2 nov. 2016

Nuestra madre decía que donde comen seis pueden comer nueve.


VIDA SENCILLA

El nombre de Asun se lo debo a mi tía.
A mi hermano mayor le pusieron el nombre del abuelo al que no conocimos: Carles. El nombre de nuestro padre Joan fue para mi hermano menor. De haber tenido otra hermana le hubieran puesto el nombre de nuestra madre: Marta.

Compartíamos la casa
con otra familia: el señor Roca, su esposa Rosa y Teresa su hija. Nuestra infancia fue sencilla… como la de otros niños.

El señor Roca siempre hablaba de negocios.

En medio de la quietud del tiempo
oíamos el pasar de la página como si una puerta secreta se abriera a un paisaje blanco, diáfano. Y en ese momento una puerta se abría en realidad. Llegaba nuestro padre.

Nuestra madre ayudada por Teresa
–la hija del señor Roca- ponía la mesa. Nos llamaba. Todos bajábamos la escalera interior con presteza excepto el señor Roca pues se molestaba si se le interrumpía su discurso de tal o cual negocio.

Nos sentábamos a la mesa y comíamos,
oyendo afuera el rumor de las olas. Nosotros no hablábamos en la mesa. El señor Roca insistía en hablar de negocios con nuestro padre.

Así era de sencilla, pues, la vida en Cadaqués.
Así de hermosa.

Rosa –la esposa del señor Roca-
se inclinaba hacia su plato y lloraba. Nuestra madre apoyaba la mano en su hombro. "Es de felicidad" se justificaba ella.

Nosotros mirábamos hacia otro lado
simulando que no nos enterábamos de nada. Afuera la noche inmensa y transparente con una luna delgada como un pétalo de rosa olvidado entre las páginas amarilleadas de un libro quieto y cerrado.

El señor Roca siempre hablaba de negocios.
Nosotros nos asomábamos a la ventana y le decíamos: "mire señor Roca por allí va el socio capitalista". El hombre se acercaba a los cristales y no veía nada. Nosotros reíamos. Nos burlábamos de él pues ni siquiera sabíamos qué era aquello de "socio capitalista".

El señor Roca no hablaba de otra cosa que de negocios.
"He tenido varias zapaterías en Nueva York" –solía decir. Se suponía que en algún momento fue una persona adinerada.

El señor Roca, Rosa su esposa y Teresa la hija
eran el ejemplo de una familia venida a menos. Vivían con nosotros acogidos a pensión completa. Nosotros éramos felices con su presencia en la casa. No sentíamos lástima por ellos: el menosprecio era algo ajeno en nuestra familia. Nuestra madre decía que donde comen seis pueden comer nueve. Y así era.

Nosotros valorábamos mucho su compañía:
Teresa nos enseñaba a sumar y a escribir, tenía muy buen carácter y la queríamos como una hermana mayor. Recuerdo que en las noches de otoño ya empezaba a hacer frío y Teresa dormía con nosotros en una gran cama de hierro. Nos abrazaba y nos daba calor mientras nos explicaba cuentos.

Rosa Tenía treinta años menos que su esposo
y se había casado con él porque siendo empleada suya quedó embarazada. Él, con la promesa de hacerla responsable de una de los establecimientos de Nueva York la sedujo como se seducía en la época a las empleadas. Justo después de la boda Los Estados Unidos decretaron restricciones a los extranjeros, le denegaron la renovación del visado.

Para nosotros era una felicidad
ver que nuestra madre, tía Asun y Teresa se miraban en el espejo preocupándose de su peso; nos gustaba verlas ocupándose un poco de ellas mismas y nos quedábamos boquiabiertos observando cómo se hacían el moño, cómo adoraban el yogurt y su brillo fresco, marmóreo, azulado a la luz de los quinqués.

Éramos felices al lado de aquel anciano y su familia. Sus insistentes referencias a los negocios reales o imaginarios eran para nosotros algo divertido, a pesar de que no entendíamos ni papa.

Así era de sencilla, pues, la vida en Cadaqués.
Así de hermosa.

                                                                                          Johann R. Bach

1 comentario:

  1. José Martí consideraba que ayudar al que lo necesita no solo es parte del deber, sino de la felicidad.En este texto se respira interacción entre ambas familias ,amor ,respeto y mucha felicidad .Eran épocas de dificultades y los niños vivían y crecían impregnados de valores.Hoy en la abundancia de muchos se habla de solidaridad pero se queda en una simple palabra vacía de contenido.Se han cortado las manos y el corazón en este mundo individualista,frío y capitalista.Me encanta el texto,me recuerda la "sencillez " de mis abuelas

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