27 jul. 2015

La Tierra también se abría bajo mis pies



TERCER DÍA DE FIEBRE (fragmento)

La fiebre debió subir aún más
en aquella terrible tercera noche pues en mis agitados sueños comenzaron a bailar, como un preludio, bidones de gasolina ardiendo en las tiendas de ultramarinos. En una librería de la misma calle los archivos de películas en llamas ardían como pelotas de ping-pong. Por todas partes corrían de un lado a otro vendedores engangrenados y mujeres con herpes zoster. Carreteras sin asfaltar, polvorientas, llenas de caminantes con muletas y Miles de criaturas con los tímpanos reventados aguantaban estoicamente la música de las trompetas del poder y las bacterias debajo de las banderas que se enseñoreaban en modernos vehículos militares.

Vi en mis terribles ensoñaciones
catedrales en ruinas, religiosos con atuendos azules no purpurados, esqueletos amontonados por todas partes y cómo en las esquinas las enfermedades eran llamadas a filas. Supe por aquellas visiones dantescas cómo era posible la existencia del cáncer como única fuente de energía. Los ríos se habían evaporado y hasta la misma Muerte -la estrella implacable- tenía la boca seca. Bajo las plantas de los pies desnudos y ensangrentados, una piel con quemaduras de séptimo grado, la tierra parecía querer abandonar "el Paraíso".

Por los antiguos canales de riego
resbalaban líquidos viscosos cargados de wolframio, iridio y cantidades importantes de cromo como peces brillantes, trozos de madera adheridos a aleaciones de estroncio y platino. Restos de hierro impregnados de indio formaban pequeños lagos fosforescentes cuyo origen era las bombas de racimo. De las entrañas de la tierra subían gases cargados de ytrio, Tántalo y lantano responsables, con su flora y su fauna cegadoras, de las anemias perniciosas.

Me desperté sudando y gritando.
"Cálmate amor –me decía Clara- has tenido un mal sueño". Me puso otro paño frío en la frente y mis ojos se volvieron a cerrar, pero yo continuaba viendo pasar ante mí las estaciones del año sobre aquel paisaje desolador más propio del infierno que de otra cosa. Las bombas creaban una lluvia de estrellas y la metralla producía el granizo de los meteoritos. Veía sin poder hacer nada al sol fundiéndose con la tierra y eclipses humeantes. El termómetro bajo la acción de las llamas reventó y su mercurio cayó como una lágrima en el abismo que se abría bajo los pies de aquellas criaturas para las que no existía refugio alguno.

La Tierra también se abría bajo mis pies
y también bajo los pies de Clara, pero nuestras manos continuaban fuertemente asidas de nuestras muñecas homólogas. Fue en ese momento cuando vimos que se encogían las estrellas, cómo se contraía el espacio como una visión profética, cómo envejecía la luz, cómo las fuerzas interactivas, las fuertes y las débiles, las fuerzas electromagnéticas y gravitatoria jugaban las cuatro al dominó; cómo el tiempo practicaba una vergonzosa mismidad; cómo el mundo se transformaba en una manzana, en una cereza, en un electrón, antes de desaparecer en el no ser.

Clara y yo nos abrazamos fuertemente…
Y de golpe todo se esfumó y la nada se convirtió en otro mundo: el suyo y el mío.

                                                                                Johann R. Bach

2 comentarios:

  1. Es increíble como me he metido en la calor de la temperatura, en las ensoñaciones y el dolor. La tensión para saber como es su final ,encantador..... El desahogo del abrazo es precioso. >_<

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  2. "La Tierra también se abría bajo mis pies
    y también bajo los pies de Clara, pero nuestras manos continuaban fuertemente asidas de nuestras muñecas homólogas. Fue en ese momento cuando vimos que se encogían las estrellas, cómo se contraía el espacio como una visión profética, cómo envejecía la luz, cómo las fuerzas interactivas, las fuertes y las débiles, las fuerzas electromagnéticas y gravitatoria jugaban las cuatro al dominó; cómo el tiempo practicaba una vergonzosa mismidad; cómo el mundo se transformaba en una manzana, en una cereza, en un electrón, antes de desaparecer en el no ser.

    Clara y yo nos abrazamos fuertemente…
    Y de golpe todo se esfumó y la nada se convirtió en otro mundo: el suyo y el mío."Terrible tercer sueño,la apocalipsis humana y del planeta en el absoluto de la nada ,y sin embargo,el íntimo abrazo de ambas amigas engendra otro mundo ,el de la paz,amor ,esperanza y "somos"..Justo lo que se necesita en este tan decadente en el que habitamos,en todos los ámbitos.Te felicito,poeta!!

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