7 ene. 2017

después de haber conocido a Manuel empecé a sentirme bella e irresistible ante cualquiera.


EL SENCILLO AMOR DE MARTA

De repente la música de jazz
deja de invadir los recovecos de Las Mansardas. En mitad del silencio se oye, casi atronadoramente, la voz de Rosa

-¡Eh chicos!
No os perdáis lo que está diciendo Marta Guillamon.

-Gracias Rosa por cederme el micro.
Como os decía… yo nunca fui de los que decían a mediados del siglo pasado: "yo me saco de la nada a la que aspiro"; el odio, el asco de existir eran maneras de hundirse en la existencia.

Ese existencialismo nunca atravesó mi piel.
Leí "La Náusea" de Sartre; y, por más que me esforcé en comprender esa forma de pensar no pude aceptar aquella "necesidad de creer que ningún instante es recuperable". Eso era tanto como negar la memoria, desnudarla de atribuciones, reducirla a un mero disco duro de un ordenador.

¿Cómo aceptar la afirmación
de que la auténtica aventura conlleva una insoportable sensación de vértigo, una náusea cuya agresión alcanza más allá del plano físico?

¿Cómo aceptar la aseveración
de que "buscar el verdadero sentido del ser sólo puede conducir al vacío, a liquidar toda esperanza de vínculo con el mundo?

En aquellos años
a mí me bastaba mirar como las doctas cigüeñas, encaramadas en lo alto de la pluma de una grúa abandonada, le sacaban la raíz cuadrada a la tarde… junto a su mínimo hogar.

Puedo recordar
cómo se colaban mis amantes en mi existencia, como ladrones de guante blanco que rebuscaban con sus diligentes dedos entre los escondites de mis joyas.

Puedo recordar, sin dificultad alguna,
cómo se iban apoderando de mis días, cómo poco a poco me iban interesando no sólo las camisas que debían ponerse para ir al trabajo o decirle que no apoyaran las manos en la pared cuando orinaban, sino que también adquiría importancia saber si guardaban fotos de su infancia o que leyeron en su juventud…

De forma más o menos premeditada
elegía o planificaba comprar la ropa íntima para ellos, me limaba las uñas y me cepillaba el pelo con intención. Era consciente de que podían presentarse en casa en cualquier momento, sin avisar, tal y como apareció Manuel, uno de ellos, un día que nos encontramos por segunda vez a la salida de un restaurante. Gracias a aquel maravilloso amante, conocí bien el significado de la palabra casualidad. El beso fue directamente a los labios.

Todos aquellos gestos
(elegir la ropa, cepillarme el pelo), los realicé, con deleite, porque Manuel había despertado en mí un sentimiento de seguridad que no creía poseer. Con Manuel volví a mirar los escaparates satisfecha de lo que veía. Renové mi colección de medias y usé más a menudo la falda, continué, es cierto, mirando la báscula para comprobar el estado de mis kilos, pero lo hacía sin la vieja aprensión de los periodos en que no estaba enamorada.

A Manuel le gustaba tal cual.
Me miraba con los ojos del deseo, y eso me embellecía mucho más que cualquier consejo estético exceptuando, eso sí, el carmín de labios. Aquel amor se prolongó en el tiempo lo suficiente para que aquella aventura llegara a la fase en la que el deseo de echar los dados fuera menos urgente.

Aquel amor, como muchos otros,
también desapareció, pero después de haber conocido a Manuel empecé a sentirme bella e irresistible ante cualquiera. Empecé también a encontrar bellos e irresistibles a otros hombres, a los que miraba fijamente sin ningún temor a ser descubierta, porque ese temor había dejado de formar parte de mis pensamientos habituales. El mundo se había abierto y que era todo para mí y, durante unos años preciosos duró aquel espejismo y viví sin miedo de habitarlo.

Harina de otro costal
fue la influencia que sobre mí ejerció Kafka pues después de muchos años he de reconocer que estoy completamente de acuerdo con su afirmación de que "la vida (también para mí) no es nada sin literatura".

                                                                                              Johann R. Bach

1 comentario:


  1. Griselda Corni Fino
    22:35 (fa 1 hora)

    Ami me parece que la forma de ver la vida da KafKa en la Metamorfosis es real creo que nada produce vertigo o vacio el ser humano es acomodaticio se uede convertir en un gusarapo y aceptarlo perfectamente , si el acontecimieto es lo suficintemente lento

    ResponderEliminar