27 abr. 2015

se le dispara hacia afuera la lengua mientras habla.


LICINIO HOMBRE BAJITO Y SU MEMORIA

Licinio hombre bajito
lindando el enanismo se miraba en el espejo y no comprendía por qué su rostro se había llenado de arrugas prematuras;

cuál era la razón del tinte amarillo de su piel;
cuál era la razón por la cual su pelo también se había blanqueado en plena juventud.

Cuando alguien le dijo
que se le estaba oxidando el osmio de su pecho no hizo caso, corrió a consultar a una pitonisa.

Tampoco le convenció aquella buenaventura
que lo basaba todo en el miedo. Realmente estaba acobardado, pero lo ocultaba como si fuera un crimen.

El cuello adelgazado
siguiendo la línea de un pecho estenosante apuntaba a una predisposición asmática.

Todo ello dejaba de ser importante
cuando se observaba que carecía del don de la elocuencia y que no tenía facilidad de palabra;

cuando era evidente
que se le escapaban los nombres propios en el momento que iba a utilizarlos de forma parecida a cómo se le disparaba hacia afuera la lengua mientras hablaba.

Y, a pesar de ello,
conservaba los hilos de los afectos y cuando estaba alegre –y el aura de su cara lo expresaba- la formulación de las frases,

su encadenamiento, el tono
–fuesen comprensibles o no, completas o no, reiterativas o no- reproducía el modo de la conversación jubilosa o irónica anterior al proceso de pérdida;

las huellas de la antigua normalidad
parecían persistir en él sobre todo en los mecanismos de lo tonal, en lo más corporal o carnal de la expresión.

La alegría produce un complejo entramado
entre afecto, expresividad y tono.

Y Licinio era, ante todo,
un hombre de suerte que supo aprovechar los momentos alegres.
                                                                 Johann R. Bach


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