13 nov 2013

Siete años tardaste en aprender a hacer el lazo de los zapatos

             MÚLTIPLOS  DE  SIETE

 

Siete años tardaste en aprender

a hacer el lazo de los zapatos heredados de tu hermano. Los cordones ya desgastados por el uso resbalaban fácilmente sobre los calcetines y su forma de ocho horizontal crecía y crecía como el espacio.

 

Hasta los catorce no te fue necesario

dibujar ese signo y otros sobre un cuaderno de hojas con fondo cuadriculado llenas de ecuaciones de segundo grado. En esos momentos crecías y crecías como las hojas de un guisante germinando.

 

Las chapucillas con cilindros

y cónicas y las reflexiones sobre los péndulos de compensación para medir exactamente el transcurrir de los minutos, formaban parte de una sed inextinguible de conocimientos. Tu imaginación despertaba a impulsos de intensidad irregular, pero imparable.  

 

A los veintiuno descubriste la noche

y la Banda de Moebius que completó tu colección de figuras construidas con delicada papiroflexia. Empezaste a frotarte las manos porque las piezas del puzle de la vida empezaban a encajar.

 

Entretanto el amor llamaba

a tu ventana como la zarpa del helor de un crudo invierno. A partir de rombos, triángulos y pirámides construiste un jardín inteligente a falta de un diamantino edén en el que hasta los insectos pudieran acudir al festín de la miel.  

 

A los veintiocho te atreviste

a decir tímidamente para tus adentros: ¡Eureka!. Creíste haber encontrado la piedra filosofal, pero no querías parecer ridículo y no comentabas públicamente las locuras filosóficas que se te ocurrían;

 

las otras, las de la especie,

ya no estabas a tiempo de ocultarlas: ya te habías convertido en padre y habías inventado la palabra ser –palabra dura e incolora.

 

A los treinta y cinco sólo

los cambios de domicilio te salvaban de la hoguera que los vecinos preparaban pacientemente.

 

No les gustaba tu forma

de apartar las hojas cálidas con manos vivas y cómo pisoteabas las estampas que ellos consideraban sagradas.

 

Los viajes

y el perfeccionamiento de varios idiomas a la vez te ocupaban horas y horas. Te cultivaste como si fueras a vivir toda la vida. Aún te costaba romper a llorar y diluir en tus propias lágrimas el espacio y al igual que el tiempo, no detendrías tu enloquecida carrera.

 

A los cuarenta y dos años

no viste amor en sus ojos. Empezaste a sentir aquella lluvia de reproches sobre tus hombros como la humedad de la niebla. Tus versos, tus besos, tu sueldo eran insuficientes.

 

La atracción newtoniana

ya no funcionaba como cuando erais unos perfectos desconocidos. Tuviste que tomar la decisión de ganar dinero como la imitación de un proceso que conduce al suicidio.

 

Tus cabellos te iban abandonando,

eran cada vez menos abundantes en la cabeza mientras el vello brotaba en todos los poros de tu pecho. La sensibilidad de tu piel quería evitar el vacío a tu alrededor que era cada vez más fuerte.

 

En esos años

ya no confiabas en tus cinco sentidos: el mundo podría quedar reducido al tamaño de una avellana mientras que pequeños planetas cegados por su propia sangre podrían crecer y dar paso al nacimiento de un sol.

 

A los cuarenta y nueve el exilio

te salvó el pellejo, la modestia volvió a tu corazón, empezaste la larga travesía del ecuador de tu vida y a saber lo que querías. El listón quedó fijado en los ochenta y cuatro por los cálculos de Quetelet.

 

A los cincuenta y seis comprendiste

a tu padre y a tus hijos; supiste de sus limitaciones y los reconociste como seres humanos que sufrieron lo suyo.

 

Y en cuanto a tu madre

pensaste que ella nunca cambió:

 

esperó siempre vuestro regreso

vestida con su blusa blanca moteada de lunares azules y sus ojos grises en el umbral de todas las puertas, con la sonrisa haciendo juego con las perlas de su collar.

 

Comenzaste a recordar

que le gustaba el café, la tranquilidad y las películas de Humphrey Bogart; y, como si los estuvieras viendo, sus movimientos de cabeza desaprobando tus primeros versos.

 

A los sesenta y tres escribías

sin parar con la locura del que cree que no va tener tiempo suficiente en los veintiún años restantes para amar y al mismo tiempo explicar cómo la primera parte de tu vida te pareció huérfana de caricias.

 

A los setenta… ¡Por fin la luz!

A partir de átomos, puntos de coordenadas que se doblan en los espacios, cabelleras de cometas que se peinan una vez cada setenta y cinco años, púlsares que presumen de medir el tiempo,…

 

puedes construir la infinitud

y entregarte de lleno al amor y erigir puertos y cabañas rodeadas de naranjos y viñas, de frágil duración, lugares donde el tomar el café entre sonrisas amables permite ver la vida desde un ángulo desconocido.

 

A los setenta y siete te pudiste

permitir el lujo de renunciar a la fama y concentrarte en escribir, durante los siguientes siete últimos años –que no es poco-, todo aquello que los demás no pudieron o no quisieron ver.

 

Sobre una tabla con siete cuerdas

depositaste tus lagrimitas ya disecadas y con tu rígido puño de rebelión y temblorosa caligrafía sobre papel inmaculado en una noche fría estuviste escribiendo

 

tu amarillo y ridículo testamento ológrafo.

Secreto, aún sin fecha, pero con la rúbrica extendida al margen de cada hoja, lo guardaste en un cajón de la cocina. Abogados y jueces se desvivirán por desentrañar su validez. ¡La voluntad sobre todo! (la Willenstheorie de Descartes). ¡Faltaría más!

 

¡Ah! ¡Ese listón de los ochenta y cuatro!

Tan duro de pasar, pero qué suerte haber llegado entero.

                                                                                                       Johann R. Bach

COMENTARIO   (Leo P. Hermes)

 

Tres ciclos del cuarto múltiplo de siete determinan en nuestra vida, por orden, lo dulce, lo salado y lo amargo. Lo prohibido es el factor común a todos ellos.

 

El cuarto múltiplo de siete o ciclo de la luna

se compone de veintiocho ciclos circadianos o de veinticuatro horas -la noche y  el día-

 

El ciclo de las semanas,

de siete días, corresponde a cada fase de la luna. El Universo nos mete todo en paquetitos (clústers), con cintas de colores (los siete del Arco Iris) donde se ha grabado en cada una de ellas música con siete tonos (las notas musicales).

 

Y por último

los tres ciclos del cuarto múltiplo de siete componen una resultante de doce ciclos de siete años –en total ochenta y cuatro años- debido a que el número mágico es el de las constelaciones (el doce).

 

Así los dioses nos conceden

una vida corporal, de libertad erótica, por absurdo que parezca. Las semillas cosechadas, almacenadas en la infancia estallan con las primeras gotas de lluvia y concluyen hasta que se seca la última fruta.
 
                                                                                                                Johann R. Bach

el silbido de la locomotora mezclado con el humo también les envia saludos

EL HUMO DE LA MELANCOLÍA

 

Como en una locomotora de vapor

que resopla y echa humo, ordena al ingeniero y sus ayudantes echar carbón en abundancia; cerrar las válvulas y pasar lo más deprisa que se pueda sobre el puente del Leteo.

 

Repite en tu interior

con la misma presión del vapor sobre la caldera: ¡No vayas, no vayas hacia el olvido! No exprimas la Capucha del monje (el Acónito), tenaz en sus raíces,

 

el vino ponzoñoso,

empecinado en sobrevivir en las cumbres nevadas amparado solamente en el color azul de sus pétalos.

 

No expongas tu pálida frente

al rojo beso letal de la belladona o al dolor de la dulcamara sin antes asegurarte que las válvulas se abrirán para dejar escapar la fiebre agazapada a su humo.

 

Quizá te puede apetecer alejarte

del agitado mundo de hoy en día y hacer un viaje lento y relajado a lomos del Viejo Tren de los Sueños. En ese caso, cierra los ojos y súbete a los antiguos silbidos que flotan sin necesidad de catenaria.

 

No hagas tu rosario

de escarabajos de té -Blatta orientalis- escondidos en las plantaciones de Ceilán ni le expliques tus penas a los murciélagos pues las sombras se acurrucan junto a tus sombras como un sueño excesivo.

 

Ármate de valor.

Aprovechando la breve parada en la llanura, cuando el acceso de melancolía caiga y desde el cielo la humedad, como de llorosa nube, atraviese el humo que se disipa bajo las ruedas de la locomotora

 

reanima tu abatida cabeza

cargada de flores con una gota de vinagre sobre tus labios y oculta el verdor de la colina, aunque sea momentáneamente con una rosa de la mañana.

 

Envía a la melancolía

a su residencia de verano. En este año ya no tiene lugar desde donde contaminar tu fino paladar después del estallido de las Uvas de la Alegría sobre tu lengua.

 

Copia la actividad

del único tren de vapor que funciona casi todo el año -a pesar de la invasión de las catenarias conectadas a las centrales nucleares-, en la compañía privada Ferrocarriles Oigawa, en la prefectura de Shizuoka.

 

Ese tren, como el Viejo Tren de los Sueños

va lleno incluso en días laborables de familias y aficionados a este tipo de transporte.

 

A ti poco te importa que los vagones de pasajeros

no tengan aire acondicionado, así que, durante el viaje, al abrir las ventanillas se puede contemplar

 

la mezcla de paisajes reales

con las victorias virtuales arrancadas a la melancolía de los campos de té, típicos del paisaje de Shizuoka.

 

Aspira el aire en el interior de los vagones

y siente como la locomotora de vapor desata su poder secreto que consiste en crear un sentimiento de camaradería entre los viajeros, aunque estos no se conozcan. Embriágate de él.

 

A la hora de la salida

suena un silbido, las alegrías se desatan, salen nubes de humo, y las grandes ruedas de hierro comienzan a rodar desde la estación de Kanaya. Es otro de tus viajes placenteros.

 

En el camino,

cuando el tren retumba sobre los puentes de hierro, los adultos y los niños de las riberas del río, miran hacia arriba y dicen adiós con sus manos al aire como desde el primer día que vieron un tren.

 

Los pasajeros les contestan

y el silbido de la locomotora mezclado con el humo también les envía saludos mientras se aleja de su vista.

 

El final de trayecto

está en la estación de Senzu, a 39,5 km., un viaje de 82 min. por el valle del río Oi un paisaje idílico.

 

Entrando en la estación de Shin-Kanaya,

donde muchos pasajeros y aficionados a los trenes están esperando como tú, deshacerse de los malos presagios, después de haber tocado sus sueños.

                                                              Johann R. Bach

 

 

La nostalgia te suena... como un mi bemol de Chopin

TRES PALABRAS EXTRAÑAS

 

Locura, melancolía, nostalgia,

¿tres palabras, tres enfermedades?

¿Tres estados pasajeros?

¿Tres válvulas de escape?

 

Tu locura

disfrazada como todas se introduce en tu alma como una palabra extraña, irreconocible de forma explícita.

 

Acéptala como un error

de tu ADN. Porque hasta aquí nos han llevado los anteriores.

 

Tu melancolía

sólo tiene un color como una paleta de tinta de sepia derramada. Espera a que la aurora te llene de luz la retina y la música del nuevo día

invada tus oídos.

 

La nostalgia

te suena como una nota en el teclado de tu alma, como un mi bemol de Chopin.

 

Visita la Costa de A Morte,

come lacón con grelos y pulpo a la gallega; el pimiento rojo te espera.

 

Locura, melancolía y nostalgia,

si mucho te molestan, cámbialas como si fueran cromos; escoge por ejemplo cielo, rocas y mar

 

o manos, ojos y labios.

                                                               Johann R. Bach

 

12 nov 2013

VERSIÓN ITALIANA DE "LA VIDA, UN TIEMPO DE ENTUSIASMO"

In quel tempo entusiasta

–non certo acritico-; in quello, impresso a fuoco nel mio cuore; sognavo di andare in luoghi sconosciuti,

di trovare amici normali,

non di quelli che ti stannoa guardare mentre parli, pronti a consumare lo scippo;

di perdermi tra i boschi

e i laghi della Svizzera, come in una gran pace.

In un giorno di sole,

passeggiando lungo il lago Leman, inciampai e caddi in acqua fino alle ginocchia.

Mi sedetti accanto a un muro, misi le scarpe e il viso al sole.

Quei minuti fili di luce

e il freddo del mattino mi ferirono gli occhi, fino a cavarne lacrime.

E all'improvviso qualcosa, forse un'idea,

mi sorse in petto. Era un sospiro, dolce e inquietante insieme.

Qualcosa mi disse ch'era la vita.

Quella stessa che fa distanti per sempre tra loro le stelle.

Fu in quell'istante

che conobbi segreto il più grande,

quel che nessuno m'aveva spiegato, la radice della radice,

il germoglio del germoglio, e il cielo del cielo

di un albero di nome vita

che cresce più di quanto il sole stesso che la nutre

abbia mai creduto o la mente abbia nascosto,

è la meraviglia

che obbliga le stelle a fuggire costantemente da noi

un argomento che paradossalmente usiamo

per fare cose assurde per gli "scienziati",

come emozionarci della pioggia o innamorarci.

.

                           Traducción italiana de la hispanista
                                                  Sara Viotti

Las hormigas trabajan alegres y se adormecen con música de violines

  TANTA LUNA Y TANTO SOL

 

Cada año, a finales de junio,

recojo flores de la hierba de San Juan,

 

las pongo a macerar en aceite

a la temperatura que obtengo del sol durante el día y la que refresca durante la noche.

 

Dos semanas más tarde

hablo con las hormigas y los astros con el entusiasmo de la luz, el viento y el mar erizándose.

 

No hay lugar para la tristeza:

las hormigas trabajan alegres y se adormecen con el rumor de los violines de miles de cigarras, los astros siguen a la luna en su trayecto por encima de nuestras cabezas.

 

Tanta luna y tanto sol…

créeme una hormiga y un astro me hablan siempre de ti.

 

                                                                     Johann R. Bach

No hay lugar para la tristeza: las hormigas trabajan alegres, los astros siguen a la luna

  TANTA LUNA Y TANTO SOL

 

Cada año, a finales de junio,

recojo flores de la hierba de San Juan,

 

las pongo a macerar en aceite

a la temperatura que obtengo del sol durante el día y la que refresca durante la noche.

 

Dos semanas más tarde

hablo con las hormigas y los astros con el entusiasmo de la luz, el viento y el mar erizándose.

 

No hay lugar para la tristeza:

las hormigas trabajan alegres y se adormecen con el rumor de los violines de miles de cigarras, los astros siguen a la luna en su trayecto por encima de nuestras cabezas.

 

Tanta luna y tanto sol…

créeme una hormiga y un astro me hablan siempre de ti.

 

                                                                                        Johann R. Bach

el cielo del cielo, un árbol llamado vida que crece más de lo que el mismo sol sospechó

  LA VIDA, UN TIEMPO DE ENTUSIASMO

 

En aquel tiempo de entusiasmo

–no acrítico por cierto-; en aquél que grabé a fuego en mi corazón; soñaba con ir a lugares desconocidos,

 

encontrar amigos normales,

no ésos que te están mirando cuando hablas esperando el momento de consumar el tirón;

 

confundirme con los bosques

y lagos de Suiza como una paz.

 

En día soleado,

paseando junto al lago Leman, tropecé cayendo al agua de rodillas. Me senté junto a un muro y puse mis zapatos y mi rostro al sol.

 

Aquellos hilillos de luz

y el frío de la mañana me hirieron los ojos de forma que de ellos se desprendieron unas cuantas lágrimas.

 

Sentí de repente, como una idea,

que algo salía de mi pecho. Era un suspiro inquietante y dulce al mismo tiempo. Algo me dijo que era la vida. La misma que mantiene alejadas entre sí a las estrellas.

 

Fue en aquel momento

cuando conocí el mayor secreto que nadie me había explicado, la raíz de la raíz, el brote del brote, y el cielo del cielo

 

de un árbol llamado vida

que crece más de lo que el mismo sol que la alimenta sospechó jamás o la mente ocultar,

 

es la maravilla

que obliga a las estrellas a alejarse continuamente de nosotros una razón que, paradójicamente, utilizamos incluso para hacer cosas absurdas para los "científicos" como emocionarnos ante la lluvia o enamorarnos.
 
                                        Johann R. Bach

 

Tú médico te ha dicho que aspires el aroma de la lavanda

¿Tan difícil es vivir?

 

¿Tan difícil es vivir?

Huiste despavorido cuando entre los acantilados te pregunté: Mi amor, ¿tan difícil es vivir? -parafraseando  un verso de Virgilio-, creí que ibas a suicidarte.

 

Tu médico te ha dicho

que aspires el aroma de la lavanda, que pasees bajo los tilos y que no comas manzanas que puedan estropear tu humor. ¿Prefieres la cicuta antes que cumplir la obligación de mirar el horizonte pintado con nubes de algodón y frescos?

 

¿Es demasiado pedir

que duermas bajo mi sábana de nardos, narcisos y violetas?  Si no tienes valor para seguir adelante por el dulce camino de los granados abarrotados de flores fucsias, lánzate al mar y que los delfines se repartan tu cuerpo.

 

Desobedece los cantos de sirena

que te impiden atravesar el huso horario de tu mundo. Si aún crees que te falta valor para que el mar del que saliste te engulla para alimentar a sus algas déjate morir, como Adriano, de inapetencia de poder -terrenal y celestial.

 

Pero si aún te queda algo de sal

en tu corazón deshilváname con tus dientes y vuelve a empezar. Si necesitas ayuda, pídemela y te daré una gota de mi negra tinta, lanzaré mi aliento en tu boca y mis manos se hundirán en tu espalda.

 

Te abriré los ojos a la horizontalidad,

tus hombros recuperarán tersura, tu piel volverá a absorber la luz y el oxígeno de mis pulmones y la vida rebrotará como en primavera llenando tus sueños de lunas.                               

                                                                  Johann R. Bach

11 nov 2013

Cuando sueltes blanca tu cabellera para dormirte temprano y caiga sobre el lecho tu libro

 AMAR HASTA EL ÚLTIMO LATIDO

Cuando los latidos

de tu corazón pierdan fuerza, te mires al espejo y te cuenten las líneas del código de barras como una delicada orografía de distendidos labios que han perdido su categoría geodésica;

 

cuando puedan contar

los surcos que han dejado las lágrimas y las preocupaciones curven tus comisuras y ya tu cuerpo responda despacio a tus deseos…

 

Cuando sueltes blanca tu cabellera

para dormirte temprano y sobre tus rodillas enmohecidas por el peso de muchos inviernos, y caiga sobre el lecho tu libro preferido porque se te han cerrado los ojos,

 

tu corazón seguirá rebelándose,

donará sus pulsaciones, y como otras veces intentarás disipar tus dudas y los anhelados horizontes también saludarán tus artificiales mañanas con el recuerdo de sus besos.
                                                              Johann R. Bach

Pasado mañana volveré, vendré a decirte que te quiero, que a tu lado es fácil reír

          Te lo diré al oído

 

Déjame decirte otra vez

lo que anteayer te decía

suavemente al oído:

 

"Pasado mañana volveré

por los senderos de la luna atravesando la plaza de la Virreina. Vendré a decirte que te quiero, que a tu lado es fácil reír.

 

Pasado mañana y más días

me gustará poder repetir mis palabras otra vez con voz muy queda junto a tu mejilla.

 

Y no sabrás qué hacer

de este amor tan sencillo y persistente.

 

Y no sabrás que hacer

ni qué decirme. Luego te irás a París y seguiré queriéndote.

 

Sé que volverás, te miraré

con ojos llenos de sonrisas; intentaremos volver a echar los dados.

 

Y tampoco sabrás que hacer

ni que decirme."

                                                                    Johann R. Bach