24 sept. 2014

¿Dónde están los dioses? ¿Qué piensan cuando te ven desolada?

¡Grita tu nombre al viento!

Mira el mar
ese inmenso depósito de vida.

Es como el fuego de la mañana,
la semilla del origen que se fija en tus ojos; no naciste señora: sólo te pertenece

el sueño que te alimenta y te borra.

Separada de los dioses
has preservado el gesto de la mirada que te legaron tus ancestros y te vence el azul del mar

en los pliegues de cada ola.

Con la mente has aprendido
a separar el trazo gris del presente y ahora el mañana te atormenta con desgracias que no han de suceder y, sin embargo,

tienes miedo de saber.

Reconoces que es necesario
que llegue ese instante ansiosamente esperado y luchas por el poder que te libre del don de los otros.

Eres mi amor el agua del placer
que se consume, la herida ensanchándose.

¡Grita tu nombre al viento!
Ofrece tus manos a la tierra que se encarna, como los labios desnudos donde arraiga el deseo,

la piel que necesitas
para que se queme tu cuerpo, el dolor que renace incesante.

¡Grita tu nombre al viento!
Que la caja de tu pecho se libre del mal que crece.

Cerca de ti,
en mitad del mar la luz empuja a todas las criaturas hacia un destino callado y paciente.

¿Quién ríe cuando lo has comprendido?

¿Dónde están los dioses?
¿Qué piensan cuando te ven desolada?

Cabizbaja,
ya libre de arrogancias que te cegaban, te sumerges en el olvido de todo aquello que te hizo desdichada, mientras

continúa germinando el mundo
y el llanto ¡Grita tu nombre al viento! Verás cómo de nuevo late tu corazón como la primera vez.

                                                       Johann R. Bach

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