12 nov 2016

Su lengua atravesaba el caos entrópico y su alma estaba colmándose de calor.


13, Bd. Raspail

Antoin y su esposa Rosa
lo habían dispuesto todo hasta el último detalle: En la primera habitación, a modo de recepción habían colocado una pequeña mesa con unas hojas cuadriculadas donde deberían firmar todos los asistentes y, entrando a la izquierda, junto a los tubos de la calefacción, un par de barras que hacían las veces de armario ropero. En el angosto pasillo habían colocado los dibujos del perfil de todos y cada uno de los convocados. Frente a la salita de recepción una gran sala estaban acumuladas las cervezas, el coñac, el calvados, el Côtes du Rhon, las litronas de vichy, la naranjada, los canapés, las chocolatinas, las servilletas de papel, platillos, cuchillos y tenedores de plástico…, el champagne y sus cubitos de hielo aguardando en la nevera junto al jamón en dulce, el queso de Camembert y el sorbete Le Trou Normand…

En la habitación Número Tres
había colocado el simpático matrimonio una mesa redonda con un tapete de lana verde como para leer las cartas o la buenaventura. El resto de habitaciones se habían llenado con sillas plegables de madera. En el fondo del pasillo se hallaban dos lavabos con sendas tazas a modo de las antiguas comunas y lo que venía a denominarse cocina: una estancia con una pica y una cocina eléctrica con dos fuegos.

Las paredes de todo aquel conjunto de mansardas
estaban cubiertas con papel pintado antiguo y probablemente con su contenido arsenical. No era precisamente un lugar alegre. Por otra parte las ventanas de las habitaciones de la parte derecha del largo pasillo daban al patio interior de manzana desde donde podía verse el lujo de los apartamentos que tenían su fachada al famoso Boulevard Raspail.

El primero en acudir a la fiesta
fue Alejandro bisturí que soñó con ser llave para abrir el corazón y sus ventanas.

Su pretensión
de convertir el escalpelo en pluma sanadora, el poema en corazón y la sangre en lenguaje no llegó nunca a materializarse.

Ignoraba que cualquier oficio
contiene herida y cauterización.

Amputaba sonidos
y no percibía que en la palabra bosque, late el árbol, en la palabra rama la madera y en la palabra hueso vive el esqueleto.

El segundo en alcanzar las mansardas del edificio
fue su amigo Fernando. Debido a una desgraciada fobia a meterse en un ascensor había subido por la escalera de servicio.

Su lengua atravesaba el caos entrópico
y su alma estaba colmándose de calor.

Jadeante –os lo aseguro- exclamó:
¡Socorro, no entiendo nada! ¿Por qué se hace la fiesta en estas cochambrosas mansardas?

La ciudad de París
se convertía en imagen condensada de una pretendida  "cultura universal" , una cultura que, en su totalidad, como dicta el mito clásico de Narciso1, está enamorada de sí misma.


(1)Nota de la narradora:
La palabra Narciso procede del vocablo griego "narcosis" adormecimiento.

                                                                                                             J. R. Bach

10 nov 2016

HOY COMIENZO A ESCRIBIR OTRA NOVELA. He aquí la portada


GRAVILLA DE ÁNFORAS ROMANAS

Cuerpos ausentes que habíamos amado,
rehechos a partir de un puñado de metales oxidados sobre el Mármol Pulimentado volvemos a nuestros antiguos pensamientos, y con atónitos espíritus que se parten de risa ante la indiferencia de una rosa que,

reencarnada por vigésimonónica vez,

(después de cuatro ciclos múltiplos de siete) aún sigue encandilándonos; ante la imagen de la hormiga que lanza mordiscos sobre sus peciolos; ante el grito surgido de las carótidas del grillo…

                                                                                                     Johann R. Bach


9 nov 2016

En los cristales de las ventanas golpea un vientecillo, dentro de la casa se seca el sudor


EL OTOÑO SE APAGA

Siento que esta noche
hace un poco de fresco. El otoño y su viento ya se apaga. El tiempo parece querer cambiar el apacible cielo constelado.

En los cristales de las ventanas
golpea un vientecillo, dentro de la casa se seca el sudor y en las calles se acumula la hojarasca. ¡Por fin un receso!

En plena  noche
aún se oyen claramente las conversaciones de las terrazas y la voz debajo de los árboles que dice: "ya no volveré. Me echaste de tu lado y me obligaste a rehacer mi vida lejos de tus ojos. Eso, que lo sepas".

A través de la ventana entornada
se oye la guitarra de un estudiante –músico aficionado- y su música que, a fin de cuentas sube desde la plaza y se une a toda esa música exquisita, sutil, y organizada de los astros.

Siento que esta noche
hace un poco de fresco. El otoño y su viento ya se apaga mientras crece en mis entrañas la ansiedad…

la ansiedad por volver a echar los dados.

                                                                                    Johann R. Bach

6 nov 2016

Y ya sabes que yo también fumaba después…


UN CALDO ESPESO CON SULFITOS

En esta fría y solitaria noche
sin más luz que la de tu recuerdo fumo y quemo en cada blanca bocanada de humo un poco de mi humana histamina pulmonar.

Alquimia del vino con sulfitos, tabaco y memoria
donde mi vida se transmite en sombra gris naranja donde lo que no es te nombra y busca nuevas formas de entender tu partida.

En cada trago de ese espeso caldo
paladeo la despedida de todo lo que he sido y que arde en la penumbra todavía donde la nada vela por la vida.

Y ya sabes que yo también fumaba después…
como absorbiendo el impasible azul de sólo ser. Veía, a través del humo, vetearse con el rojo relámpago imprevisto: era placer… oceánico.

Poco a poco el caldo espeso con sulfitos
va sustituyendo el tabaco y el recuerdo de aquella fina telaraña, red coralina que de lo hondo ascendía como un manojo de lágrimas sanguíneas hasta el ojo.

Pronto sólo el café acompañará
al espeso caldo rojo con taninos y sulfitos.

                                                                                    Johann R. Bach

Els clùsters aquests paquetets de llum que ens permeten salvar grands distàncies

                                         
ELS NOSTRES ULLS

•            Fins les estrelles més properes es troben a distàncies impossibles de  recórrer per l'home, però no tot allò que s'hi refereix està lluny de nosaltres. La seva llum ens arriba contínuament tot omplint la nit de bellesa.

•            De la mateixa manera la fulguració de la nostra ànima, submergida en la profunditat de la personalitat humana, aflora a través dels ulls, tot originant un vertader concert polifònic.

•            Correspon al metge holístic reconèixer en els signes i símptomes que es manifesten a través d'aquests autèntics volcans la malaltia real, profunda i individual.

                                                                                            Johann R. Bach

Portada de la versió en català de la novel·la "Jo, Marta Guillamon i els Homes de la Meva Vida"


JO, MARTA GUILLAMON
I
ELS HOMES DE LA MEVA VIDA

                                                                                      Johann R. Bach
                                                             Versió en català de Dolors Viola Brufal



5 nov 2016

YA ESTÁ EN LA IMPRENTA LA SEGUNDA EDICIÓN DE LA NOVELA "Yo, Marta Guillamon y los Hombres de mi Vida"

YO, MARTA GUILLAMON
Y
LOS HOMBRES DE MI VIDA

Para conocer a los hombres
no tuve que acostarme con todos ellos. Como no me bastó con mirar a mi alrededor, observar a los compañeros de mis amigas y escuchar lo que de ellos decían ellas,

tuve que leer El Quijote,
el Código civil y el Código Penal. Y aun así tuve que grabar en mi ADN la mayoría de las guarradas de los dioses de El Olimpo.

Sigue no obstante, la luz de lo alto
a los hombres hablando llena de hermosos sentidos;

la voz del celestial tonante
clama inquiriendo si aún lo recuerdan;

la onda enlutada
eco le hace en su duelo y repite: "¿ninguno en mí piensa?"

Los seres celestes
gustan de un nido en los pechos sensibles, siguen gentiles las musas al hombre esforzado inspirando,

hoy le acompañan lo mismo que antaño
y envuelve las cumbres de las montañas que vieron su nacimiento,

pervive e impera
y en todo preséntase el aire para que unido en los brazos de Eolo ora para que todo un pueblo a la vieja dicha retorne y

a todos un común espíritu sea.

Y aunque hay muchas mujeres que dicen
que los "buenos tiempos" fueron con mucho los peores de todos –cuya sana doctrina yo también acepté, confundida, en cada ápice-

sin embargo, sigo, con todo,
creyendo a éstos un tanto peores que ellos.

He estado meditando - ¿es así como se dice? -;
me gustan las palabras de los hombres a pesar de sus modales, pues a las mujeres nos enamoran por el oído.

He estado meditando, repito,
si sería lo mejor tomar las cosas en serio, o todo en broma;

si con el adusto Heráclito de antaño,
llorar, como lo él lo hizo, hasta que escuezan los ojos, o bien reír con aquel filósofo extraño,

Demócrito de Tracia,
que solía pasar cada página de su vida sonriendo a los dobleces como diciendo: "¡Vaya! A quién diablos le importa cómo es un hombre!" Tantos y tantos como hay para reemplazarle.

                                                                                              Johann R. Bach

3 nov 2016

Eso, que lo sepáis. Estamos bien todos y no tenéis de qué preocuparos.


 ESCALERA DE MÁRMOL

Hola soy Ermessenda
y me han encargado los Huéspedes de esta Casa que os diga que no os preocupéis por nosotros: aquí en esta prodigiosa Pensión llena de libros estamos todos bien. Sólo que ya estamos muy arriba en esa Escalera de Mármol y que eso que llamáis “más allá” existe. Eso, que lo sepáis.

Al principio no entendí
nada pues un sentimiento de mágico terror se había apoderado de mí, como si de repente me hubiera encontrado frente a toda la decadencia de occidente y al encanto de una civilización nueva.

Ya estaba oscureciendo.
Mi amiga Cassia se hallaba igual que yo llamando al timbre de la puerta de un piso Hausmann de París. La Escalera estaba a oscuras y nos alumbrábamos con una pequeña linterna.

¿Qué sentido tenía todo aquello
de llamar tres veces antes de que la Funcionaria de turno nos abriera la puerta para atendernos?

¿Sería quizá que…?
No. Desde luego hablando por teléfono me pareció que la Bibliotecaria que me informó era una persona formal.

¿Qué sentido tenía
el que nos convocara a las dos, a Cassia y a mí, a la misma hora?

Cierta amargura e insatisfacción
me había quedado en la boca disueltas en la saliva –lo reconozco- por toda aquella vaguedad negruzca, como si hubiera mordido una piña de ciprés.

Y, sin embargo, al mismo tiempo,
sentía algo firme, rico, limpio, que me procuraba una euforia especial y me hacía pensar con precisión matemática con cuanta facilidad me iba a adaptar a una vida diferente en muchos aspectos; una vida muchísimo más placentera que la anterior, junto a Cassia la Dama de mis Sueños.

Eso, que lo sepáis.
Estamos bien todos y no tenéis de qué preocuparos. Eso sí, os agradeceremos de todo corazón a los Amantes de los Libros y de la Metafísica que por lo menos una vez al año nos enviéis flores.

                                  Jardines de Pere Lachaise a dos de noviembre de 2.016
                                                                                  Ermessenda y Compañía



2 nov 2016

Poco conocía yo entonces el verdadero valor de los bienes que se me aparecían en aquella visión


CASSIA Y EL ÁRBOL DE LA VIDA

Desde que seguí aquel tratamiento para crecer tuve varias "crisis" en mi pensamiento. Algunas veces dudé de si mi cabeza era la misma de siempre.  Durante esos episodios en que yo, desdoblándome a cada momento, tenía sueños continuamente sobre accidentes, entierros, serpientes, mangueras que chorreaban aceite o cerveza en lugar de agua, lagos infectos de aguas negras cloacales…

Pero los sueños que persistían durante muchos días, incluso semanas, eran aquellos en los que imágenes paradisíacas se entremezclaban con alegorías religiosas. Hasta pensé que no era nada descabellado el tomar los hábitos de alguna orden religiosa. Recuerdo que en una noche de un agosto sin luna mi primo Zenón y yo, tumbados boca arriba sobre una alfombra de hierba corta y matas de romero por todas partes, mirábamos el cielo completamente estrellado.

No había una sola nube que perturbara nuestra visión, el aire estaba en calma y la sinfonía de los grillos acompañaba la cadencia de nuestra respiración. Debió ser a causa del descenso de mi presión que de golpe fue apareciendo ante mí un árbol, un enorme Árbol de la Vida y en lo más alto de su copa, como en una alegoría del Paraíso se posó algo o alguien como si se hubiese transformado en cormorán.

Poco conocía yo entonces el verdadero valor de los bienes que se me aparecían en aquella visión aunque sí sospechaba ya que las mejores cosas se pervierten por los abusos que de ellas se hacen y por su vil aplicación. Ensimismada en aquellos pensamientos, me sentí como si me hubiera refugiado debajo de aquel sagrado Árbol de la Vida. Debajo de él, maravillada, contemplaba nuevamente las delicias expuestas a los sentidos humanos, los tesoros de la Naturaleza entera en breve espacio comprendidos;

Aún más, el Cielo con sus millones de ojos veía sobre la Tierra que ese Jardín era un gozoso Paraíso, plantado por el Ángel Montserrat al de una pequeña península. Desde las Islas Cíes mi ángel extendía sus confines hacia Oriente como buscando la península del Cap de Creus poblada desde antiguo por reyes griegos, o hasta Tortosa en donde, mucho tiempo antes, moraron los artesanos del estaño del Edén.

En aquel suelo placentero –donde Zenón y yo estábamos tumbados-, Dios había puesto para nosotros su aún más placentero jardín, y de su fértil terreno hizo brotar todos los árboles de la más noble especie de castaño de Galicia por su aspecto y propiedades nutricionales hasta los más olorosos naranjos y los más vigorosos olivos de Cadaqués. En medio de ellos descollaba aquel Árbol de la Vida de una eminente altura, rebosando fruto ambrosíaco de oro vegetal y que los niños de Cadaqués lo denominaban "dimoni"; y junto al de la vida, destacaba el Árbol de la Ciencia usado en casi todos los cementerios.

En la zona del sur de aquel edén un gran rio transcurría que sin cambiar de curso por debajo de las suaves y afelpadas colinas, porque el Ángel Monserrat había puesto aquellos llanos como los más fértiles del jardín, erguido sobre una lenta corriente, que las venas de la porosa tierra hacia arriba absorbían lentamente y de la que manaban frescas fuentes que regaban el jardín con arroyuelos acequias naturales. Éstos después se unían y surcando el claro escarpado se encontraban con el caudal aguas abajo, que al salir de su trayecto oscuro, después de haber saciado la sed de los habitantes de Tortosa, se partía en cuatro importantísimas corrientes que fluían separadamente y que vagaban  por todo el imperio del Delta.

Sí debo decir, antes de acabar la descripción de aquella visión, cómo, si es que el arte de escribir puede, salían de aquellas fuentes de zafiro, los riachuelos encrespados que corrían sobre la perlas de oriente y turquesa arena, y en meandros errantes bajo umbrías enramadas, derramaban néctar, bañando cada planta, y nutriendo las flores dignas de aquel Paraíso que ningún arte jardinero había puesto en bellos lechos ni en curiosos cuadros, sino que el don de la Naturaleza se vertió en abundancia sobre el valle, colinas y llanos, tanto donde el sol mañanero caldea el campo abierto como donde la sombra impenetrable oscurece las frondas meridianas.

No se borró de mi retina, durante meses, aquella visión que me invitaba a poner patas arriba todas las ideas materialistas que recorrían en aquellos años todo el mundo universitario.

                                                                             Johann R. Bach


Nuestra madre decía que donde comen seis pueden comer nueve.


VIDA SENCILLA

El nombre de Asun se lo debo a mi tía.
A mi hermano mayor le pusieron el nombre del abuelo al que no conocimos: Carles. El nombre de nuestro padre Joan fue para mi hermano menor. De haber tenido otra hermana le hubieran puesto el nombre de nuestra madre: Marta.

Compartíamos la casa
con otra familia: el señor Roca, su esposa Rosa y Teresa su hija. Nuestra infancia fue sencilla… como la de otros niños.

El señor Roca siempre hablaba de negocios.

En medio de la quietud del tiempo
oíamos el pasar de la página como si una puerta secreta se abriera a un paisaje blanco, diáfano. Y en ese momento una puerta se abría en realidad. Llegaba nuestro padre.

Nuestra madre ayudada por Teresa
–la hija del señor Roca- ponía la mesa. Nos llamaba. Todos bajábamos la escalera interior con presteza excepto el señor Roca pues se molestaba si se le interrumpía su discurso de tal o cual negocio.

Nos sentábamos a la mesa y comíamos,
oyendo afuera el rumor de las olas. Nosotros no hablábamos en la mesa. El señor Roca insistía en hablar de negocios con nuestro padre.

Así era de sencilla, pues, la vida en Cadaqués.
Así de hermosa.

Rosa –la esposa del señor Roca-
se inclinaba hacia su plato y lloraba. Nuestra madre apoyaba la mano en su hombro. "Es de felicidad" se justificaba ella.

Nosotros mirábamos hacia otro lado
simulando que no nos enterábamos de nada. Afuera la noche inmensa y transparente con una luna delgada como un pétalo de rosa olvidado entre las páginas amarilleadas de un libro quieto y cerrado.

El señor Roca siempre hablaba de negocios.
Nosotros nos asomábamos a la ventana y le decíamos: "mire señor Roca por allí va el socio capitalista". El hombre se acercaba a los cristales y no veía nada. Nosotros reíamos. Nos burlábamos de él pues ni siquiera sabíamos qué era aquello de "socio capitalista".

El señor Roca no hablaba de otra cosa que de negocios.
"He tenido varias zapaterías en Nueva York" –solía decir. Se suponía que en algún momento fue una persona adinerada.

El señor Roca, Rosa su esposa y Teresa la hija
eran el ejemplo de una familia venida a menos. Vivían con nosotros acogidos a pensión completa. Nosotros éramos felices con su presencia en la casa. No sentíamos lástima por ellos: el menosprecio era algo ajeno en nuestra familia. Nuestra madre decía que donde comen seis pueden comer nueve. Y así era.

Nosotros valorábamos mucho su compañía:
Teresa nos enseñaba a sumar y a escribir, tenía muy buen carácter y la queríamos como una hermana mayor. Recuerdo que en las noches de otoño ya empezaba a hacer frío y Teresa dormía con nosotros en una gran cama de hierro. Nos abrazaba y nos daba calor mientras nos explicaba cuentos.

Rosa Tenía treinta años menos que su esposo
y se había casado con él porque siendo empleada suya quedó embarazada. Él, con la promesa de hacerla responsable de una de los establecimientos de Nueva York la sedujo como se seducía en la época a las empleadas. Justo después de la boda Los Estados Unidos decretaron restricciones a los extranjeros, le denegaron la renovación del visado.

Para nosotros era una felicidad
ver que nuestra madre, tía Asun y Teresa se miraban en el espejo preocupándose de su peso; nos gustaba verlas ocupándose un poco de ellas mismas y nos quedábamos boquiabiertos observando cómo se hacían el moño, cómo adoraban el yogurt y su brillo fresco, marmóreo, azulado a la luz de los quinqués.

Éramos felices al lado de aquel anciano y su familia. Sus insistentes referencias a los negocios reales o imaginarios eran para nosotros algo divertido, a pesar de que no entendíamos ni papa.

Así era de sencilla, pues, la vida en Cadaqués.
Así de hermosa.

                                                                                          Johann R. Bach

31 oct 2016

Eso, que lo sepáis. Ya está lista la novela y entrada en la imprenta "Retales de Algodón" -la última de la trilogía "Dibujos y Paisajes de Cassia" "El Arte Gótico de los Huesos" "Retales de Algodón" y que se la dedico a todos los amigos de Google +

RETALES DE ALGODÓN

El alma jarra de porcelana
es una cavidad profunda –oscura- donde las percepciones
se transforman en sentimiento, punzada,
vibración interior como una caja de resonancia.

                                                                                                     Johann R. Bach

Te debo a ti y a Ermessenda estos dos colores naranja y mostaza que llenaron desde el Principio mi antiguo hogar.


LA TARDE DE CLEMENTINE

Toda una tarde de Domingo,
lenta, coagulada en los cristales de este humilde Hostal de Algodón mientras tú Cassia dibujas mis últimos contornos.  Miro con satisfacción sin cesar, tu mano de marfil.

¿Cómo decirte lo que ya flota en el aire?

Veo cómo tocas, Cassia, hoja de plátano ocre,
guante de seda y su hueco cálido, golpe de trazo o caricia, serenamente, la piel de la Amazona de Platino.

Te debo a ti y a Ermessenda
estos dos colores naranja y mostaza que llenaron desde el Principio mi antiguo hogar. Agradezco al Destino esas dos flores reencarnadas en vosotras que perfuman toda la Casa y que se derrama hacia la calle llena de bullicio porque afuera la fiesta vive ajena a la nostalgia.

Debes tener tus motivos –bien claro está-,
los olivos, la lluvia, las viñas, los acantilados y playas de tu mar, las raíces, cada hoja de tus libros, las herramientas jardineras, el mes azul dentro de la cisterna, el pijama bordado con el arco iris…, para desear volver con los tuyos, con las chicas amigas de la noche y de un mar envuelto en papel de celofán.

No seré yo quien te lo impida.
Tienes siete oportunidades aún de volver a recorrer mundo de materia superficial. Pero si decides no volver atrás, oirás, en la medida que vayas subiendo esos escalones verdes de cobre oxidado, cómo la música de la lluvia, toda húmeda, lentamente, se va alejando de ti.

Sí, sí amiga Cassia,
todavía estás al Principio de una escalera hilo de cobre suspendida del infinito por donde sube completamente desnuda la libertad… el arte… la poesía…

                                                                             Johann R. Bach

Es un recipiente (el alma) que tiene peso, densidad, humedad tierna, piadosa, añorada:


EL ALMA JARRA DE PORCELANA

¿Qué opinas amiga Ermessenda de la juventud?
–preguntó Clementina en una de esas tardes nostálgicas de domingo. ¿Qué me dices de Cassia, Laia, Agnés…?

Creo –respondió Ermessenda-
que lo que mejor caracteriza a la juventud es su candidez falda del día soleado.

También creo que es una etapa
donde las almas trémulas manifiestan con mayor fuerza su ansia de justicia.

-¿Pero qué es el alma para ti Ermessenda?

-El alma jarra de porcelana
es una cavidad profunda –oscura- donde las percepciones se transforman en sentimiento, punzada, vibración interior como una caja de resonancia.

Es un recipiente que tiene peso,
densidad, humedad tierna, piadosa, añorada: lugar donde quema el fuego de la aspiración (proyectos futuros) y las candelas del sueño y la memoria.

Así es un poco el alma,
que tiene bastante de extraña y misteriosa.

Por suerte nosotros, todos Huéspedes de esta Casa de Algodón, hemos comenzado ya el apasionante viaje hacia el Ápex que supone una maravillosa recopilación de respuestas

                                                                                 Johann R. Bach

30 oct 2016

"...les cuesta incluso a los científicos reconocer que todo lo que se halla en el planeta es natural..."


BRUNO VISITA EL LOUVRE

Las estatuas de los dioses griegos
–explicaba Bruno durante la cena- son dos veces y medio el tamaño de un ser humano normal y hoy lo he podido comprobar pues he visitado El Louvre.

Lo he leído en el folleto
que he comprado en la entrada. En él se explica que la ampliación es lo suficientemente pequeña como para que la figura siga siendo familiar, pero lo suficientemente grande como para que te sientas muy extraño al estar a su lado.

La mayoría de los mortales
detectan cierta amenaza inminente, pero su sentido común les dice que no hay peligro, de modo que no salen huyendo del museo. Mantienen una distancia que parece respetuosa y no se acercan demasiado aunque la curiosidad sitúe en sus corazones el deseo de hacerlo.

La "Victoria de Samotracia",
al estar colocada en lo alto de una escalera aumenta esa sensación de poder, al despuntar sobre una ola. Mirándola me he sentido muy confuso, pues me ha parecido ver mis ojos en su cara, sus ojos en una cara como la mía.

Ahora mucha gente en el planeta Tierra
quiere ser natural y sentirse unida a la tierra. La moda ostentosa es ya residual. Al parecer no se han enterado aún que el isótopo Germanio 123 es uno de los componentes –junto al azufre- responsable de la eliminación de las toxinas ingeridas por los carnívoros.

Aún no han aprendido a usar adecuadamente
ese alumino-silicato potásico llamado Adularia por extraerse de las canteras del pueblo Adulaire de Suiza. Todavía no han llegado a comprender que los feldespatos tienen, aparte de ser exhibidos en las colecciones mineralogistas de los museos, muchas otras aplicaciones; les cuesta incluso a los científicos reconocer que todo lo que se halla en el planeta es natural y que en el cuerpo humano se hallan todos y cada uno de los minerales de la tabla periódica si exceptuamos el misterioso Bario.

El siglo XX se empleó a fondo
en la explotación del oro negro el petróleo y a punto estuvo de desplazar la ambición del oro de los humanos que sin duda esa ambición ya está siendo sustituida por la fiebre del oro azul. Pero esa fiebre también desaparecerá como desapareció en la antigüedad la ambición por el estaño. El siglo XXI aún no será el siglo del platino…

A la salida del Louvre
le he comprado a un artista modesto una escultura en miniatura de la "Victoria de Samotracia" realizada con alambre de latón dejando entre las espirales de metal unos huecos que recuerdan las esculturas de Gargallo. El artista, casi no podía creer que alguien le comprara una de sus obras.
                                                                                       Johann R. Bach

29 oct 2016

La visión de Clementine es un concepto elaborado desde la experiencia vivida en la comodidad de algodón


LA OPINIÓN DE CLEMENTINE

Clementine dice que no hay que apresurarse a morir
pero tampoco hay que temer a la muerte. Dice que es como dormir y dormir es algo que siempre ha estado deseando hacer al final de un largo día. El problema se plantea en el momento de despertarse después de ese largo sueño momento en el que el despiste es total y la memoria ha de quedar aletargada durante un tiempo indefinido.

En ese periodo hay que admitir
que es necesario relacionarse con numerosas almas, reconocer que es preciso cambiar el leguaje, convertirlo en amable, olvidando todo rastro de violencia o agresividad…, en fin… seguir existiendo.

La visión de Clementine es un concepto
elaborado desde la experiencia vivida en la comodidad de algodón de esta Casa de Huéspedes, pero lo que llena de esperanza a todos aquellos que, rezagados, dudan de sí mismos, es el escrito que ella dejó a modo de despedida a un compañero también funcionario del ayuntamiento:

Mientras tú me recuerdes,
tan sólo estaré ausente,
y continuaré en silencio
cuidando tus paisajes:

Estaré entre las caléndulas en primavera,
entre el cólquico en otoño,
entre la ventisca de fina lluvia en invierno,
entre las olas de los campos de trigo

que juegan con el aire
y sus arrugas en verano.
Si tú piensas en mí
allí estaré contigo.

                                                                             Johann R. Bach

28 oct 2016

Da finalmente con el saco de dormir azul marino -su color preferido-


LA NOCHE DE NIKO EL MARINO FELIZ

Alcanzada ya la medianoche,
las olas invaden el puerto, Niko, paseando lentamente por los muelles, regresa tambaleándose a su litera.

A oscuras va tanteando
con las manos delante, como un ciego, paredes, mobiliario, interruptores de luz, que va pulsando, encendiendo y apagando, como si todo eso no estuviera todavía grabado en su memoria.

Da finalmente
con el saco de dormir azul marino -su color preferido- y fuerte olor a jabón en polvo. El mar sigue embravecido y silba el viento por encima de la botavara.

Se desliza junto al cuerpo tibio de la mujer dormida.
El camarote de proa es amplio y ella no se despierta o simula que duerme. La escotilla está cerrada y el frío de la noche acecha afuera en la cubierta.

Se abandona,
en parte por el efecto del aguardiente, en parte porque no tiene deudas, libre de ser ese que ha sido, sin preocupaciones, sin nadie a quién dar explicaciones, y reclina su sien sobre la almohada sin fin del Universo.

                                                                                      Johann R. Bach

Algunos movimientos telúricos despertaban a perezosos volcanes supuestamente apagados


LAIA ARQUITECTA DE ALGODÓN

No había en la Tierra lugar para grandes teoremas.
El mundo se movía en minúsculas implantando el café para todos, dando pábulo a estratagemas de trileros como regla de modernidad.

Algunos movimientos telúricos
despertaban a perezosos volcanes supuestamente apagados y ponían acento al desconcierto general. La lava se extendía por las laderas fundiendo el hielo acumulado durante siglos.

Laia, arquitecta de algodón,
contra viento y marea, aconsejaba a los caldereros dulcificar el hierro, a los encofradores sonreír antes de que fraguase el cemento mientras ella, simpática rosa naíf, en el cuenco de la mano recogía estrellas vacilantes.

                                                                                        Johann R. Bach


27 oct 2016

“Me resulta difícil ver a Dios si no es en el espejo”


EL DELIRIO NAPOLEÓNICO

A Nikita no le gustaba su nombre
porque le parecía poco apropiado para un hombre y su carácter se fue agriando cada año tras año y su comportamiento irascible y cruel con su mujer fue la causa de su internamiento. Entre las anécdotas recogidas por Ermessenda se hallaba un intento de fuga.

Aprovechando que había una ventana abierta
para evacuar el vaho del agua caliente de la ducha, saltó al exterior del edificio a pesar de estar a una altura de más de siete metros. Sólo a un loco se le podía ocurrir escapar desnudo y descalzo pues había nevado y la temperatura era de unos cuantos grados bajo cero. Echó a correr, escaló el muro que rodeaba el hospital, saltó a la calle y a grandes zancadas se alejó calle abajo pisando el paisaje nevado.

Rápidamente comenzó la batida
de los loqueros como en una cacería. Cuando le dieron alcance se necesitó una decena de robustos funcionarios para reducirlo. Su fuerza era descomunal y su figura era la de un dios griego. Sin embargo, por su cuerpo no había ni rastro de cualquier impulso sexual: en lugar de verga sólo un apéndice parecido a un cacahuete indicaba su funcionalidad urinaria. Su enajenación mental era total y la ausencia de preocupaciones humanas le libraba de toda enfermedad. No atrapaba ni un simple resfriado.

Ese episodio parece darle la razón a Hector
en su apreciación de que en el interior de Nikita no había más que una máquina: estaba muerto y no lo sabía. Había encontrado en el manicomio su Casa de Huéspedes, su permanencia irreversible, a pensión completa, a perpetuidad.

En otro informe,
Ermessenda se sorprendía del delirio de Hector que, incluso en sus momentos lúcidos, seguía afirmando que era Napoleón. En cierta ocasión escribió a una de sus hijas: "Mi mujer es Brigitte Bardot, actriz de cine. Yo soy Napoleón y guardián de Francia. Yo he civilizado el mundo con mi obra maestra el Código Civil. Soy el hombre más rico de París, el más fuerte y el que domina la psiquiatría. Todo me ha salido en la vida perfecta y maravillosamente".

Poco después de escribir aquella carta
se le preguntó si había llegado a ver a Dios. A lo que él respondió: "Me resulta difícil ver a Dios si no es en el espejo". Y sobre su mujer dijo: "Mi mujer siempre me ha obedecido. Le permití estar con otros hombres porque no podía pasar sin ello". Después de aquel episodio no hubo más referencias a Brigitte Bardot, pero si muchas a ser Napoleón un dios en la Tierra. Cuando su hija mayor supo de su delirio, comentó: "Siempre quiso ser alguien, y mejor que los demás, pero no era suficientemente agresivo".

El informe de Ermessenda acababa con una pregunta:
¿Es posible que Hector sepa que, en algunos casos, se pueda regresar a una vida "normal" después de haber pasado por la Casa de Huéspedes?

                                                                                 Johann R. Bach