28 ene. 2015

en los imbornales, desaparecieron hace tiempo las cenizas.

BAJO EL CIRUELO JAPONÉS

 

Cada invierno me cuesta más recordar

cómo aquel hombre que ignorando que yo le estaba observando desde el balcón,

 

indolente, pisaba unas diminutas ciruelas

que en la esquina de la calle manchaban de rubí revolado.

 

Así parece, a veces, perder la poesía

sus días de esplendor, al superar ese minuto en que la luz y el miedo se abrazan,

 

y todo es certidumbre, y anochece.

 

El aire negro

cubre el vehículo de limpieza que riega con agua desde el centro de la calzada y se confunde con la oscuridad del alquitrán.

 

Todo para que en un rincón

lleno de plásticos las ciruelas bordes malversadas llenen de olvido momentos de placer mientras crecían junto al resto de los frutos.

 

La tarde caía lenta,

y el hombre sin saber muy bien qué hacer con tantas ciruelas derramadas se ponía la máscara pálida que indicaba su añoranza;

 

su amada –le cuesta admitirlo- no vendrá,

porque ya, sin retorno, la luz de la vejez hará brillar aquella esquina perdida para siempre.

 

Y, es que en los imbornales,

desaparecieron hace tiempo las cenizas.

 

Abandonado de amor,

aquel hombre parecía haber caído en un espacio único de siete dimensiones que lo contiene casi todo y

 

no tendrá otro mar

en la incertidumbre y el esfuerzo: en exceso ha esperado, ocupando la escindida esperanza que rompe contra la calle nocturna,

 

donde no recuerdan su nombre.

 

                                                             Johann R. Bach

4 comentarios:

  1. Lo he vuelto a leer más de una vez encontrando un profundo deje de melancolía , tristeza, y corazón desolado por el abandono del amor a su lado. Por la soledad del último camino a seguir. Por el dejarse llevar por el silencio sin sentir ni ser sentido...
    Me duele lo de...su amada no vendrá....
    una bella y triste oda al olvido =(

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  2. Gracias por tu comentario Ann.
    A veces sin ninguna razón uno se asoma al balcón y ve una escena y no puede evitar meditar sobre las cábalas de sus protagonistas.

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  3. Gracias por tu comentario Ann.
    A veces sin ninguna razón uno se asoma al balcón y ve una escena y no puede evitar meditar sobre las cábalas de sus protagonistas.

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