30 ago. 2012

DESCUBRIR QUE SE PUEDE ENVEJECER ( www.homeo-psycho.de)

DESCUBRIR QUE SE PUEDE ENVEJECER

 

Tardaste bastantes años en descubrir a Causticum, esa continuidad de palabras de nieve deshaciéndose, ese hilo que une la vejez al niño nunca olvidado.

 

Durante algunos años movedizos te sentiste sedienta como un lobo de plata que bajaba hasta la orilla del Leteo mientras tu padre que sostenía ya la vida con sus manos, frágil como una caña de pescar, hablaba del regreso, hermanaba vejez y juventud, encerraba el futuro en la memoria porque el tiempo es un sendero de montaña que sube hasta la cima y al otro lado no hay nada sino el vacío donde caer.

 

Mira la pared trasera de una casa donde el musgo la confunde con un corazón, observa cómo los ojos empañados, se mueven sobre ella, de un lado a otro,las lágrimas doblan los caminos y vuelves a la estatura de los quince años.

 

Tu mano toca a menudo, suavemente,las llaves prendidas de tu cuello a modo de escapulario, bajas hasta el reflejo de aquellos años, pierdes altura sobre el agua fría de los recuerdos y sus formas. Eso tiene sentido, porque en el lado seco de la luz puede buscarse un soplo de calor, un refugio en la nieve, si las bocas descienden a la vez y se apagan sin duelo al ritmo de una historia.

 

Es imposible que la piel del lago no guarde ni siquiera la marca de un reflejo. No va tu cuerpo a olvidarlo todo, el tiempo compartido en dignidad, las tormentas de octubre y los deshielos de la primavera.

 

Es imposible olvidar los secretos vividos en países nocturnos, los paisajes domésticos de una casa invadida, las sombras blancas de muchas lunas entrando por las ventanas mientras la luz naufraga sobre la madera, el equipaje abierto y el último beso de la primera vez.

 

Te cuesta imaginar cómo vas a vivir eso que los media insisten en que ha de llegar. Sospechas que es un café para todos, pero que cada uno lo saborea a su manera. Será seguramente como permanecer al pie del Lago, los rostros juntos, en una tarde infinita de estrellas.

                                          

                                                                                              Elisa R. Bach

                                                

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