GRACIA, LA HIJA DEL ALCALDE
Al fondo del Pasillo
puedo ver cómo Gracia –la hija del alcalde de Salamanca- quiere imponer sus ideas feministas a un grupo de jóvenes profesoras. En su "ardor revolucionario" no duda en ponerse ella misma como ejemplo:
He dejado a mi marido
–puedo oírla muy bien desde aquí- cuidando de mi hijo, mientras yo me divierto en París. Porque divertirse es también un derecho femenino. Después de todo a ninguna mujer le viene mal un par de semanas lejos de la familia… y si cae algún apache sobre el que cabalgar por las noches mucho mejor…
La veo cómo, satisfecha,
se lleva la copa de cerveza aderezada con coñac a los labios. Ha fijado sus ojos en Pierrot. Al contemplar su masculino mentón se le revuelven las mariposas en su vientre. No puede ocultarlo. Aumenta su sudor y en las mejillas aparece el carmín. Pronto olvida sus teorías feministas. Avanza hacia él y le ofrece una galletita…
Su conocimiento de la lengua francesa
es bastante superficial a pesar de que estudió filología francesa en Salamanca. Cada vez que oigo la frase "el que quiera saber que vaya a Salamanca" pienso en ella. En su cabeza hace ya tiempo que entró la idea de que para defenderse en la vida a una mujer no le hacen falta conocimientos especiales: es suficiente no dejarse seducir por un hombre más joven que ella, más inculto que ella, más bajito que ella, más pobre que ella… es decir, hay que jugar siempre a ganar…
Pero ahora entre los brazos de pierrot
ha dejado de pensar y sólo quiere ser.
A su alrededor se ha abierto un corro,
todos callan y la música de la danza apache invade las mansardas… La fiesta entra en una fase alegre y aún no es medianoche… Al ver el baile de la improvisada pareja todas las almas están en vilo. Sólo yo, la narradora, conservo la calma.
J. R. Bach













