2 may 2015

Párpados a las puertas de una felicidad fluida

LOS OJOS DE TÉ

 

Nos hemos aceptado uno al otro

 

Párpados horizontales,

huerto de estrellas, las retamas y la soledad son diferentes de ti.

 

Párpados

a las puertas de una felicidad fluida como la carne de un molusco,

 

párpados

que -conforme a los ojos de té- el ojo furioso no logra hacer naufragar,

 

párpados,

¡cómo a las puertas de la felicidad me bastáis!

 

                                                            Johann R. Bach


1 may 2015

el verano también cantaba apartado de nosotros que éramos silencio, simpatía, libertad triste

EL GRAN CONSUELO

 

El mar cantaba

sobre su roca preferida cuando apareció ante mí en su apariencia de primer amor,

 

el verano también cantaba

apartado de nosotros que éramos silencio, simpatía, libertad triste en un mundo donde hasta el beso estaba prohibido,

 

mar aún más

que el mar cuya larga pala azul jugaba a nuestros pies.

 

El verano cantaba

y su corazón nadaba lejos de él. Yo besaba, en cada oportunidad, su valentía y oía su desasosiego.

 

Todo eran besos y caricias

en la senda por el absoluto de las olas hacia aquellos altos picos de espuma por donde cruzaban virtudes agresivas para las manos que tan sólo buscaban separar nuestras casas.

 

No éramos crédulos,

pero sí optimistas esperanzados de un planeta mejor. Nos agasajaban, a pesar de que secretamente nos envidiaban.

 

Pasaron los años.

Las tormentas murieron. El fruto de moda la manzana Nova Europa y el mundo generoso se fue. Me dolió sentir que su corazón justamente ya no me percibía.

 

En mi ausencia de rostro

y mi vacío de felicidad no fui capaz de acortar distancias. La amaba, cambiante en todo, fiel a ella.

 

Mar del respeto a los sueños,

mar que oxida el metal, donde las estrellas tienen esas sombras de simples historias que niegan al mar.

 

Mar de los poderes transmitidos

y del grito que emboca las aguas en los pequeños puertos y del viento huracanado de tramontana que muerde la viña y

 

anuncia el vino nuevo.

 

Mar de corazón intacto

en este mundo enloquecido por la prisión, amparo violento y amigo de las abejas de la canción homérica.

 

Algunas voces trataron de consolarme,

pero uno no puede, al salir de la infancia, dedicarse a estrangular indefinidamente a su prójimo.

 

El gran consuelo apareció

cuando comprendí que aunque los volcanes cambien poco de lugar, su lava recorre el gran vacío del mundo y le aporta

 

virtudes que cantan en sus heridas.

 

                                                            Johann R. Bach


Como dama orgullosa no se postra sino para amar


UN FANTASMA RECORRE LOS CIELOS

Mientras nos convencemos
de que hay que poder caminar, sin engañar al pájaro, del corazón del árbol al éxtasis del fruto

un fantasma recorre los cielos
atravesando el aire de la noche: Es la Amazona de Platino.

Dicen que lo que le acoge
a través del placer no es sino la gratitud mercenaria del recuerdo y la presencia que ha elegido no dice, precisamente, adiós.

Como dama orgullosa
no se postra sino para amar. Es como la imagen de una heroína que aún después de haber muerto la sigues amando. 

Las tinieblas por las que se deja ver
están gobernadas por la lujuria de su ascendente solar y corre de boca en boca que ha enviado un mail a través de Google Plus en el que nos exhorta

a no cuidarnos
de aquéllos que ven al ser humano sólo como una etapa del color sobre la espalda atormentada de la tierra; y,

hay que dejarlos
que reflexionen su largo reproche, porque la tinta del atizador y el rubor de la nube son una y la misma cosa.

                                                               Johann R. Bach

tu rostro es el que menos se demora en los reflejos del puente

FINA LLUVIA SOBRE EL PUENTE

 

En el paseo solitario

de cada mañana me detengo a contemplar la piel del rio.

 

De todas las mansas aguas

de los días claros, tu rostro es el que menos se demora en los reflejos del puente y

 

reconozco tus ojos:

la vida futura en el fuero íntimo del hombre nuevamente cualificado.

 

Al fín y al cabo

no se me ocurre algo mejor que cultivar rosas para que caiga sobre el puente la fina lluvia.

 

                                                              Johann R. Bach


si cabalgaba al trote se atascaba el resentimiento en su garganta.

UN FANTASMA EN EL VIENTO

 

Lucha una auténtica amazona

con él cara a cara –el perfil es una piel curtida con platino, templada con técnicas de metalurgia en polvo.

 

Se acabó el tiempo

en el que él la asediaba por la espalda como la brisa a la sal marina y pretendía desnudarla

 

por correr demasiado:

si cabalgaba al trote se atascaba el resentimiento en su garganta.

 

Ahora la Amazona de Platino

empuja a ese aliento de Eolo –un fantasma en el viento- por las calles, por las plazas, hasta la última esquina y

 

lo acorrala en la puerta de su casa.

 

Cuando de él se despide

le lanza un beso con el gesto y no se le ocurre otro saludo más oportuno que el de

 

¡hasta luego mi fantasma!

 

                                                                  Johann R. Bach

 

28 abr 2015

La luz -ahora lo sabe- le surge de dentro y le da brillo a los ojos y a los párpados


PURA LUZ MAGENTA…, PURO AMOR

Nunca imaginó la Amazona de Platino que
después de vencer enfermedades, tener hijos, plantar árboles y escribir libros pudiera erguirse en lo más alto de sí misma y

verse transparente sobre su montura.

Desconocía lo que era cabalgar
y que el viento sostuviera horizontal su cabellera y gozase con ello mientras quedaba atrás la lluvia y su halo de luz magenta.

Ahora cualquier voz masculina la enardece
y se lanza, desde su propio cuerpo cargado de selenio y paladio, al ciberespacio, a nuevos cielos y abismos, rutas sin fin llenas de bosques sagrados donde cantar y yacer sobre la hierba.

Ahora tiene –después de tantos años-
tiempo para llenar sus pulmones libremente de aromas diversos…

para amar y alcanzar la vida.

Como la luz
ha pasado por ocultos caminos, ha rascado el corazón de la tiniebla y ha comprobado que para la luz no existen los confines.

La luz -ahora lo sabe-
le surge de dentro y le da brillo a los ojos y a los párpados. La combustión impura del sodio de su antiguo corazón ha dejado sedimentos interesantes sólo para la Historia.

La Amazona de Platino es ahora
pura luz magenta…, puro amor.

                                                            Johann R. Bach

(La Amazona de Platino) da fe de las nupcias de la granada cósmica


ENTRE ESTRELLAS DE IRIDIO Y NÍQUEL

Cabalga al galope una Amazona de Platino
entre estrellas de iridio y níquel.

Su rostro de intercambio
depende solamente de la necesidad térmica del Universo y de la voluptuosidad que la acredita.

En el umbral de la gravedad,
igual que la araña, construye sus pistas consteladas por el cielo. En parte oculta a sí misma,

se muestra a los demás
–en los rayos de su astucia inaudita- mortalmente visible.

Es una Amazona
que atraviesa con sus dibujos en los cielos la pastoral de los desiertos, el don de sí a las furias, el fuego enmohecido de las lágrimas;

Identificada como la expresión de su propio genio
o, más bien como el ovario aplastado contra esa voluble silla de montar -forma de nuestro Universo-

da fe de las nupcias de la granada cósmica

y siente apetito por un malestar
cuya consumación, en medio de los remolinos de la totalidad de las cosas existentes y presentidas,

provoca,
en el momento de su clausura, la felicidad.

                                                              Johann R. Bach

como a un ramo del primer sol

UNA SUAVE FRAGANCIA

 

Me conmueve mi amor

esa suave fragancia

 

que me envías desde tu mar y

saber que mis humildes palabras,

 

como aleteo de mariposa,

remueven tu universo.

 

Furor y misterio, por turno,

te han seducido y te han hecho crecer.

 

Después ha llegado el año

que ha dado cumplimiento

 

como a un ramo del primer sol

a tu expansión de saxífraga.

 

Y es que el poema –ahora lo sé-

siempre está casado con alguien.

 

                                                         Johann R. Bach


27 abr 2015

Niña del buen tiempo

SÉ QUE MIRAS AL CIELO

 

Empiezan a caer gotas

y sé que miras al cielo.

 

Mujer de la lluvia

y niña del buen tiempo,

 

tus manos de derrota y de progreso

me son igualmente necesarias.

 

                                             Johann R. Bach


Mujer en cuya boca beso el tiempo loco,


NO ME PIDAS PALABRAS SENSATAS

¡Ay amor!
no me pidas palabras sensatas

puesto que eres para mí
como la ficción Hyosciamus que camina desnuda con sus pies de caña, con sus pies de guijarro, y,

no se deja reducir en parte alguna.

Mujer en cuya boca beso
el tiempo loco, allí donde al lado del grillo cenital ella canta la noche de invierno en la pobre panadería,

bajo la miga de un pan de luz.

¡Ay amor!
no me pidas palabras sensatas.

                                                             Johann R. Bach

se le dispara hacia afuera la lengua mientras habla.


LICINIO HOMBRE BAJITO Y SU MEMORIA

Licinio hombre bajito
lindando el enanismo se miraba en el espejo y no comprendía por qué su rostro se había llenado de arrugas prematuras;

cuál era la razón del tinte amarillo de su piel;
cuál era la razón por la cual su pelo también se había blanqueado en plena juventud.

Cuando alguien le dijo
que se le estaba oxidando el osmio de su pecho no hizo caso, corrió a consultar a una pitonisa.

Tampoco le convenció aquella buenaventura
que lo basaba todo en el miedo. Realmente estaba acobardado, pero lo ocultaba como si fuera un crimen.

El cuello adelgazado
siguiendo la línea de un pecho estenosante apuntaba a una predisposición asmática.

Todo ello dejaba de ser importante
cuando se observaba que carecía del don de la elocuencia y que no tenía facilidad de palabra;

cuando era evidente
que se le escapaban los nombres propios en el momento que iba a utilizarlos de forma parecida a cómo se le disparaba hacia afuera la lengua mientras hablaba.

Y, a pesar de ello,
conservaba los hilos de los afectos y cuando estaba alegre –y el aura de su cara lo expresaba- la formulación de las frases,

su encadenamiento, el tono
–fuesen comprensibles o no, completas o no, reiterativas o no- reproducía el modo de la conversación jubilosa o irónica anterior al proceso de pérdida;

las huellas de la antigua normalidad
parecían persistir en él sobre todo en los mecanismos de lo tonal, en lo más corporal o carnal de la expresión.

La alegría produce un complejo entramado
entre afecto, expresividad y tono.

Y Licinio era, ante todo,
un hombre de suerte que supo aprovechar los momentos alegres.
                                                                 Johann R. Bach


26 abr 2015

Sus ojos se abrieron sorprendidos y alegres:

NO QUERÍA COMER COMO LOS HOMBRES

 

La primera vez

que vino a mi consulta la vi encerrada, acurrucada como en un espacio rugoso y oscuro

 

como un interior de corazón.

 

No puedo más –me dijo-

estoy moribunda, ovillada en un lugar propiedad de mi marido, habitable sí, pero mortal, como un corazón.

 

Me siento –confesó-

cada vez más pequeña. Miro al cielo y la luz sobre el puente y los árboles es una luz de invierno;

 

el agua corre, densa,

cuando me baño y los pies levemente se hunden tocando el fondo de la bañera como si caminara por la orilla del mar:

 

me siento mal

aunque sé que el agua de la bañera es insuficiente para ahogarme.

 

Le di diez gránulos

de la Píldora de la Felicidad. Sus ojos se abrieron sorprendidos y alegres: ya no veía el panorama tan oscuro.

 

La segunda vez

que me visitó se sentó sonriente frente a mí y me dijo. Me salvaste la vida. Ahora quiero que me des algo para adelgazar, algo que me quite el apetito;

 

no quiero –continuó-

seguir comiendo como los hombres.

 

Nunca una frase tan sencilla

me había sonado tan femenina.

 

                                                                     Johann R. Bach


La universidad acabó y la dulce niña –ya licenciada- ha de emigrar a una isla grande y con muchos empleos

LA MARCHA DE LA LICENCIADA

 

A punto de amanecer

el cielo está encapotado y ella no tiene sueño. Sale al jardín y se sienta en el viejo banco de piedra.

 

A cierta distancia

unos ojos de cuero observan con indulgencia y cierta tristeza. Parece –piensa la abuela-

 

una virgen del siglo XIII,

altiva y sola; en todo el pueblo no hay ninguna como ella.

 

Por el prado descienden

las flores esmaltadas, las hojas de los árboles tintinean contentas porque se aproxima la lluvia y

 

el rojo de las amapolas,

extraño como un incendio compite con el del aluminio de la mesa redonda grabada con extrañas marcas como de arañas.

 

La luz del amanecer

empieza a lanzar sus hilos y acarician su rostro más luminoso que el paisaje.

 

A su izquierda hay un tejo

y sobre una de sus ramas está situado un halcón que anuncia que el alma está lista para emprender el vuelo.

 

Al fondo se ven las lucecitas del pueblo.

Aunque el autobús aún no habrá salido de su hangar su motor estará calentándose con su "run-run".

 

La abuela reemprende su tarea de ganchillo.

Los gestos necesarios para hacer puntillas para sábanas resultan cada vez más difíciles por la artrosis en sus largos dedos agudos.

 

Éstas de arañas –se dice a ella misma

mirando sus industriosas manos- son las que tantas y tantas riquezas han creado.

 

La abuela siempre pensó

que su hijo había muerto por la picada de una araña, pero realmente, la causa de que abandonara el trabajo en la mina fue una endocarditis aguda.

 

El médico de la mina

se lo había dicho varias veces: el corazón de su nenín se fue haciendo grande, grande… de forma que ya no cabía en la caja.

 

Fue por la miseria.

 

Ella y su hija ya viuda

traían brazadas de habas a la cocina para deshacerlas allí y con ellas venían las arañas. Todo era trabajar y trabajar.

 

No todo era triste:

una preciosa niña de grandes ojos de pájaro desarbolado, frente despejada y sonrisa ajena a las penurias ensayaba con su redonda caligrafía el dibujo de su nombre.

 

La universidad acabó

y la dulce niña –ya licenciada- ha de emigrar a una isla grande y con muchos empleos.

 

Sentada  ahí en el jardín

parece una virgen del siglo XIII y no es de extrañar que su madre, premonitoriamente, le pusiera el nombre de Victoria.

 

Las casas vecinas apagadas están huecas,

muerden estopa y acuclilladas esperan el retorno -incierto- de sus hijos o nietos.

 

En el caso de la abuela

de los ojos de cuero la fatiga y el gozo, suspende la condena semejante a las otras casas porque

 

piensa en lo más profundo de su pecho

que si hubiera una vida en la que ser dichosos sería allí.

 

                                                                   Johann R. Bach


25 abr 2015

está dispuesta a partir el pan que guarda, aunque sólo sea para sobrevivir.


LA TERCERA JUVENTUD
ENTE DOS MANERAS DE VIVIR

El horizonte ha empezado a blanquear
cuando un pintor de aspecto juvenil se dispone a fijar en su tela la salida del astro rey.

Temprano ha colocado en fila sus obras
mucho antes de que el día traiga el desorden.

En sus cuadros de artista solitario,
las siluetas se mueven finas como insectos, extraída su energía humana.

Es el difícil pasaje –piensa ella-
entre dos maneras de vivir.

El que ha llegado
tiene un largo trecho por andar.

Ella, por el contrario
–orgullosa y triste a la vez-, lo tuvo todo. Le atrae el mar sí, pero de forma diferente a cómo el agua llamaba a Alfonsina Storni.

Caminando sobre la arena
da la espalda al joven pintor, la espuma blanca que se bate en retirada moja sus pies y se siente bien

como una "rara avis"
que se encuentra a gusto cerca de la humedad; y es que la brisa marina parece alejar de su pensamiento la idea de que

hubo un día en que todo fue suyo.

Los años parecen vencerla
y le ayudan a olvidar lo que esconde y lo que ha vivido y sobre todo el cómo: rodeada de todos los lujos icluído el sexo tántrico.

Ahora se acercan noches de hambre de caricias.

Para compartir los años
que le restan está dispuesta a partir el pan que guarda, aunque sólo sea para sobrevivir.

De pronto, siente sobre sus espaldas
la mirada penetrante del joven pintor.

¿Quién puede contradecir el azar?
En el horizonte de las nubes no se vislumbran relámpagos ni truenos, sólo una fina lluvia que se acerca.

                                                              Johann R. Bach

Aquel apasionado amor duró nueve meses.


4.    LOS HOMBRES DE MI VIDA   (Manuel)

Mientras esperaba que acudiera el ascensor,
entró en el vestíbulo, empapado, jadeante y sin aliento, como una bestia salvaje que se refugia de la lluvia bajo un árbol.

Era el becario que me habían asignado
en la oficina para ayudarme a ordenar toda la documentación acumulada durante mi estancia en Costa de Marfil.

Mi apartamento estaba lleno de libros viejos cuyo olor al confundirse con el sudor empapado de Manuel hizo aparecer en mi bajo vientre un cosquilleo harto conocido.

Se desnudó en el lavabo
y se puso un albornoz que le presté.

Comencé a preparar el café de rigor,
pero antes de que la cafetera lanzara su aromático vapor ya rodábamos encima de la alfombra.

Su cuerpo era más bien fornido,
con fuertes brazos y vello abundante en sus genitales que alcanzaba los límites del ombligo. Su mal afeitada barba lastimaba la piel de mi rostro, pero no protesté hasta que su fiebre descendió a un nivel tolerable.

Recuperada ya nuestra compostura
comprobé con cierto disgusto que Manuel era un desastre con los números. Se agobiaba con una simple suma. Renuncié a seguir trabajando con su desorden y volvimos a revolcarnos junto a la pila de los tratados de papel antiguo. 

A partir de aquel día paseábamos,
casi cada noche después de hacer el amor, silenciosamente por las avenidas de Bruselas cogidos del brazo. Sólo los fines de semana se quedaba a dormir conmigo.

Secretamente hice que le trasladaran
de departamento. En la oficina necesitaba alguien que fuera eficaz con los números y por suerte su sustituta, una muchacha mallorquina de apenas veinte años, solucionaba a las mil maravillas mis problemas.

Aquel apasionado amor duró nueve meses.
Manuel necesitaba experimentar con otras mujeres y yo ya no le servía como experiencia. ¡Ah! ¡La culpa indecible que con el mismo sexo todos los días no disminuye!

Al terminar su "stage" en Bruselas
no lo volví a ver. No era mal chico. Aunque es comprensible que en su ambiciosa mentalidad no cupiera la posibilidad de que siendo él aún joven su libido se limitara a una mujer próxima a la tercera edad.

                                                                  Johann R. Bach

24 abr 2015

esas pequeñas dosis (de café) le dan un benigno empujón:

EL CAFÉ COTIDIANO

 

El cuerpo toposo, sin fuerzas.

Sólo son las nueve de una mañana de primavera, el cielo está despejado y es justa la hora para tomar su café en la plaza.

 

El café negro cotidiano en la terraza

acompañada de sillas –aún vacías- de respaldo metálicos fatigados y mesas cobijadas ya bajo los parasoles dulcifican su melancolía.

 

Son costosas gotas –piensa- atrapadas

bajo una fuerte presión del vapor de agua, llenas de la misma energía del Sol la que juntamente a la música necesita.

 

Le sirve, con una bandeja en la manos,

una chica que mira al sol sin pestañear, y, con la tacita blanca y azul cobalto surgida desde la oscura cafetería de la plaza le da  los buenos días del protocolo formal.

 

Mira la taza

y reconoce que a la luz del día, no es más que un punto de benigno negro que fluye rápidamente en su pálida garganta de parroquiana habitual;

 

ávida del metal de cinc

responsable de la agudización de los sentidos saborea las gotas de negra profundidad que a veces es captada por el alma.

 

Pocos clientes sospechan  

que ella en su meditar encuentra parecido con la tinta del calamar. Sólo se aperciben de que, esas pequeñas dosis le dan un benigno empujón:

 

la inspiración de levantar los párpados,

 

la aceleración del ritmo cardíaco y la predisposición a aceptar las caricias sobre la piel cuando ésta ya ha comenzado a cerrar sus poros.

 

                                                                Johann R. Bach


23 abr 2015

escribir la noche eterna del Universo en el diccionario de las verdades.


DESPUÉS DEL PARAÍSO DEL MANZANO
LA ERA DEL ALUMINIO ROJO

Todo empezó
cuando las inquietas manos del Alfarero crearon un mundo de barro, luego

vendría la era del aluminio rojo,
la del platino desprendido de las estrellas moribundas y la del grafeno limpiando la mala fama de la negritud del carbón y de las razas.

Pasamos del Paraiso del manzano
al vientre del desierto donde las gacelas corretean contra el viento para refrescarse;

del mar, y la luz reflejada en sus olas
al espacio exterior sin ruidos y sin aromas, exento del viejo olor del lápiz y sólo las letras de las canciones y su música son capaces de

escribir la noche eterna del Universo
en el diccionario de las verdades.

Pasamos casi sin continuidad
de los saberes intranscendentes a los conocimientos tardíos.

¿Es posible que el Alfarero
se haya tomado una copa de Calvados 
y esté preparando la era del aluminio rojo?

Lo cierto es que ahora urge
pasar de los esfuerzos por calmar la angustia, el miedo y las lágrimas del niño a

vivir la ternura de la madurez
para reescribirnos aunque sea en el refrito de un nuevo disco duro.

                                                               Johann R. Bach

tiene un no sé qué de adolescente ese afán moderno de razonar sin razones.

HOY OS REGALO UNA ROSA

 

Los libros

os los voy regalando, en cuentagotas,

durante todo el año.

 

Hoy comprendemos que

tiene un no sé qué de adolescente

ese afán moderno de razonar sin razones.

 

A pesar de las guerras

la rosa bebe agua de la aurora,

copia los colores de los metales

y concluye liberando su aroma.

 

                                                              Johann R. Bach 



Vida es aquello que de una forma u otra consideramos vida


JO, MARTA GUILLAMON
i
ELS HOMES DE LA MEVA VIDA

                                                  Johann R. Bach
                                     Versió en català de Dolors Viola Brufal



​Hoy se ha puesto a la venta la versión catalana de
YO, MARTA GUILLAMON Y LOS HOMBRES DE MI VIDA

22 abr 2015

(Ella) ama esa mariposa blanca como si fuera un ángulo diedro mágico geometría pura de la verdad misma.

UN TRAGO DE CALVADOS

EN EL PUERTO DE HONFLEUR

 

Ha bajado temprano a la plaza

y ha intentado leer en las alas de la mariposa blanca de las acacias. Ella, sensible como pocas, ama esa mariposa blanca

 

como si fuera un ángulo diedro mágico

geometría pura de la verdad misma.

 

Al amanecer

aún reina el silencio en la plaza de Sainte Catherine y en el puerto y parece que las masas turísticas quieren respetar el silencio del planeta.

 

Más tarde empiezan a deambular,

mapas en mano, unos siete u ocho rostros pulidos  y micrograbados por sus propios poros limpios

 

como aluminio rojo

que apresuradamente quieren devorar con sus ojos la luz del paisaje:

 

Son los auténticos consumidores

de fotografías hechas a contraluz como si estuvieran impregnados de nitrato de plata causa de su carácter precipitado

 

y su conflicto con el tiempo.

 

Un poco más tarde

empezarán las masas a recorrer la superficie adoquinada con granito de Porriño y destrozarán el silencio de este planeta.

 

Cada uno de esos turistas,

muestra un rostro invisible que refleja algo de lo que no se habla.

Algo que aparecerá en instantes cansados y es áspero como el trago de aguardiente de Calvados.

 

Ávidos de monumentos, paisajes y cerveza

se mueven constantemente de un lado a otro de la ciudad mientras aún duermen otros compañeros suyos.

 

Son un ejemplo para los creyentes.

 

Rodeada de títulos de libros de astrofísica

que no puede descifrar, se siente completamente analfabeta, pero ha pagado los consumos de agua, luz, gas y teléfono y

 

tiene recibo de todo.

 

Ha cargado con tantas ilegibles facturas…

que se siente árbol viejo llena de hojas secas que cuelgan todavía y no pueden caer a tierra.

 

Y un soplo de la brisa marina

hace que todos esas facturas crujan.

 

Tras cada turista,

flota aquí una cruz que quiere alcanzarlos, pasar junto a ellos, reunirse con ellos ante la atenta mirada de La Comandancia del Puerto de Honfleur y de la del campanario de Santa Catalina

 

Todos parecen casi felices al sol,

mientras se desangran por heridas que no conocen.

 

                                                                                         Johann R. Bach