12 ago. 2015

Vi en su rostro la angustia


DEL DIARIO DE UN POETA (II)

12 de enero de 1.892

En mi penúltima vida
era conocido por el nombre de Daudet, Alphonse Daudet y he visto que algunos de mis escritos de aquella época convulsa de la historia de Francia, suenan aún en algunos rincones de viejas bibliotecas.

Cené, aquella noche de la fecha referida,
en casa de Victor Hugo.

Naturalmente el gran poeta presidía la mesa,
pero estaba en un extremo, aislado, y los invitados poco a poco se fueron alejando de él dirigiéndose a los jóvenes.

Vi en su rostro la angustia
de uno de sus personajes pidiendo auxilio inútilmente mientras se hundía más y más en las arenas movedizas de alguna playa cerca del Mont San Michel.

Vi de nuevo aquella escena
en la que, parafraseando lo descrito en aquella novela de "Los Miserables", se describía una de las más espantosas formas que la naturaleza emplea para borrar de la faz de la tierra a un hombre.

Victor Hugo por aquel entonces
ya estaba casi sordo y nadie hablaba con él… de repente, al final de la comida, se oyó la voz del gran hombre,

con su barba hirsuta,
la voz profunda, surgida como la de un hombre que sabe que su final está cerca, como si las arenas de Normandía se lo estuvieran tragando:

"Escribí todo lo que he visto en la vida.
Os dejo mi diario "Choses Vues" a cambio os pido que me deis doble ración de chocolate.

15 de enero de 1892
Tres día después
sólo recordaba de aquella cena que la mano de Edmund Goncourt tenía la tersura de un edredón de plumas húmedo.

Quizá alguien crea
que no es precisamente generoso mi comentario sobre Goncourt, pero él mismo arrepentido de sus celos hacia mí escribió, un años antes, en febrero de 1.891:

“Zola y Daudet –decía Goncourt en su comentario-
se han engrandecido con sus obras, mientras que yo sólo he podido inventar una Academia…

mi Diario únicamente tiene valor
por su malevolencia y no he ofrecido más que imágenes grotescas de la gente de mi época”.

Una soledad poblada como la de Goncourt
se desborda cuando no se vacía y finalmente lo hace bajo el efecto de una sorna que al cabo de los años y de las décadas se congela en el retrato veraz de una época:

la última palabra.

                                                                             Alphonse Daudet
                                                                    mi penúltimo pseudónimo

3 comentarios:

  1. Por lo menos si el chocolate es lo más puro posible, le subirá la moral. >_<

    ResponderEliminar
  2. Retrata muy bien el relato, lo que sucedia entonces, y sucede ahora, puedes ser dauder o Victor hugo, que la sociedad, al llegar a la senectud, va siendo apartado, desaparece, y cuando se produce el deceso, recobra la popularidad, y todo el mundo hace un panegirico politicamente correcto.Julio.

    ResponderEliminar
  3. La comparación de la vejez con esa situación de sentirse atrapado por unas arenas movedizas que te van engullendo poco a poco, pero inexorablemente es propia de Victor Hugo debido probablemente a su negativa experiencia con la subida de las mareas golpeando la muralla del Mont Saint Michel que él conoció usado como una prisión.

    ResponderEliminar