7 jul. 2015

Nunca lo vi sin su bigotito


VISITA A LA CATEDRAL CON TÍO ARTURO 

La frente de tío Arturo era redonda,
blanca y brillante como una bola de billar. No era calvo pero su pelo completamente estirado hacia atrás y cargado de brillantina parecía sujetar toda la superficie de su cabeza.

Nunca lo vi sin su bigotito
–señal en aquella época de personas aseadas- y siempre tuve la impresión de que formaba parte de una cierta sonrisa cínica frente al mundo.

De él contaban cosas horribles,
pero a mí me caía bien. Me trataba como a una aristócrata y me explicaba cosas que nadie más que él lo hacía. Fue el único que presentía mi futuro: "serás escritora –me decía- pues tus ojos lo copian todo".

Recuerdo que una tarde
en la que el calor agotaba mis fuerzas me llevó en la grupa de su moto una vespa de aquellas en que la rueda de recambio servía deportabultos.

Me llevó hasta la plaza de La Catedral.
Yo alucinaba viajando en moto con un señor vestido de militar pues todos nos miraban como algo exótico.

"Ven –me dijo-, vamos a tomar un poco de aire fresco".

Cuando corrí la cortina de seda verde
que cubría la entrada de la catedral y entramos en la casa de Dios me sentí agradablemente reconfortada en cuerpo y alma gracias al delicioso ambiente que allí imperaba

y a la suave luz mágica
que penetraba de las vidrieras policromadas sobre la comunidad orante. Mayormente eran mujeres, arrodilladas en largas filas sobre bajos reclinatorios.

Oraban solamente
con ligeros movimientos de labios en musitación monjil y se abanicaban constantemente con grandes abanicos verdes, de tal manera que sólo se oía un incesante y misterioso bisbiseo y sólo se veían los golpes de abanico y los velos ondulantes.

El paso sonoro de las botas de tío Arturo
molestó su recogimiento y grandes ojos católicos nos miraron, medio curiosos, medio benevolentes y quizá pudieran estar aconsejando que nos arrodilláramos y nos echáramos una siesta espiritual.

Después de deambular
entre los bancos de madera salimos afuera y el calor de aquella tarde me devolvió a la realidad.

Tío Arturo me dijo algo que no olvidé nunca:

¿Has visto los ojos asustados de esas mujeres?
Piensan sólo en las cosas de Dios mientras ignoran lo que todo hombre ha hecho. ¿Sabes tú, que es lo que todo hombre ha hecho?

No; –respondí- toda seria.

Tío Arturo sonrió maliciosamente.
Todo hombre cuando va al campo y tiene ganas de orinar se saca la chorra y para distraerse mientras orina intenta orinar sobre cualquier mosca que se ponga al alcance del chorro de su orina.

Durante muchos años
estuve pensando sobre "aquel mensaje cifrado" y creí –en el mejor de los casos- que tío Arturo era un bromista-, pero muchos hombres me confirmaron que aquella observación sobre la forma de proceder de los hombres cuando orinan es totalmente verdadera:

Si no hay mosca,
buscan una mota negra, hormiga o algo sobre la que echar su orina (¿su culpa o su mala suerte?). Así son los hombres.

                                                                    Johann R. Bach

2 comentarios:

  1. Jaajjaaj,muchos,la mayoría son así.

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  2. El bigotito era indicio de fascistoide de la epoca, o ligon, pues las dos se complementata. La protagonista es ingenua?No puede contestar. El puede preguntar, insinuar, pero ella sabe, pero disimula, no quiere cagarla.

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