28 feb. 2013

UTILLAJE DE MINERO

UTILLAJE DE MINERO

 

El cuerpo me pide que te ame.

Has venido como la ola, sin orden ni concierto y me siento como una niña que se siente mirada y atendida en sus historias explicadas con palabras balbucientes.

 

Me gustaría poderte decir

palabras bonitas simplemente porque quiero decírtelas. Se las he pedido a mis hijos y se han reído de mí porque realmente para ellos sólo fui lo mismo que para su padre: una ama de llaves.

 

Sé que me buscas

porque te gustan las mujeres, pero en tu juego he encontrado la ternura que me fue negada por una sociedad cargada de militares, monjas, jueces y políticos cargados todos ellos de autoritarismo.

 

Siento que explotas mi soledad,

la manoseas y la acorralas con sibilina suavidad y si he de escuchar los consejos de los que me rodean en el taller no me queda más remedio que negarme a tus besos.

 

Soy muy frágil y tú lo sabes.

No puedo evitar esta marea viva que parte de mi bajo vientre e inunda de saliva mi boca. Físicamente soy fuerte porque esa era la cualidad de las mujeres de los mineros, mientras que el corazón es blando como mis labios.

 

Fui educada para amar pasivamente

en un mundo exento de ternura donde yo debía ser la última atendida. No debía envejecer para poder cuidar, por lo menos, a tres generaciones de hombres.

 

Abuelos, tíos, hermanos y cuñados,

hijos y sobrinos tenían, todos ellos, derechos sobre mí por el simple hecho de que haber nacido mujer antes de hora: en un mundo en que todas éramos simples utillajes de minero.

 

Ahora a mis sesenta y dos años

siento por primera vez revolotear las mariposas en mi vientre y por primera vez en la vida no pienso hacer caso a nadie sobre lo que debo hacer con mi cuerpo y mi soledad.

 

Mi sangre no quiere ni paz ni tregua

y pregona con fuerza que soy de estirpe humilde y romera; y, quisiera sólo saber algunas palabras bonitas y sencillas para decírtelas entre beso y beso.

                                                                                     Elisa R. Bach
                                                                            www.homeo-psycho.de

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