25 jun. 2015

No me sentía como la mujer solitaria,


YO ENTONCES ERA UNA SIMPLE TURISTA

Agotada, arrastrando mis pies
y mis maduros años, en mitad de una plaza, con las terrazas a rebosar y un mapa turístico en las manos, buscaba un simple rincón donde poder sentarme un rato.

La escalinata de la iglesia de la plaza
estaba llena de jóvenes estudiantes y me pareció que sentarme junto a ellos era invadir su espacio.

No me sentía como la mujer solitaria,
en medio de una ciudad antigua y rica en monumentos históricos de las películas americanas,

y, sin embargo …

Entré en un bar casi vacío,
pues la mayoría de clientes preferían las sillas bajo la sombra de los plátanos. Tomé asiento y pedí una cerveza de tamaño mediano y un bocadillo de jamón.

En la barra, tomando un café,
un chico joven intercambiaba algunas palabras con una atenta camarera de grandes y bellísimos ojos.

No suelen haber chicas guapas solas
–eso pasa sólo en las escenas de contenidos masticados del cine- por lo que tuve la impresión de que mi presencia pasaba desapercibida.

Discretamente,
a través del gran espejo situado detrás de la barra observaba a aquel atractivo joven y por un momento vi cómo él hacía lo mismo:

su mirada insistente
me provocó un estremecimiento que sentí cómo crecía la saliva en mi boca. Preferí atribuir el fenómeno al hambre que removía mi vientre.

Aquel cliente pagó su café
y se despidió con un alegre "ciao" de la camarera. Dejé de pensar en aquella figura y me concentré en la cerveza y en mi mapa.

Mi sorpresa fue mayúscula
cuando al pedir la cuenta la bella camarera de bellos ojos me comunicó que aquel joven de la barra ya la había pagado.

Me sentí envuelta en una nube
y la sangre se agolpaba en mis sienes. Todo sucedía como en un relato imaginario de quien se dedica a mirar por las ventanas.

Aquella noche no pude dormir.
Su mirada fija en mí a través del espejo no se me iba de la cabeza…

Evidentemente al día siguiente volví,
a pasear por misma plaza, esta vez saboreando los colores de la alegría que flotaba en el aire, a la misma hora, al mismo bar.

Allí, con su café, estaba él.
Hoy pago yo –le dije como si lo conociera de toda la vida. Me miró con cierta dulzura y me contestó con un escueto "de acuerdo".

Aún hoy lo recuerdo,
cuando por la mañana preparo el café mientras él se ducha.

                                                                               Johann R. Bach 

2 comentarios:

  1. A veces el destino nos depara alguna sorpresa que nos encandila y nos lleva al empiece de algo muy bello. >_<

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  2. Así de sencillo ,sin buscar nada que es habitualmente cuando se encuentra,surge la conexión entre dos personas desconocidas y la vida les invita a ser pareja.Es un texto precioso libre del "pasteleo " de las pelis americanas

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