26 oct. 2014

Una gitana me dijo: “Pobre poeta, eres un alma maldita, sin suerte”

Blues en Google para Emilia

 

Cariño,

al leer tu carta siento algo extraño en mi corazón. Es algo contagioso de lo que me tengo que proteger.

 

Es algo parecido

a eso de despertarse con la boca seca; algo que me obliga a ponerme la mano sobre mi pecho.

 

No sé si me amas porque me necesitas…

porque necesitas un médico especial, individual, irrepetible… aunque sea viejo sin poros en la piel y con los labios adelgazados; o,

 

porque quieres ser la muñeca de alguien

para tener siempre tu dosis de analgésicos, de antidepresivos, tu dosis de seguridad.

 

Das la impresión

–perdóname si soy descortés contigo- que quieres ser la muñeca de alguien para aliviar la angustia de tu pecho

 

siempre que me puedas presentar como un trofeo.

No importa como yo sea, ni siquiera si no soy más que un espejismo. Sólo te importa ser la muñeca de alguien…

 

para tener siempre tu dosis

de opiáceos y anodinos. (Bis)

 

Lo de tu dosis de sexo

carece de importancia porque para ti la sexualidad no es más que la dosis de sexo que tu creas que, en último extremo necesito.

 

Cuando recibí tu carta

fui a una gitana para que leyera los surcos de mi mano mi futuro, y me dijo:

 

"Pobre poeta, eres un alma maldita, sin suerte"

 

Y tú diciéndome

que quieres ser la muñeca de alguien, para tener siempre tu dosis de opiáceos y anodinos, es decir,

 

para que tengas siempre mi dosis de amor,

dosis de amor que calme en el amanecer tu mal humor y por las noches te muestre como una princesa que me ha tocado en la lotería de Google.

 

Decididamente la gitana tenía razón:

Soy un alma maldita, sin suerte. Perdóname por el mal que te hice al no decirte que yo no soy más que un espejismo con los labios más delgados que la piel del mar.


                             Johann R. Bach

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