4 oct. 2012

REQUIEM EN DARNIUS

                 REQUIEM EN DARNIUS

 

¡Oh noche!

 

Habrá un tiempo a qué negarlo,

probablemente un fin de ciclo de un acontecer eterno donde juntar el réquiem de los pájaros sobrevolando las cenizas del mundo, y el réquiem de las nubes confundiendo la luz entre sus sombras,

 

con el réquiem

de las tormentas, el de los rayos sobre los cuerpos desnudos e indefensos como en el descomunal Fukushima, y también con el réquiem de los naufragios, el de todos los genocidios, el de las tramontanas desencadenadas, el de los campos enmudecidos por la sed.

 

¡Oh noche!

Habrá sin duda que prepararse

para el réquiem de todos los bosques -desde Darnius a Cadaqués- clamando agonizantes al mundo o a la ONU, el réquiem de los gritos, de todos los gritos de todos los llantos.

 

No será necesario inventar

el réquiem de los dioses y sus sacerdotes -jefes de religiones no liberadoras- hacia su ocaso, hacia su lento y delirante ocaso, ni el réquiem de los árboles, clavados en la tierra sus sentidos, y el de las constelaciones, meteoros y estrellas fugaces.

 

¡Oh noche!

 

Afortunadamente –para nuestra psicología-

estamos fuera de esa inmensa escala de espacio y tiempo. No podemos siquiera compararnos a dos simples hormigas que serán arrasadas por una presa hidráulica mientras, ajenas a esa desgracia, se besan.

 

Pero aún en el caso de que cantáramos 

el réquiem de los siglos convertidos en polvo, un día en que lo unitario enmudeciera nuestras voces, estrangulara nuestros impulsos y el sol convertido en gigante roja descuartizara nuestro mundo, el mar continuaría estando lleno de ese color al que la piel se entrega.

 

                                                                            Elisa R. Bach
                                                                   www.homeo-psycho-de

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