24 sept. 2014

el parque donde nos besamos tantas veces.

¡Ah! ¡El barrio con sus árboles
y su desgarradora música de jazz!
        
Nuestro mundo sigue al sol
en su viaje hacia el Ápex. Avanza en su movimiento hiperbólico a la vertiginosa velocidad de veintiún kilómetros por segundo.

Quiere llegar a tiempo
a ese lugar sagrado en el que han de coincidir el centro del tiempo con el Baricentro del Universo.

Para que nos entretengamos durante el viaje
hacia esas lucecitas de platino hemos de recrear un escenario adecuado a nuestro sueño;

un escenario
donde los ojos se reencuentran -una lengua de cielo nocturno- y también confluyen manchas blancas,

se apoyan las manos
en la corteza de los robles de una avenida cualquiera como la de Unten den Eichen de Berlín,

Los labios añoran aquella fuente
junto al monolito de la tercera Milla Prusiana donde nuestros padres nos llevaban los domingos.

¡Ah! ¡El barrio con sus árboles
y su desgarradora música de jazz!


Los pies vuelven hoy
a pisar las tablas de un escenario parecido a las calles donde cabía el mundo de nuestra infancia y

el parque donde nos besamos tantas veces.

El barrio es el escenario
de un sueño que agoniza, la piel que se estrella contra el secreto del tiempo que

nos ha de ayudar
durante nuestro viaje hacia el Ápex.

¡Ah! ¡El barrio con sus árboles
y su desgarradora música de jazz!      
                                                                            Johann R. Bach

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