del hipérico y

su alcaloide rojo se desborda

por los márgenes de los campos

descuidados o simplemente abandonados;

 

El resplandeciente polvo de oro

 

se levanta al final de la ladera.

Es una nube de apoteosis

en la que todo se funde o desaparece

como el silbido estridente de un tren antiguo.

Sales a la terraza a reconocer haber dado

 

parte de tu alma por una franja de cielo claro

                                                        en el horizonte.

 

Abajo, en la solitaria avenida, cargada de palmeras

unas farolas crudamente reales compiten

con las estrellas que tiritan en el cielo

y sosiegan la extravagancia de los sueños.

Aquí es donde tienes que quedarte y

 

luchar contra la acometida de los nervios que te

                                                                    descarrían.

 

Tu verdad y tu locura se liberan eximiéndote

de toda la responsabilidad de tus actos.

Sin embargo, no has hecho nada tan bajo.

Sabes que un árbol sigue siendo un árbol

si ignoras cómo de su madera

se hace otra cosa -como por ejemplo un armario.

 

Pero a veces faltan los medios para ser tan simples

 

como las cosas inertes. La oscuridad y la luz

nos transforman. La sensibilidad

exacerbada por el exceso de café en la sangre

suele distorsionar la realidad

y se puede convertir en una triste

 

herencia de la que se podría prescindir,

 

pero sospechas que es un enemigo,

indispensable, al que hay que combatir,

sin vencerlo nunca totalmente

puesto que la pasividad y la inanición

es una estupidez.

 

El equilibrio estable parece lo razonable.

 

El entusiasmo y la frialdad

y no el uno sin la otra emergen como una idea

necesaria para tu mente, pero todo ello

no es posible sin tropezar en obstáculos.

Tus talones golpean a cada paso el piso y

 

tu mano coge un vaso los días de calma

                                               y eso es todo.

                              
           Elisa R. Bach

 

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