8 dic. 2016

Bosques... donde el sol no tiene acceso pero en los que, de noche, penetran las estrellas


MARES Y BOSQUES

¡Qué extraño sueño!
¡Qué extraño sueño para un alma urbanita viajando por  mar!

Ermessenda se hallaba
dentro de uno de esos bosques de hayas de los alrededores de Petit Quevilly donde el sol no tiene acceso pero en los que, de noche, penetran las estrellas.

Aquel lugar
sólo gozaba del privilegio de no ser arrasado porque todos los ministros en su palaciega egolatría lo habían descuidado.

A trechos,
el bajo bosque dejaba unos claros como si el recuerdo de una fuerza misteriosa acariciase el deseo de la fuga campesina de la hierba.

¡Nadie consiente en perder
lo que ha conquistado por la fuerza del propio esfuerzo y sufrimiento! De otro modo ello significaría la juventud y la gracia, fuente de dulce agua y delta empapado de mar tendrían la misma nitidez.

Al otro lado de la ventana
se mezclaban miles de estrellas con las aguas de un mar con horizonte fundido en la oscuridad. El ferry resbalaba sobre la piel de las aguas misteriosas en perfecta armonía con un minúsculo oleaje.

Ermessenda, se hallaba
dentro de uno de esos bosques de hayas de los alrededores de Petit Quevilly donde el sol no tiene acceso pero en los que, de noche, penetran las estrellas.

¡Qué extraño sueño!
¡Qué extraño sueño para un alma urbanita viajando por  mar!

                                                                        J. R. Bach

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