18 jul. 2015

un par de buenos higos y un puñadito de almendras saladas


AQUELLAS BELLAS MUCHACHAS

¿Cómo han cambiado los pueblos costeros?

De buena gana volvería,
aunque sólo fuera por unos días, a aquel trocito de paseo junto al mar con el sol ya escondido tras los árboles,

volver a comprarle a la buena frutera
un par de buenos higos y un puñadito de almendras saladas y, a decir verdad, también ver pasear a

aquellas bellas muchachas
que paseaban de una punta a otra.

No sé si mis compañeros de aquellos años
aprobarían ese calificativo de bellas, pero a mí las chicas que pasaban el verano en Cadaqués me gustaron sobremanera.

Eran inalcanzables para mí,
pero no puedo mentir –ni mucho menos después de tantos años-, y, debo declarar que eran, efectivamente,

la especie de mujer que siempre me gustó:

pues yo admiraba aquellas pálidas y elegíacas caras
donde los grandes y negros ojos fulguraban tan enfermos de amor.

También me gustaba observar
que a los pocos días de llegar al pueblo sus soberbios cuellos se tornaban de oscura tez y denotaban que

ya Febo había acariciado su piel
y bronceado a fuerza de besos.

Me gustaban incluso aquellas nucas
llenas de puntitos color púrpura como si los hubiera picado un pájaro; pero sobre todo me gustaba

aquel paso genial, coqueto,
aquella muda música del cuerpo, aquellos miembros que se movían al más dulce ritmo como bogando en el aire,

abundosos, flexibles, divinamente procaces,
ya lánguidos, ya etéreamente erectos como remos siempre altamente poéticos.

Me gustaba grabar en mi memoria
todas aquellas escenas y las llegué a amar -como amo la poesía-; grabar aquellas figuras melódicamente movidas,

aquel maravilloso concierto humano
que en torno mío me embriagaba y encontraba su eco en mi corazón.

Aquellos días en que yo paseaba
con mi cuaderno de apuntes bajo el brazo era un tiempo –lo reconozco- en el que

ya no era el poder mágico de la primera sorpresa,
lo legendario de la exótica apariencia:

era ya el ánimo sereno
que, de la misma manera que un crítico de auténtico de literatura lee un poema, observaba con ojo arrobado y reflexivo aquellas imágenes femeninas.

No me quejo realmente,
sólo descubro que muchas de aquellas cosas de aquel tiempo no eran tan tristes, y, que

la riqueza del pasado
no puede envidiar la pobreza de las lavadoras y televisores del presente y el orgullo que se ha dejado atrás.

                                                                  Johann R. Bach

4 comentarios:

  1. COMENTARIO DE PILAR

    BUEN POEMA RECORDATORIO, QUIZÁ NOSTÁLGICO. EFECTIVAMENTE.

    ERA LA HUMILDAD DEL DESEO, DE LA CANDIDEZ DE LA ÉPOCA CON MATICES, LA MAYORÍA, CON DISCRETA Y FELIZ ALEGRÍA.

    UN PIROPO ERA, UNIDO A UNAS LETRAS POÉTICAS, DIVERSIÓN DEL MOMENTO.

    SÍ, HOY HAY JUVENTUD MAGNÍFICA Y MUY CULTIVADA PERO ALGO SE ECHA EN FALTA.

    ResponderEliminar
  2. A mi parecer , todas las épocas y todas las gemeraciones pasaron y pasarán por lo mismo. Un momento idílico donde los recuerdos vividos, nunca serán vistos como los de la generación siguiente. Es de suponer que en cada mundo vivido habrá un antes recordado con " morriña". >_<

    ResponderEliminar
  3. COMENTARIO DE XANA

    ¡¡Décadas veraniegas prodigiosas !! Todos las tenemos permaneciendo en nuestra memoria como únicas e incomparables a otras por ser de nuestro tiempo, piel y entraña. Las de ahora, no nos pertenecen, y seguro que las mujeres son igual de bellas y los chicos compran un helado y se beben la mejor cerveza observando el contoneo de su sal en las caderas coquetas, tímidas, alegres... con la misma intensidad, aunque su música nos suene diferente, menos excitante e idílica a nosotros los de entonces, con lenguajes diferentes. Poético y entrañable canto de un sentir que me transporta a mío en orvayo de dulce saudade.

    ¡¡¡Me ha encantado!!!

    ResponderEliminar
  4. COMENTARIO DE ROSALVA

    Nunca será lo mismo el recuerdo del ayer a lo de hoy, me gusta como describes el ayer

    ResponderEliminar