14 mar. 2013

EL MISTERIO DE LAS FILOSOFÍAS

       EL MISTERIO DE LAS FILOSOFÍAS

 

 

                                 EL MISTERIO DE LAS FILOSOFÍAS

 

Lo que fascinaba aquí y allá

de los versos de Marta Guillamón era el porvenir, oscuridad resbaladiza anterior a la aurora, en tanto en cuanto que su noche se fuera confundiendo poco a poco con el pasado.

 

Para ella todas las profesiones –vocacionales o no-

tenían algo en común y como los arroyos corrían juntas coincidiendo en sus avenidas con momentos de mayor o menor euforia de las nubes de invierno o primavera.

 

Solía decir que las gotas de lluvia eran

en toda estación los hermosos relámpagos del horizonte y la tierra que debían recorrer antes de ser bebidas por bocas llenas de ansiedad dependía de la autorización de los bosques.

 

"No hay opción posible –repetía a menudo-,

hay que conseguir que el rayo al caer se convierta en el incendio de nuestro placer, mientras que toda otra actividad profesional o no será secundaria y dependiente del dios Eros".

 

"El rayo libera la tempestad

–escribió en cierta ocasión-, permitiéndole colmar nuestros placeres y nuestra sed. ¿No es sensual el rayo de subir, de día, el cubo de la cisterna donde el agua no cesa de bailar el esplendor de su nacimiento entre encaladas paredes?  

 

En momentos de pesimismo,

repetía hasta la saciedad que ya no bastaba el optimismo de las filosofías. Éstas y el arte trágico habían fracasado ya hacía tiempo. Su fracaso sólo beneficiaba a la ciencia-acción, el ardor del azufre y la amargura de la estricnina.

 

"Durante milenios

–explicaba al beber un par de cubatas- voló silenciosamente el Tiempo, mientras el hombre iba formándose. Vino la lluvia convirtiéndose en vino sagrado, infinitamente; luego el hombre caminó y actuó".

 

"Nacieron los desiertos

–continuaba diciendo mientras echaba otro largo trago-; el fuego se alzó por segunda vez. Entonces el hombre con el apoyo de la alquimia que se renovaba buscando la homeopatía y otras ciencias de la salud, dilapidó sus riquezas y masacró a los suyos".

 

"Siguieron el agua

–decía con los labios empapados de ron-, la tierra, el mar, el aire mientras un átomo se resistía a la fisión".

 

Sí sí, no me miréis así:

todo eso sucedía hace pocos minutos. ¿Sólo Marta Guillamón se había dado por enterada?

                                                                                          Johann R. Bach

 

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