25 oct. 2015

"Anoche me acosté tarde...


LOS LAGARTOS TAMBIÉN CAMBIAN LA HORA

Buenos días amigo
-le dije con cierta alegría al viejo lagarto tan pronto como tomó su sitio preferido sobre el muro-, parece que hoy vamos a tener sol para rato y más alto que ayer pues no veo ninguna nube en el horizonte.

Aquella sabia criatura, jadeante,
se tomó su tiempo antes de contestarme. Buenos días..., en efecto, el sol se muestra hoy prometedor.

Agotado por haber escalado
con cierta premura el muro, apoyó su barriga sobre el cálido ladrillo rojo; guardó silencio mientras estabilizaba su respiración.

Una vez hubo recuperado su aplomo y su voz
comenzaba a soltarme uno de aquellos pequeños discursos sobre las cosas que le venían a la cabeza.

"Los lagartos -dijo moviendo un poco la cola-
odiamos la monotonía y agudizamos el oído ante la música de la vida que en su locura ha compuesto millones y millones de melodías como si quisiera, al ofrecer siempre una canción cada día diferente, hacernos agradable nuestra estancia en este Jardín".

"Anoche me acosté tarde
-continuó diciéndome aquel pequeño lagarto- pues esperé pacientemente a que el campanero moviera las agujas del reloj de la torre. Ahora toca el horario del solsticio de invierno y mientras esperaba estuve leyendo el apasionado mundo del sueño de Sancho Panza, El Quijote".

¡Ah! ¿A ti también te gusta la literatura?
me atreví a interrumpir su monólogo.

"Para los lectores de El Quijote
-respondió- un libro es un intento de olvido. Para los lagartos, un intento de salvación... como todo. Cuando leí que el Quijote, en su sagacidad, había descubierto que los gigantes se disfrazaban de molinos de viento solté una carcajada que se oyó en todo el Jardín.

Sentí mucho haber despertado
a muchas lagartijas que dormían apaciblemente, pero es que no pude evitar la carcajada. Oí cómo me maldecían con una extraña mezcla de cariño y comprensión por mi forma de divertirme con la lectura.

Callé, bajé de lo alto de las aspas
de uno de aquellos molinos y esperé hasta la hora de retrasar los relojes.

                                                         Johann R. Bach

4 comentarios:

  1. Querido D. Lagarto: te diré que leyera D. Quijote en un momento que debido a mi incomprensión del texto , me pareció aburrido.
    Pero gracias a que Johann me lo ha vuelto a recomendar, me he reido de lo lindo, y me ha dado pena D. Quijote cuando lo han querido apartar de su mundo. Lo he visto con otros ojos y me ha encantado.
    Querido lagarto: me alegra que disfrutes del sol con tus pensamientos y tu lira. ;)

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  2. Aunque mejor que lira , es laúd o guitarra. =)

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  3. COMENTARIO DE ROSALVA (La Paz México)

    Me gusta el lagarto...Gracias Joan

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  4. Esa sensacion de paz del lagarto, resguardado por el muro, tomando el sol, mientras filosofa sobre el transcurrir de la vida, es comica, cuando su gran tarea es esperar el cambio de la hora al iniciarse el solsticio de invierno,para ver al campanero mover las agujas del reloj de la torre, es entrañable.Falta,que aparezca el Caballero de la triste figura, muy bueno,literatuta en estado puro.Julio.

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