8 ene. 2014

Labios plegado sobre dientes -prestados- que ríen... comienza la lid cromática

EL CREPÚSCULO DE AÑO NUEVO

 

Aunque no lo quise,

en cada uno de mis actos estaban presentes tus ojos. Tras los manzanos sentía tus reproches y aquel tú y yo al que nos aferrábamos como si en el mundo no hubiera otros trenes que tomar.

 

Durante todo el año no pude impedir

que en cada una de mis palabras brotase un pequeño siseo de ti. Cuando el sol se derrumbaba no podía hablar sin que tú estuvieses presente como el horizonte detrás de la viña... como la estela de tus barcos sobre el mar.

 

Mil pasos arrastraron pacientes

mis suelas maduras en rocas distintas.

 

Tal vez una lágrima gima

deseando la antigua espesura en tardes más libres que ésta –balbuceante de colorido impuro, de sol inhibido, de sarmientos cobrizos de cepas recién podadas impotentes… por el momento-

 

Sombras persistentes,

imágenes constantes que obligan a las retinas a cargarlas alegremente en frágiles capilares. Montañas vibrantes de cercanía solar, de lluvia acechante,

 

de flores invisibles esperando

crear bajo tanto cielo, tanto fuego cromático, tanta conjetura de lugar.

 

Mis dedos se aferran a los puños gemelos

mientras el runruneo de la moto contribuye con sus ruidos a aumentar los fondos de la música natural del paisaje.

 

Atrás quedan las voces de un año

-el undécimo múltiplo de siete- queriendo matizar las aspiraciones de soledad que obligan los espacios.

 

Fue para mí todo un reto

alcanzar la suma de los ocho primeros números primos (77 = 2 + 3 + 5 + 7 + 11 + 13 + 17 + 19) que fueron como cánticos pujantes de fragancia primaveral cayendo sorpresivamente en la niebla.

 

Alguien dijo que los poetas chinos,

esos casi ancianos poetas chinos, se emborrachan y miran hacia lo alto, donde las gaviotas arrastran tras de sí la tristeza del invierno del invierno;

 

contemplan la superficie del agua,

su propia imagen en ella, y pincelan versos sobre una ramita de ciruelo en flor. Sin embargo,

 

los labios espesan las notas

mientras miro el horizonte del próximo año. Labios cerrados por arrugas hábilmente conseguidas.

 

Labios plegados sobre dientes –prestados-

que ríen bajo la opresión tensa del ungido manto de varios tonos: comienza la lid cromática del año.

 

El rojo invade no sólo los labios,

también los pabellones auditivos, las narinas, los ojos … y el corazón.

 

                                                                    Johann R. Bach

 

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