8 oct. 2014

Han pasado muchos años y casi me había olvidado de la primera vez que vi unos ojos como los tuyos mi amor.

MARTA, LA DE LOS OJOS BONITOS

Te observo mi amor
mientras te peinas y veo que tu rostro sigue siendo hermoso.

Han pasado muchos años
y casi me había olvidado de la primera vez que vi unos ojos como los tuyos mi amor.

Fue en Palma de Mallorca.
Era un rostro como el tuyo cumbre de la belleza. Mirando sus ojos todas las penalidades de este mundo podían hacerse soportables.

Los destellos feroces en el placer
que salían de aquellas pupilas eran capaces de cautivar por sí solos. En la soledad de mi apartamento escribí:

Me abrasa el esplendor de ese rostro
que hoy la vida ha puesto en mi camino,
me abrasa su grata insolencia
y sus dos zafiros demasiado peligrosos
para ser contemplados.

¡Me he sentido tan arrebatado!
¡Oh, hermoso rostro!
De ahora en adelante borro de mi espíritu
a otras mujeres distintas exentas
de ese fulgor envolvente de amor.

Estoy cansado de esas bellezas de celuloide;
Ya no me hará falta ir al cine
para estimular mi imaginación.
He terminado con ellas;
cuanto más las miraba peor me sentía.

En tu frente –como en aquel rostro-
habita el amor, una frente donde el amor juega. Esa frente despejada, que se parece al cielo, a una región hermosísima de cielo:

nívea y suave como el alabastro;
dos mejillas de un rojo bermellón, en las que el amor se aloja. Unos labios de coral,

un santuario de besos,
donde mil flores de cuatro pétalos se muestran, y otros mil besos aguardan

el más dulce lugar
de todos los lugares, dulce flor olorosa, donde miel se puede libar miel.

Melíferas abejas,
¿a qué ir ahora tras el tomillo y los tilos? Venid todas a los labios de mi amada: ella exhala rosas.

Entretanto te observo mi amor
mientras te peinas y veo que tu rostro sigue siendo hermoso. Marta me gustan tus ojos.

                                                                            Johann R. Bach

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