2 sept. 2015

El Plà de la Calma era un auténtico y bucólico escenario


EN EL SILENCIO DEL PLÀ DE LA CALMA (fragmento)

Nadie hubiera creído lo que vi
cuando, insomne en aquel Pla de la Calma, salí fuera de la borda donde nos habíamos refugiado de la tormenta de granizo.

De explicarlo
me hubieran tomado por el mismísimo Diablo ya que las sospechas nunca significan para los humanos un designio positivo.

Abandoné el calor de mi saco
y el blando colchón de paja de aquél refugio de piedras hábilmente colocadas por algún providencial pastor, salí como la aurora al campo completamente blanco. El granizo lo cubría todo con sus granos esféricos llenos de gotitas de aire, caminé ligeramente para no enfriarme.

Junto al camino
había una enorme encina que parecía haber sobrevivido a los vientos de aquella meseta que parecía rozar el cielo. Me apoyé en ella y vi aquello que nadie hubiera creído que vi: Sintiendo que la temperatura del aire mejoraba todo parecía como si de repente hubiera entrado en los confines del Edén, en donde un deleitoso paraíso, en aquel momento más cercano, coronaba con su verde vallado como un rural baluarte la planicie de un erial escarpado -limpio ya del granizo caído-, cuyos bordes hirsutos de crecidos matorrales y espesa salvajez, negaban la entrada.

Pensé si estaba soñando
con el Valle del Silencio situado a los pies del pico Aquiana, en los Montes Aquilanos de la Comarca de El Bierzo en León. En la cima de aquel paisaje crecía insuperable una umbría de gran elevación. En ella estaban situados casi geométricamente cedros, pinos, abetos y copudas palmeras combinadas con castaños, cerezos, almendros, granados y naranjos.

Era un auténtico y bucólico escenario
y a medida que sus ramas subían superpuestas, de sombra sobre sombra, se ofrecía un boscoso anfiteatro de una majestuosa visión. Con todo –seguí grabando en mi retina-, por encima de sus copas surgían unos muros secos de piedra que parecían proteger bancales de dorados olivos, de verdor y de belleza llenos.

Y por encima de aquellos muros
se veía una hilera circular de los mejores árboles, cargados de los más bellos y desconocidos frutos, flor y fruto a un tiempo de doradas tintas, mezcla esmaltada de alegres y diversos colores; en los que el risueño sol imprimía sus rayos con más gusto que sobre nubes de una hermosa tarde en aquella meseta del Plà de la Calma,o sobre el arco iris cuando Dios ha rociado la tierra con la lluvia.

Tan hermoso el paisaje parecía
que casi me olvido de mis compañeros empeñados en la prolongación de sus sueños en un campo helado por el granizo en aquel gris amanecer. Si les hubiera contado lo que vi…

Si les hubiera contado
que me topé, frente a frente, con una dama que, con tan sólo un velo turquesa cubría su cuerpo; si les hubiera contado que, acercándome a ella sentí en el pecho una suave oleada de calor y unas corrientes eléctricas que partiendo de mi bajo vientre alcanzaban mis pezones; y, que llegué incluso tan cerca de ella que sus labios rozaron los míos…

¿Cómo explicarles que me dijo
"buenos días, que Dios te bendiga querida"; y, que así se borró de mi retina o del paisaje? ¿Qué hubieran pensado si les hubiera relatado que tan cerca había estado de su cálida respiración –suave boca, manos y cabello-, que sentí por primera vez en mi cuerpo aquella sensación en la que una mujer cree que ha tocado el cielo con la mano?

                                                                    Johann R. Bach

3 comentarios:

  1. Seguramente en un principio lo tomarían a locura , pero luego en sus adentros te envidiarían >_<

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  2. yo hago el Camino de Santiago, parte, todos los años y en la Comarca del Bierzo, he visto esos paisajes tan hermosos, desde Vega de Valcarce a Cebreiro. Inmensa la naturaleza, y topando con pocos paisanos.

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  3. COMENTARIO DE XANA

    !!Qué descripción de la naturaleza!!Es fácil al leerte tocar ,también ,
    el cielo con las manos

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