5 jul. 2015

las migas se cubrían ya de luz de luna. Sí, sí, de luz blanca.


BLUES DE UN VIERNES DE VERANO

Me recosté en silencio
bajo los pinos con una novela de Poe en la mano. Aparentemente, era una siesta como otra cualquiera.

Luego me incorporé en silencio,
salí de la sombra y me situé en la zona del sol del silencio, junto a sus últimos hilos de luz dorada.

Pocos minutos más tarde
anochecía en la mesa, las migas se cubrían ya de luz de luna. Sí, sí, de luz blanca.

Habíamos comido
buscando el perfume de la fruta y juegos en la carne sangrienta.

Luego soñé contigo:
caminando con paso lento traías la luna mojada. (bis)

¡Qué cosa tan extraña para soñar!

Toda la noche tuve sed.
A pequeños sorbos acabé con toda la jarra de naranjada.

La garganta me pedía más…

Me desperté al amanecer.
Sin hacer ruido te dejé durmiendo en extraña posición

Sin saber por qué abrí la nevera.
En su interior resbalaba el agua helada sobre una enorme jarra.

Bebí,
me sequé la boca con el dorso de la mano, el calor subía otra vez por las venas.

Nada quedaba en el cielo de la luna,
ni nubes que pudieran traer siquiera una corta tormenta de verano.

Había sido otra bella noche humana
de un viernes de verano la que se sentó con nosotros a cenar bebiéndose la última agua del día.

                                                              Johann R. Bach

1 comentario:

  1. Victima de una sed insaciable, el agua se va agotando, y surge la angustia, es una situacion limite.

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