2 ene. 2017

BUEN AÑO OS DESEO A TODOS


ALGO EN QUÉ CREER, ALGUIEN A QUIEN AMAR

-Hola Niko tienes muy buen aspecto esta noche.
¿Es a causa de que esta música de jazz invade tus sienes?

-Hola Ermessenda… Sí, es posible, pero creo que es a causa de haber descubierto que siempre estuve equivocado sobre cosas que yo mismo reconocía como transcendentes a pesar de que negaba su existencia contumazmente.

-¿y eso?

-Verás Ermessenda:
Yo escribía siempre durante todo el día. Por la noche me adormecía leyendo cualquier cosa sin necesidad de adormidera o de vino.

En medio de la oscuridad silenciosa
hacia las cuatro el menor ruido me despertaba y ya no podía conciliar de nuevo el sueño.

En medio de las sombras
de la habitación me parecía ver lo que siempre estuvo allí desde que Julia se fue: su imagen.

Las cortinas estaban a punto de absorber
los hilillos de luz blanca de la albada.

El recuerdo machacón de sus palabras
resonaba sin esperanza de que durante el día entero desapareciese el sabor amargo de mi propia saliva, sin saber cómo y dónde me reuniría con ella.

Tener coraje no me salvaba
del último viaje.
Mi mente se paralizaba
ante el posible asalto del día:

el bien no hecho, el amor no dado,
el tiempo desperdiciado no me llevaba al remordimiento sino a la total y perpetua vacuidad, la séptimo extinción hacia la que me parecía que viajábamos y de la que no volveríamos.

En mitad de la transcendente mañana,
me angustiaba pensar en la posibilidad de no estar aquí, no estar en ninguna parte, y pronto -nada peor que la fatal ansiedad-, nada más cierto.

Me decía a mí mismo que -parafraseando a Descartes-,
había muchas cosas que quizá nunca ocurrieran; aquella sí, y el verbalizarlo en voz baja era un rugido de pánico paralizante, ése que se presenta en un momento en que nos pilla sin nadie y sin bebida a mano.

En esos amaneceres
en que el cielo blanco, sin sol, iluminaba mi alma arcilla de ánfora romana, el miedo atenazante, como el de los caballos después de pasada la medianoche, era un miedo concreto que ningún truco disipaba.

La práctica del yoga
no lograba sustituir a la religión ese basto brocado musical apolillado con ese capcioso discurso que dirigido a los niños afirma que ningún ser racional puede temer lo que no sentirá, no ver que eso es lo que tememos.

Ese discurso me llevó a escribir,
bajo mi temeroso subjetivismo, aquello de lo que me arrepiento de haberlo difundido:

Ni vista, ni oído,
ni tacto ni sabor ni olor,
nada con qué pensar,

nada qué amar ni a lo que estar ligado,
el anestésico del que nadie despierta.

El volver a encontrar
en esta Fiesta de las Mansardas a Julia me ha hecho ver cuán equivocado estaba y desde estas humildes estancias pido perdón a todos aquellos a los que exhorté a que dejaran de oír el discurso metafísico.

-Así es Niko.
Siempre comenzamos nuestra vida contra un crepúsculo admirable.  Y todo lo que más adelante nos ha de ayudar a desligarnos de nuestros desengaños se concita alrededor de nuestros primeros pasos y por tanto lo importante es tener algo en qué creer, alguien a quien amar.

                                                                               Johnann R. Bach

3 comentarios:

  1. Sin duda algo en lo que creer y alguien a quien amar ...Siempre das en en el clavo con la sensibilidad de tus letras .Te deseo lo mejor para ti y los tuyos en este 2017 y que nos sigas susurrando esperanza a través de tus escritos y sepamos escucharla.Fuerte abrazo,poeta

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  2. Rosi Torres
    14:17

    y por tanto lo importante es tener algo en qué creer, alguien a quien amar.

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  3. Y como dice la canción:"Siempre hay a quien amar". ¡Feliz Año!. Besos

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