25 abr 2015

está dispuesta a partir el pan que guarda, aunque sólo sea para sobrevivir.


LA TERCERA JUVENTUD
ENTE DOS MANERAS DE VIVIR

El horizonte ha empezado a blanquear
cuando un pintor de aspecto juvenil se dispone a fijar en su tela la salida del astro rey.

Temprano ha colocado en fila sus obras
mucho antes de que el día traiga el desorden.

En sus cuadros de artista solitario,
las siluetas se mueven finas como insectos, extraída su energía humana.

Es el difícil pasaje –piensa ella-
entre dos maneras de vivir.

El que ha llegado
tiene un largo trecho por andar.

Ella, por el contrario
–orgullosa y triste a la vez-, lo tuvo todo. Le atrae el mar sí, pero de forma diferente a cómo el agua llamaba a Alfonsina Storni.

Caminando sobre la arena
da la espalda al joven pintor, la espuma blanca que se bate en retirada moja sus pies y se siente bien

como una "rara avis"
que se encuentra a gusto cerca de la humedad; y es que la brisa marina parece alejar de su pensamiento la idea de que

hubo un día en que todo fue suyo.

Los años parecen vencerla
y le ayudan a olvidar lo que esconde y lo que ha vivido y sobre todo el cómo: rodeada de todos los lujos icluído el sexo tántrico.

Ahora se acercan noches de hambre de caricias.

Para compartir los años
que le restan está dispuesta a partir el pan que guarda, aunque sólo sea para sobrevivir.

De pronto, siente sobre sus espaldas
la mirada penetrante del joven pintor.

¿Quién puede contradecir el azar?
En el horizonte de las nubes no se vislumbran relámpagos ni truenos, sólo una fina lluvia que se acerca.

                                                              Johann R. Bach

Aquel apasionado amor duró nueve meses.


4.    LOS HOMBRES DE MI VIDA   (Manuel)

Mientras esperaba que acudiera el ascensor,
entró en el vestíbulo, empapado, jadeante y sin aliento, como una bestia salvaje que se refugia de la lluvia bajo un árbol.

Era el becario que me habían asignado
en la oficina para ayudarme a ordenar toda la documentación acumulada durante mi estancia en Costa de Marfil.

Mi apartamento estaba lleno de libros viejos cuyo olor al confundirse con el sudor empapado de Manuel hizo aparecer en mi bajo vientre un cosquilleo harto conocido.

Se desnudó en el lavabo
y se puso un albornoz que le presté.

Comencé a preparar el café de rigor,
pero antes de que la cafetera lanzara su aromático vapor ya rodábamos encima de la alfombra.

Su cuerpo era más bien fornido,
con fuertes brazos y vello abundante en sus genitales que alcanzaba los límites del ombligo. Su mal afeitada barba lastimaba la piel de mi rostro, pero no protesté hasta que su fiebre descendió a un nivel tolerable.

Recuperada ya nuestra compostura
comprobé con cierto disgusto que Manuel era un desastre con los números. Se agobiaba con una simple suma. Renuncié a seguir trabajando con su desorden y volvimos a revolcarnos junto a la pila de los tratados de papel antiguo. 

A partir de aquel día paseábamos,
casi cada noche después de hacer el amor, silenciosamente por las avenidas de Bruselas cogidos del brazo. Sólo los fines de semana se quedaba a dormir conmigo.

Secretamente hice que le trasladaran
de departamento. En la oficina necesitaba alguien que fuera eficaz con los números y por suerte su sustituta, una muchacha mallorquina de apenas veinte años, solucionaba a las mil maravillas mis problemas.

Aquel apasionado amor duró nueve meses.
Manuel necesitaba experimentar con otras mujeres y yo ya no le servía como experiencia. ¡Ah! ¡La culpa indecible que con el mismo sexo todos los días no disminuye!

Al terminar su "stage" en Bruselas
no lo volví a ver. No era mal chico. Aunque es comprensible que en su ambiciosa mentalidad no cupiera la posibilidad de que siendo él aún joven su libido se limitara a una mujer próxima a la tercera edad.

                                                                  Johann R. Bach

24 abr 2015

esas pequeñas dosis (de café) le dan un benigno empujón:

EL CAFÉ COTIDIANO

 

El cuerpo toposo, sin fuerzas.

Sólo son las nueve de una mañana de primavera, el cielo está despejado y es justa la hora para tomar su café en la plaza.

 

El café negro cotidiano en la terraza

acompañada de sillas –aún vacías- de respaldo metálicos fatigados y mesas cobijadas ya bajo los parasoles dulcifican su melancolía.

 

Son costosas gotas –piensa- atrapadas

bajo una fuerte presión del vapor de agua, llenas de la misma energía del Sol la que juntamente a la música necesita.

 

Le sirve, con una bandeja en la manos,

una chica que mira al sol sin pestañear, y, con la tacita blanca y azul cobalto surgida desde la oscura cafetería de la plaza le da  los buenos días del protocolo formal.

 

Mira la taza

y reconoce que a la luz del día, no es más que un punto de benigno negro que fluye rápidamente en su pálida garganta de parroquiana habitual;

 

ávida del metal de cinc

responsable de la agudización de los sentidos saborea las gotas de negra profundidad que a veces es captada por el alma.

 

Pocos clientes sospechan  

que ella en su meditar encuentra parecido con la tinta del calamar. Sólo se aperciben de que, esas pequeñas dosis le dan un benigno empujón:

 

la inspiración de levantar los párpados,

 

la aceleración del ritmo cardíaco y la predisposición a aceptar las caricias sobre la piel cuando ésta ya ha comenzado a cerrar sus poros.

 

                                                                Johann R. Bach


23 abr 2015

escribir la noche eterna del Universo en el diccionario de las verdades.


DESPUÉS DEL PARAÍSO DEL MANZANO
LA ERA DEL ALUMINIO ROJO

Todo empezó
cuando las inquietas manos del Alfarero crearon un mundo de barro, luego

vendría la era del aluminio rojo,
la del platino desprendido de las estrellas moribundas y la del grafeno limpiando la mala fama de la negritud del carbón y de las razas.

Pasamos del Paraiso del manzano
al vientre del desierto donde las gacelas corretean contra el viento para refrescarse;

del mar, y la luz reflejada en sus olas
al espacio exterior sin ruidos y sin aromas, exento del viejo olor del lápiz y sólo las letras de las canciones y su música son capaces de

escribir la noche eterna del Universo
en el diccionario de las verdades.

Pasamos casi sin continuidad
de los saberes intranscendentes a los conocimientos tardíos.

¿Es posible que el Alfarero
se haya tomado una copa de Calvados 
y esté preparando la era del aluminio rojo?

Lo cierto es que ahora urge
pasar de los esfuerzos por calmar la angustia, el miedo y las lágrimas del niño a

vivir la ternura de la madurez
para reescribirnos aunque sea en el refrito de un nuevo disco duro.

                                                               Johann R. Bach

tiene un no sé qué de adolescente ese afán moderno de razonar sin razones.

HOY OS REGALO UNA ROSA

 

Los libros

os los voy regalando, en cuentagotas,

durante todo el año.

 

Hoy comprendemos que

tiene un no sé qué de adolescente

ese afán moderno de razonar sin razones.

 

A pesar de las guerras

la rosa bebe agua de la aurora,

copia los colores de los metales

y concluye liberando su aroma.

 

                                                              Johann R. Bach 



Vida es aquello que de una forma u otra consideramos vida


JO, MARTA GUILLAMON
i
ELS HOMES DE LA MEVA VIDA

                                                  Johann R. Bach
                                     Versió en català de Dolors Viola Brufal



​Hoy se ha puesto a la venta la versión catalana de
YO, MARTA GUILLAMON Y LOS HOMBRES DE MI VIDA

22 abr 2015

(Ella) ama esa mariposa blanca como si fuera un ángulo diedro mágico geometría pura de la verdad misma.

UN TRAGO DE CALVADOS

EN EL PUERTO DE HONFLEUR

 

Ha bajado temprano a la plaza

y ha intentado leer en las alas de la mariposa blanca de las acacias. Ella, sensible como pocas, ama esa mariposa blanca

 

como si fuera un ángulo diedro mágico

geometría pura de la verdad misma.

 

Al amanecer

aún reina el silencio en la plaza de Sainte Catherine y en el puerto y parece que las masas turísticas quieren respetar el silencio del planeta.

 

Más tarde empiezan a deambular,

mapas en mano, unos siete u ocho rostros pulidos  y micrograbados por sus propios poros limpios

 

como aluminio rojo

que apresuradamente quieren devorar con sus ojos la luz del paisaje:

 

Son los auténticos consumidores

de fotografías hechas a contraluz como si estuvieran impregnados de nitrato de plata causa de su carácter precipitado

 

y su conflicto con el tiempo.

 

Un poco más tarde

empezarán las masas a recorrer la superficie adoquinada con granito de Porriño y destrozarán el silencio de este planeta.

 

Cada uno de esos turistas,

muestra un rostro invisible que refleja algo de lo que no se habla.

Algo que aparecerá en instantes cansados y es áspero como el trago de aguardiente de Calvados.

 

Ávidos de monumentos, paisajes y cerveza

se mueven constantemente de un lado a otro de la ciudad mientras aún duermen otros compañeros suyos.

 

Son un ejemplo para los creyentes.

 

Rodeada de títulos de libros de astrofísica

que no puede descifrar, se siente completamente analfabeta, pero ha pagado los consumos de agua, luz, gas y teléfono y

 

tiene recibo de todo.

 

Ha cargado con tantas ilegibles facturas…

que se siente árbol viejo llena de hojas secas que cuelgan todavía y no pueden caer a tierra.

 

Y un soplo de la brisa marina

hace que todos esas facturas crujan.

 

Tras cada turista,

flota aquí una cruz que quiere alcanzarlos, pasar junto a ellos, reunirse con ellos ante la atenta mirada de La Comandancia del Puerto de Honfleur y de la del campanario de Santa Catalina

 

Todos parecen casi felices al sol,

mientras se desangran por heridas que no conocen.

 

                                                                                         Johann R. Bach


21 abr 2015

Desde el puente observo cómo la proa se sumerge cortando cada ola

HOY EL SOL BLANCO CHORREA

 

No todo es idílico

en (nuestro mar) el Mare Nostrum. Homero también cantó a los héroes de su época desaparecidos en plena juventud.

 

Hoy el sol blanco chorrea

desde un azimut creciente y la luz gotea desde la superficie espumosa buscando el reposo junto a Poseidón.

 

Yo también -después de leer los periódicos-

observo cómo brilla el mar enfurecido y, a pesar de su mal humor, calla.

 

Las sombras yacen

entre las aguas, profundamente, sin voz.

 

Desde el puente observo

cómo la proa se sumerge cortando cada ola y me imagino las vicisitudes de esas gentes que llegaron hasta aquí y que en silencio vuelven a

 

pintar el fondo

de este homérico cuadro de azules aunque esta vez sus voces han sido tan fuertes que todos las hemos oído.

 

                                                          Johann R. Bach



20 abr 2015

Nada nos pertenece, no hay patricios y plebeyos bajo la cúpula de la noche;


EL ANHELO DE SOBREVIVIR

Nunca la naturaleza otorgó ante los dioses
-en escritura pública- la propiedad del sol, ni la del aire, ni la de las tenues olas.

Las olas trazaron sus propios caminos,
de acuerdo -eso sí- con las complejas decisiones de la asamblea de la Rosa de los Vientos.

Incluso en los momentos de calma chicha,
de silencios azules, de recogimiento en iglesias y en monasterios o simplemente

detrás de los muros
o bajo los árboles, a resguardo de la lluvia, los humanos se han dado siempre la mano en señal de humildad.

En otras ocasiones
las historias y misterios fueron plasmados en las paredes de las cuevas excavadas en las rocas calizas.

Rostros pintados se sucedían
unos a otros mezclándose con imágenes esculpidas en mármol o en basalto y con toda clase de textos de reyes y emperadores

en tablillas de madera,
oro o pergamino, con el anhelo de sobrevivir.

Nada nos pertenece,
no hay patricios y plebeyos bajo la cúpula de la noche; todo es para ser y morir;

sólo quedan los rescoldos
de lo que fue un fuego descomunal de los que sólo vemos sus lucecitas flotando en un espacio envejecido,

y un dios cansado
que nos mira como una esperanza.

                                                               Johann R. Bach

Se despierta en Patricia toda la piel, recluida dentro del esmalte platinado de los sueños

HECHA DE SUEÑOS ANTIGUOS

Sus labios rozan por fin labios verdaderos;
Patricia, siente el besuqueo que (él) le dispensa y se ruboriza y

levantando sus ojos tímidos
-por efecto heliotropo- hacia la luz ve el cielo y a su amante al mismo tiempo.

No son sólo sus manos:
se plasman, los ojos, el cuerpo, el aliento… como en una estatua de Pigmalión.

No es sólo el marfil esculpido
sino también el tacto que anhela, con las manos invocando otras manos.

Se despierta en Patricia toda la piel,
recluida dentro del esmalte platinado de los sueños y responde al gesto tiernísimo de los labios de quién ha yacido pacientemente junto a ella.

Y es que, hecha de antiguos sueños,
el legado que se reescribe cuando miramos sin tiempo, existe Patricia, puesta en mitad del paisaje, para que los sueños perduren.

                                                            Johann R. Bach

Nota: Lidia Papic es una pintora extraordinaria y os recomiendo que veáis su obra en Google.

19 abr 2015

Era como si ningún vagón estuviera ya en condiciones de avanzar silenciosamente

BUSCAR OTROS SUEÑOS

Al llegar a los cuarenta y dos
–el sexto múltiplo de siete- me di cuenta que la mitad de mi tiempo ya se había consumido,

que cualquier proyecto
de los considerados "normales" necesariamente habría de quedar inconcluso:

Era demasiado lento para cabalgar
y competir con mis exaltados compañeros, aquellos que yo hasta entonces había considerado como amigos.

Tuve que corregir el rumbo.
Me dirigí durante los siguiente siete años a la segura muerte transitoria del sueño "realizable".

Hice todo lo posible
por comenzar una nueva forma de vida. Tuve que reconocer que no podía ser como los otros.

Me sentía fracasado
y el dolor se estableció en la región cervical y en el pecho. Mis rodillas habían comenzado a chirriar como las ruedas metálicas del tren al entrar en la estación.

Era como si ningún vagón
estuviera ya en condiciones de avanzar silenciosamente por aquellos caminos férreos que prometían, en su recorrido, paisajes idílicos.

Comencé a vivir
la heptaanual etapa mercurial de mi vida:

dejé de fumar, sufrí…
busqué otros sueños.     
                                                                   Johann R. Bach

Esa luz y ese olor del universo mediterráneo,


NACER EN CADAQUÉS

Al nacer en Cadaqués no partías de cero.
Cuando naciste tus hermanos ya hablaban, andaban y jugaban en la arena, justo enfrente de casa, remojándose los pies en agua de mar.

Tu hermano ya hablaba dos lenguas,

tu hermana sólo una,
pues aún no iba a la escuela. Acompañaba a tu madre en los quehaceres
de la casa y cuidaba de ti peinándote el cabello de tantas formas

como caras tiene un poliedro.

Tu punto de partida no era cero;
el humilde refugio de pescadores era la casa donde se estrellaba la tramontana y el mar acababa siempre acariciando

hasta el dintel de la puerta

como si buscase lavarte los pies.
El mar, ese inmenso depósito hilvanado con fuertes rocas y con suaves arenas, lleno de luz, agua y sal de vida,

sabía que tenías alma de princesa;

te respetaba, calmando a Neptuno,
cuando cogida de la mano de tus hermanos aprendías a caminar entre sargos, percas y rojo-amarillentos serranos

con las primeras palabras de la sirenas.

Junto a conchas sonrosadas,
granadas y membrillos, con los primeros y alegres estremecimientos, tíos y primos vaciaban el aceite en enormes tinajas y en un suelo cubierto con un mantel de viñas,

tapaban con tomillo y romero
los humos de cordero asado.

Esa luz y ese olor
del universo mediterráneo, que sueñas como bueno es la mayor de las herencias deseables.

Al nacer en Cadaqués no partías de cero.

                                                                   Johann R. Bach

Nota: os invito a escuchar a Mecano https://www.youtube.com/watch?v=mBed0Ftkb5Y


17 abr 2015

sus elásticos huesos son astros que han caído, recientemente, hace tan sólo unos miles de noches,

SIGAMOS MIRANDO LOS CIELOS

 

Mira a esa amazona de ojos brillantes.

Parece que juega con sus propios huesos como niñas haciendo ejercicios en la barra fija.

 

Me pregunto qué pensará,

cómo es la proyección de su sombra sobre el futuro. Quizá crea que sus elásticos huesos son astros que han caído, recientemente, hace tan sólo unos miles de noches,

 

que quizá cayeron de tanto girar

y provocar mareas en todos los mares.

 

Entretanto la miramos

desde varios ángulos e inventamos el caos. Enloquecidos ante su piel platinada comienzo a nombrar las cosas,

 

intento poner orden

en un sistema de por sí desordenado a pesar de que sé que me lo prohíbe la Segunda Ley de la Termodinámica.

 

Una simple mariposa

con alas tan finas como si fueran de celofán se posa sobre su hombro y con su leve aleteo mueve el universo,

 

las nubes sobre nuestras cabezas

buscando hacerse entender con el viejo lenguaje de la lluvia, pero esta vez, en otro espacio

 

un mundo especialmente hecho para ti;

y, esta vez no dejes de abrazarme durante la noche.

 

Ven mi amor,

sigamos mirando los cielos.

 

                                               Johann R. Bach


Sólo con su mirada ya ha escrito su primer poema;

NO ES UN ESPEJISMO

 

No es un espejismo.

Alguien diría que es como una reencarnación: sin arrugas horizontales en la frente y

 

unos labios carnosos

como los de una incipiente escrófula mira fijamente todo aquello que dejó:

 

la casa sigue en su sitio

y en la ventana esperando su regreso su fiel compañero que al verla bajar del taxi sonríe y sus ojos brillan como antaño,

 

las nubes han caído de su paraíso

y el mundo ha tropezado con ellas y todo parece como si fuera a salirse de su órbita para

 

ser el sol de otra galaxia.

 

Ha vuelto La Dama de sus Sueños,

con una canción en los labios, con el cerebro limpio, con el amor de niño en los ojos, con la paz entre las manos.

 

En su bolso lleva ligereza

como palabras yuxtapuestas preparadas para pintar un poema que no se llame poema y que viva en otro lenguaje

 

un lenguaje dispuesto

a inventar animales, cometas, árboles y música.

 

Después de cinco años en coma ha vuelto.

Su sonrisa se halla de nuevo invadiendo el jardín que apenas podía resistir su ausencia.

 

Sólo con su mirada

ya ha escrito su primer poema; ha juntado todos los árboles y flores del jardín y los ha depositado junto al muro en una sola imagen:

 

El primer poema visual

de la tierra florida.

 

                                                                                            Johann R. Bach

 

No sé cuánto va a durar esta noche tan tuya

HABITAS DONDE ESCRIBO

 

Sé que estás ahí Patricia.

Noto cómo tus ojos lanzan hilillos de luz para atrapar algún verso de esos que te escribo para que tú lo habites.

 

Escucho las notas musicales

que parten de tu pecho mientras escribo. Es una música sin palabras aún y siento como si estuviera en un libro distinto del que leo.

 

No sé cuánto va a durar esta noche tan tuya

pero sé que habitas donde escribo

 

y me alegra que pienses en mí

como yo lo hago en tus labios de mercurio. Me satisface tu retorno al amanecer  que

 

se esconde bajo la orilla de otro mar

como bajo tierra lo hace el sol desde mi ocaso.

 

                                                              Johann R. Bach



15 abr 2015

Eran tan sólo las tres de la mañana y nadie hacía el mínimo gesto para marcharse a casa.

EL MONÓLOGO DE PALMIRA 

 

Bajo una dulce música de jazz,

estábamos todas estiradas en el suelo hablando unas con otras. Eran tan sólo las tres de la mañana y nadie hacía el mínimo gesto para marcharse a casa.

 

Estábamos tan bien

que queríamos detener el tiempo, evitar un final. Fui al lavabo y me arreglé un poco y al volver las encontré a todas haciendo un corro sentadas y escuchando lo que decía Palmira. 

 

Ignoraba de qué iba el asunto,

pero ni loca iba a perderme aquello. Me senté tras la espalda de Anaïs y me dispuse a escuchar como las demás. Hablaban de poesía…

 

EL MONÓLOGO DE PALMIRA

 

"…Aunque desde el bachillerato

yo había leído la poesía con la certeza de que era una manera de escribir distinta a todas y que no podía usarse como la prosa de las novelas o la de los libros de estudio (aunque tenía una imprecisa afinidad con los rezos religiosos),

 

creo que mi primera noción

concreta de la poesía en tanto que actividad soberana y sin relación con la experiencia inmediata se produjo cuando tropecé con Rilke.

 

Los poemas de Rilke me impresionaron,

pero más aún la convicción inmediata de que aquellos versos, aun siendo su origen a veces a partir de una traducción de los clásicos griegos, tenían una fuerza superior a cualquier poeta vivo de los que yo leía entonces.

 

Me preguntaba entonces

¿Cómo podía alguien emocionarse, o cavilar sobre nuestro destino, a partir de las palabras que hace milenios concibió el extraño habitante de un lugar remoto

 

poblado por gente

que se alimentaba de queso de cabra, aceitunas negras e higos y cuya economía, por así llamarla, se sostenía con las incursiones pirata que emprendían durante el verano por el Egeo? ¿Cómo podía seguir siendo actual Sófocles?

 

En realidad la pregunta

estaba mal planteada. No era actual Sófocles sino atemporal, o mejor aún, ahistórico. La poesía es aquello que se escapa de la historia. Más allá de lo inmediato está lo profundo del poema, lo poético, es decir, la materia prima de la poesía, aquello de lo que trata.

 

Llegado a este punto me podríais preguntar entonces

¿de qué tratan los poemas?

 

Yo diría que la poesía

es siempre un homenaje y que si el poema no es un canto, entonces no es un poema. Todas sabéis lo que se siente cuando nuestras voces se elevan hacia el cielo como el vuelo de los pájaros. Pues al leer un poema se ha de sentir ese mismo canto.

 

Recuerdo que las monjas

de mi juventud me paseaban por las clases de las niñas mayores para exhibirme como una exótica futura poetisa cuando en realidad yo lo único que hacía era leer versos en voz alta, pero aquello me permitía pasear la mirada por entre aquellas aburridas colegialas.

 

Y de vez en cuando descubría

entre ellas unos ojos vivos que se clavaban en los míos produciéndome una extraña y agradable sensación en el vientre.

 

Emocionada, desviaba mi mirada

de la suya para evitar los ojos de una niña y alternando la vista entre los versos y la ventana veía un enorme castaño en flor.

 

Yo hubiera jurado

que esa imagen la vi realmente al mirar por la ventana, pero con el tiempo y a medida que iba leyendo poesía me surgió en un momento dado la idea de que aquello fue una imagen virtual de un significado evidente:  el castaño era el símbolo fálico (el sexo masculino deseado por mí en aquellos momentos con fuerza).

 

El árbol crece

y se lanza hacia el cielo impulsado por una potencia inextinguible, explota en el florecer y en el fructificar, danza a la luz del sol como un bailarín colosal.

 

Es como un verso final

que completa el canto: la música que baila el árbol es la potencia del "bios", la música de la vida terrestre. El castaño es la danza de la vida; nosotras somos música viviente.


                                     Johann R. Bach