19 sept. 2012

MINERVA-HEILDELBERG (Un recuerdo de la Imprenta) Elisa R. Bach www.homeo-psycho.de

                       Las Hilanderas (Detalle de Sorolla)

 

Máquina de Imprenta Minerva-Heildelberg

 

El cartel en la autopista indicaba

"Heildelberg 5 Km". Aún flota en el aire el tufo a papel y tipos de plomo de las imprentas de la ciudad de Minerva –pensaste-;

 

aún resuena en tus oídos

el tableteo de las máquinas engrasadas con aceite en sus articulaciones y tinta negra en sus planchas cuando en tu mente aparece la mítica imagen de la diosa Minerva hija de Júpiter.

 

Te contaron ya hace mucho tiempo

que Júpiter tras haber devorado a Metis, la Prudencia, sintió un gran dolor de cabeza. Vulcano mediante un hachazo le quitó el mal, surgiendo de su cabeza Minerva que se distinguió por su valentía en la Gigantomaquia (guerra contra los gigantes)

 

Minerva estuvo siempre en desacuerdo

con Neptuno para dar su nombre a la ciudad de Atenas. Doce grandes dioses, elegidos como árbitros, decidieron que quien produjera la cosa más útil para la ciudad le daría su nombre.

 

Neptuno, de un golpe de tridente,

hizo que la tierra diese un caballo y Minerva hizo crecer un olivo, lo que le dio la victoria. El olivo pasó a ser el símbolo de la vida.

 

Minerva se mostró favorable

en la Guerra de Troya a los aqueos después de que Paris la humillase al preferir la belleza de Venus sobre la de Juno y la suya propia.

 

La casta Minerva

siguió siendo virgen, lo que no le impidió disputar el premio en el Juicio de Paris. Con el fin de triunfar sobre sus rivales, ofreció a su juez el conocimiento y la virtud. Sus ofertas fueron inútiles y concibió un gran despecho.

 

Enseñó a las hijas de Pandora

al arte de destacar en los trabajos que convienen a las mujeres, a representar flores y combates en obras de tapicería, y, a reproducir en múltiples papiros sus obras.

 

En una ocasión se enfrentó a Aracne,

dotada de una libido sin límites y por ello conseguía los amantes que Minerva no pudo jamás conseguir además de contar con sus hábiles e industriosos dedos.

 

Para comprobar cuál de las dos

tejía más rápido, Minerva le propuso una labor: una tela magnífica donde destacaban las frutas, especialmente plátanos y naranjas.

 

Ese fue su gran error

porque el amarillo y el naranja eran los colores preferidos de Aracne y además desconocía el ritmo frenético que podía alcanzar en sus trabajos mientras lo hacía bajo una música de fuerte percusión.

 

Cuando Minerva vio la superioridad de Aracne,

fue víctima de tantos celos que decidió convertirla en una araña (según cuenta Ovidio en Las Metamorfosis).

 

De esa debilidad

 –te contó tu profesor de Artes gráficas- nació la idea de Minerva de fabricar una máquina de imprimir: la imprenta.

 

Ahora alejándote de Heildelberg

te prometes a ti misma volver a ver el lienzo de Las Hilanderas de Velazquez y colocar como lo hizo Minerva en la nave de los Argonautas en la proa de tu propia nave la madera que habla (el moderno GPS), cortada en el bosque sagrado de Dódona.

 

                                                                               Elisa R. Bach ( www.homeo-psycho.de )

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