17 feb. 2013

LOS AMIGOS. Cap. 3 de "LAS TARDES DE UN ALFÉREZ"

Llamé por teléfono

a todos los números que constaban en mi agenda y de esa manera supe que estaban también destinados en Mallorca Toni y Jaume.

También llamé a Olga,

una antigua compañera de la facultad, que estaba empleada en el aeropuerto de Palma, pero se había casado, tenía dos hijas y poco podía ayudarme a pesar de su buena disposición.

Jaume había sido compañero mío

durante todo el bachillerato superior en el Instituto Balmes. El acabó estudiando derecho después de algunas dudas sobre su vocación.

Acabó decidiéndose a estudiar

esa carrera debido a que empezó a salir con una chica, Clara, cuyo hermano mayor era abogado y finalmente acabó casándose con ella un poco antes de acabar sus estudios y finalmente, trabajando en el bufete de su cuñado.

Para acabar los estudios

Jaume había pedido prórroga durante dos años por lo que fue posible que coincidiéramos en el tiempo y por casualidad también en el destino. Por mi parte, al haber nacido en un pueblo de mar el destino debía ser en alguna plaza marítima. Lo mismo ocurrió con Jaume que había nacido en Mataró.

El destino de Jaume

era de lo más pintoresco. Fue destinado como vigilante a un faro. Normalmente los faros eran vigilados por un cabo y cuatro soldados, pero en la práctica dejaban que lo vigilara un solo soldado mientras los otros, habitualmente mallorquines, vivían prácticamente en sus casas durante todo el servicio militar. Así se ahorraban el coste de mantenimiento de esos soldados.

Jaume estaba encantado con su destino:

leer y pescar sin que nadie le molestara. No estaba mal. Cuando lo visité en el faro había ganado peso y lo encontré de buen humor con lo que deduje que era una de esas personas que son felices junto al mar.

Se puso muy contento,

pero no me podía ayudar en el tema de encontrar un lugar para dormir. Me ofrecía habitación en el faro, pero para ello debería atravesar a diario la isla de punta a punta.

EN LLUCHMAJOR

Solo me quedaba visitar a Toni.

Era un muchacho serio, mallorquín que siguió la carrera de perito ingeniero eléctrico en Barcelona. Mientras estuvo estudiando se hospedó en mi casa de forma gratuita, por lo que éramos como hermanos.

Cuando se enteró de mi destino

en Mallorca me visitó inmediatamente en el cuartel.

Toni era natural de Lluchmajor

y coincidió también en el tiempo y destino con el mío. Su familia tenía un apartamento en S'Arenal a tan sólo doce kilómetros de Palma y además la parada de autobús estaba ubicada frente al cuartel.

Me dio las llaves del apartamento,

me invitó a comer en Llucmajor, me presentó a sus padres, a sus hermanas y sus novios. No me admitió que le pagara nada en concepto de alquiler.

La casa de Lluchmajor era una auténtica

casa de campo. Recuerdo la comuna que se componía de un banco de madera en el que en el centro había una tapa redonda cónica que encajaba perfectamente en la abertura que servía de taza y los excrementos caían en un patio al aire libre.

María, la hermana mayor de Toni

era algo rechoncha con la cara redonda y vestía siempre con vestidos oscuros típicos de campesinas de otra época. Su novio era un chico que cultivaba sus propios huertos. Era de Randa y hablaba con un acento tan cerrado que me era imposible entender ni una sola palabra.

Era celosa y vigilante de la moral

de la familia, cargo que le correspondía por ser la mayor y por ser mujer. Recuerdo que en cierta ocasión Teresa, la hermana menor se puso enferma y fui a visitarla. Estaba en una enorme y alta cama de una habitación amplísima y con poca luz natural a causa de una minúscula ventana. María no nos dejó solos ni un minuto durante toda la visita.

Teresa era mucho más estilizada

de tipo, su cara ovalada era hermosa y alegre. Tenía una relación con su hermano Toni muy especial. Eran confidentes y el liberalismo afloraba en todas sus conversaciones. Vestía ya en aquellos años con tejanos; trabajaba en una especie de pequeño local a modo de quiosco cambiando moneda a turistas.

El novio de Teresa era un encargado

de una fábrica de zapatos de Manacor, era más elegante que moderno, pero también de aires liberales. Era una persona que quería prosperar y hablaba de negocios y producción fabril de forma moderada pero lo hacía con placer.

Toni era en todo ese ambiente

la persona que había salido de la isla, había trabajado adquiriendo cierta experiencia en lo que entonces era la empresa eléctrica Fecsa. Estaba al corriente, aunque sin tomar partido, de todos los movimientos universitarios.

En la plaza de Llucmajor

junto al Ayuntamiento había una especie de bar-casino en el que se reunían a tomar café Carles, Toni y un señor mayor primo, según decían de Garicano Goñi un político de la época que se habría librado de la quema del gobierno del Opus debido al caso Matesa porque era muy buen político.

Carles era de la misma edad que Toni

y estaba muy politizado pues todos los miembros de la familia eran carlistas. Un movimiento histórico reducido, pero antifranquista. Fue él el que me presentó a Tomeu, Xavier, Isabel y Trini responsables de sendas células comunistas de la isla.

No era exagerada toda aquella publicidad

sobre playas paradisíacas, caminos y pueblos de encanto, románticas historias sobre Chopin y Santiago Rusiñol, sobre la Cartuja de Valldemossa, sobre el hechizo de las misteriosas Coves del Drach en Porto Cristo y tantos otros atractivos de su paisaje.

Poco a poco me fui dando cuenta

que el mundo mallorquín y por extensión todo el archipiélago merecía ser vivido. No era mentira toda su poesía.

Hablar de Les Illes es ensueño,

respirar luz, confundirse con esa tierra emergente y sonreír con sus pobladores. No nos engañemos: ahí surgió un Edén y con algunas dificultades aún se conserva.

TOMEU, XAVIER, ISABEL Y TRINI

Tomeu y Xavier eran unos jóvenes

entusiastas de todo lo que oliera a revolución. Eran auténticos camaradas en todo.

Cada uno de ellos

a pesar de sus escasos veinte años eran responsables de dos células comunistas integradas por una veintena de jóvenes cada una.

No quise saber,

por razones de seguridad, si habían más de esas células en la isla ni nada relacionado con su jerarquía.

Iban siempre acompañados,

como si fueran sus novias, por Isabel y Trini que evidentemente no eran sus nombres reales sino sus apodos de "guerra", a pesar de su juventud. Ambas tenían sólo dieciocho años y, aparentemente, la militancia revolucionaria parecía ser lo único que podía llenar sus vidas.

Eran una especie de secretarias:

se tomaban muy en serio toda la actividad "política" que en realidad no era más que un adoctrinamiento intensivo destinado a crear una cantera de futuros propagandistas políticos.

Desde el primer momento

Tomeu y Xavier –curiosamente esos eran sus nombres reales- me propusieron dar unas "charlas" sobre temas de interés juvenil en una especie de club de rock que servía de tapadera para sus actividades.

Esas charlas debían tener el aire

de actividades completamente legales, pero en realidad Isabel y Trini controlaban que no se infiltrara algún desconocido. Más que conferencias eran discusiones más o menos dirigidas a crear un "espíritu crítico".

Me pasaron un pequeño guión

de temas preferentes a tratar: cine, teatro, literatura, sexualidad, música, historia, etc.

Me di cuenta

que en ninguna de esas materias tenía algo que decir y sin embargo acepté con la condición de ser más que un mero comentarista en los diálogos que se suscitaran.

Me comprometí a asistir a esas charlas

de momento sólo los jueves. De todas formas no sabía en qué podría ocupar mis tardes libres.

Por otro lado me halagaba

sobremanera esa propuesta a pesar de que yo apenas había cumplido los veinticinco y no sabía exactamente qué era lo que yo podía aportar.

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