21 ene. 2013

TORMENTA EN CADAQUÉS (www.homeo-psycho.de)

TORMENTA EN CADAQUÉS

 

¿Recuerdas Marta

aquella tarde que la lluvia era tan intensa? 

 

No podíais salir de la escuela

y el maestro te pidió que distrajeras a los niños más pequeños. La tramontana hacía impracticables las calles.

 

Mirad los mapas

–comenzó Marta Guillamón tomando el aire de un gran orador-, mirad esos colores algunos de los cuales aún no conocéis su nombre:

 

El color pardo

es lo que os han enseñado a llamar marrón; se reserva para las montañas mientras que el azur no es el azul mal pronunciado, indica el mar;

 

el color sepia –inventado por un geógrafo triste-

sirve para indicar los caminos de tierra y el siena para las carreteras, pero vosotros aún sois muy pequeños para apreciar esas diferencias;

 

el amarillo quiere señalar los campos

como si en todos ellos se cultivara el trigo; ese verde pastel, distinto del verde lechuga, pretende recoger la idea de los valles por donde discurren los ríos;

 

el verde acelga

señala los bosques y el verde oliva se reserva para los jardines y parques de los pueblos;

 

las líneas negras

marcan el trayecto de los trenes; el rojo la frontera con Francia y las estaciones construidas cada seis kilómetros donde los pasajeros eligen entre ir a pie o en tren.

 

Otros colores son tan bonitos

que no los ponen en los mapas para impedir que los niños se distraigan en la clase.

 

Mis padres me han contado

que en los institutos hay mapas de los cielos con reflejos fucsia el color de las flores del granado;

 

el color plata se emplea en ellos

para simular los tenues hilos de luz de las estrellas y el magenta abunda entre los soles gigantes.

 

En esos mapas abunda

la mezcla del gris anaranjado para agrupar las estrellas en constelaciones que reciben nombres fantásticos: El Arquero, El Cangrejo, Osa Mayor, Orión, Musca, Nave de Argos…

 

Mirad: ha parado de llover.

El sol se abre paso entre las nubes y el arco iris quiere alegrar la tarde; entre sus colores se halla el violeta con sus bordes lilas y púrpuras muy abundante entre las flores; y, el añil el gran desconocido…

 

                                                                                       Elisa R. Bach
                                                                          www.homeo-psycho.de

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