23 nov 2014

Antes de la lluvia no he visto hojas bajo las corolas

ME CANSÉ DE MI TRISTE OFICIO

 

Vuelvo a la casa de mis padres.

Me cansé de mi triste oficio de letrista: Escribir y repasar posibles errores de  letras de canciones -quemándome las cejas-, años y años, para otros

 

¡Solamente para otros!

 

La lluvia reaviva

el verdor del musgo del patio.

 

La escarcha enrojece

la casa con hojas caídas. Ocioso, subo a las golfas y contemplo cómo se acuesta el sol.

 

Sólo el canto de retreta

de los gorriones me acompaña en mi nostalgia y tristeza.

 

Antes de la lluvia

no he visto hojas bajo las corolas como aquellas de las que Pablo Neruda sacaba alegría.

 

Tras la lluvia no encuentro corolas bajo las hojas.

 

Sí veo

cómo mariposas y abejas vuelan al otro lado de los setos de la partión.

 

¡Oh primavera,

¿habrás caído en la casa de los vecinos?

 

¡Qué gran lección

me ha dado la Universidad Gratuíta de la Miseria!

 

"Las flores hay que cogerlas a tiempo.

Si no, sólo te quedas con la rama desnuda y seca".

 

Así –como esa rama-,

vuelvo a la casa de mis padres.

 

Me cansé de mi triste oficio de letrista de blues. (bis)


                                                             Johann R. Bach

 

cierra los párpados ante mi soplo,

NO ME ADULES

 

No me adules mi amor.

¡No acrecientes mi figura! ¿Quién sabe si me alzo como un sol sostenido?

 

Levanta sólo el rostro muy despacio,

para que mi fluir sea casi idéntico a tu propio llanto.

 

Y si mi fuerza te pasa de largo,

colócate derecha ante mi ráfaga;

 

cierra los párpados ante mi soplo,

como si de tanto verme a mí pudieras volverte ciega.


                                                                                   Johann R. Bach

22 nov 2014

Si eres lista, Laura, aléjate de mí. ¡Aléjate de mí! ¡Lo más lejos que puedas!

BLUES PARA LAURA

       

Si eres lista, Laura, aléjate de mí.

¡Aléjate de mí! ¡Lo más lejos que puedas!

Si eres inteligente

no permanezcas junto a mí, pero si a pesar de todo prefieres una vida llena de percances

 

entonces coge mi mano y no la sueltes.

 

¡Mira! Todos parecen divertirse;

beben cerveza y fuman porros liados con maquinilla, sin embargo a mí todo eso no me dice nada:

 

No sé divertirme como ellos.

En mi país no hacía otra cosa que pasear por la playa y capturar pequeñas gambas y arañas de mar olvidadas por la marea en su retirada.

 

He ido a la oficina de desempleo

(aunque en el rótulo pone Oficina de Empleo), he cogido número y he guardado pacientemente en la cola,

 

Han llamado por su nombre a medio mundo,

 

pero ninguna mesa me ha llamado.

A mi lado se han sentado varias personas que ni siquiera me han mirado. Ni mis iguales tienen interés por mí.

 

Sólo un negro me miraba

con sus grandes ojos. Conozco bien esa mirada, quiere que le pague una birra a cambio de unos minutos de conversación.

 

Limpio jardines,

a veces trabajo de camarero y me pagan (en negro) a tres euros la hora porque, aunque comunitario, soy extranjero.

 

¡Qué puedes esperar de mí?

Si eres lista aléjate de mí. Ni siquiera tengo el engreimiento de creer que mi conversación valga una birra.

 

Laura amor, si eres inteligente

no permanezcas junto a mí, pero si a pesar de todo prefieres una vida llena de percances

 

entonces coge mi mano y no la sueltes.

 

                                                            Johann R. Bach

21 nov 2014

No quiero cambiar el aire azul de este mar

NO QUIERO ESTAR TRISTE

 

No quiero estar triste

 

Ya no escribo poemas de amor.

Las piernas no me sostienen,  la espalda comienza a curvarse por el exceso de peso sobre los fríos hombros.

 

No quiero cambiar el aire azul de este mar

por las fresas en las tórridas noches de verano, ni quisiera verme devorado en mi carencia

 

por las arañas que en el campo se comen

las flores amarillas convirtiéndose en vegetarianas por necesidad.

 

No quiero estar triste.

Y, sin embargo, parafraseando a Mallarmé

ya he leído casi todos los libros.

 

                                                               Johann R. Bach

20 nov 2014

Vuelvo a atravesar bajo una fina lluvia atlántica un bosque sagrado

EL LARGO VIAJE DEL PLANETA

 

Vuelvo a atravesar bajo una fina lluvia atlántica

un bosque sagrado de castaños y eucaliptus y como en los deseos de mi infancia, un acogedor y viejo camino sobrevive.

 

Ese bosque desnudo,

el cielo entre las altas ramas, oscuras nubes de algodón que abrigan el verde gris de los campos que resurgen.

 

El mundo perdura,

insiste en sus ciclos,

y, se retrasa el silencio.

 

                                                             Johann R. Bach

19 nov 2014

la maraña de todas las variaciones posibles de los elementos de la Tabla Periódica,

EL RETORNO DEL ÁNGEL

El día que vuelva a la tierra
intentaré que mi regreso se haga con método. Nada que se parezca al caos me va a interesar;

no estoy enfadado;
nunca he estado tan tranquilo.

Mi estado anímico actual
no es más que sensatez y completa asepsia, para emplear su término exacto.

Después de un séptimo viaje a Marte
de veinticinco meses de duración me siento como un ángel experto situado en uno de los puntos cardinales:

un veterano,
uno a la antigua usanza, no un novato;

que no venga nadie a contarme
que me he vuelto blando por un simple espectáculo a lo Miguel Ángel. Reto a viajar a esos críticos de todo lo que existe, encerrado en este amasijo de tubos y pantallas

sin enloquecer más de lo que se necesita
para emprender esta aventura de la vida.

Esta vez entraré en la atmósfera despacio.
Sin ruido. No se trata de dirigir los ojos por adelantado hacia ese mar de recuerdos de la infancia y de la juventud.

Esta vez intentaré amerizar
–cayendo como la lluvia en una mañana color miel- y mecerme con el vaivén de las olas antes de que me recojan.

Esperan de mí
que corrobore sus teorías con los datos acumulados en un minúsculo chip de platino y níquel.

Me han confiado esta misión
porque no acabé de demostrarles que su física y química me importan un bledo. Acepté el empleo por pura necesidad económica.

Quisiera que cualquiera de esos
que se llaman a sí mismos científicos pasase una temporada como el ángel del horizonte:

Solo y sólo con el azimut de la estrella Vega.

Ya sé que no es difícil,
pero me gustaría ver sus caras al oír sólo su propia voz rotunda hablando de Ícaro.

No son ratas de laboratorio –lo sé-
y creo por ello que no les gustaría después de uno de estos viajes que les preguntasen si han visto a los querubines implantarse en sus cráneos la cabellera de los cometas.

No quiero a mi regreso nada de trompetas,
ni trompas en las puntas de la rosa de los vientos. Nada de fanfarrias, ni por otro lado, amenazas para que no cuente lo que he visto en los cielos de la Noche Eterna.

Ni siquiera admito las indicaciones
de buena fe dirigidas a que manifieste melancolía, ternura o lamentos. Por cierto,

me gustaría escuchar, eso sí,
la música del viento, mojar mi frente con gotas de fina lluvia y sentir mi mano tomada por unos dedos amorosos mientras una delicada voz me susurra al oído.

Soy fácil de contentar,
pero en cambio quiero milagros. Y no sólo de esos que se llaman milagros ahí abajo sino los que aquí arriba llaman maravillas.

Lo que yo llamo un buen trabajo.

Es un sencillo ejercicio de memoria
lo que les pido a todos los implicados en el proyecto. Les pido que recuerden

todas las combinaciones de la materia,
la maraña de todas las variaciones posibles de los elementos de la Tabla Periódica,

los infinitos espacios métricos
surgidos de una simple familia de geometrías de Minkowski y que compongan con esos elementos

pequeños mosaicos que se mantengan de pie.

No les pido imposible.
Pero nada de ramplonerías ni cursiladas, o tendré que implicarme.

                                                               Johann R. Bach


Después de un séptimo viaje a Marte me siento como un ángel experto

EL RETORNO DEL ÁNGEL

 

El día que vuelva a la tierra

intentaré que mi regreso se haga con método. Nada que se parezca al caos me va a interesar;

 

no estoy enfadado;

nunca he estado tan tranquilo.

 

Mi estado anímico actual

no es más que sensatez y completa asepsia, para emplear su término exacto.

 

Después de un séptimo viaje a Marte

de veinticinco meses de duración me siento como un ángel experto situado en uno de los puntos cardinales:

 

un veterano,

uno a la antigua usanza, no un novato;

 

que no venga nadie a contarme

que me he vuelto blando por un simple espectáculo a lo Miguel Ángel. Reto a viajar a esos críticos de todo lo que existe, encerrado en este amasijo de tubos y pantallas

 

sin enloquecer más de lo que se necesita

para emprender esta aventura de la vida.

 

Esta vez entraré en la atmósfera despacio.

Sin ruido. No se trata de dirigir los ojos por adelantado hacia ese mar de recuerdos de la infancia y de la juventud.

 

Esta vez intentaré amerizar

–cayendo como la lluvia en una mañana color miel- y mecerme con el vaivén de las olas antes de que me recojan.

 

Esperan de mí

que corrobore sus teorías con los datos acumulados en un minúsculo chip de platino y níquel.

 

Me han confiado esta misión

porque no acabé de demostrarles que su física y química me importan un bledo. Acepté el empleo por pura necesidad económica.

 

Quisiera que cualquiera de esos

que se llaman a sí mismos científicos pasase una temporada como el ángel del horizonte:

 

Solo y sólo con el azimut de la estrella Vega.

 

Ya sé que no es difícil,

pero me gustaría ver sus caras al oír sólo su propia voz rotunda hablando de Ícaro.

 

No son ratas de laboratorio –lo sé-

y creo por ello que no les gustaría después de uno de estos viajes que les preguntasen si han visto a los querubines implantarse en sus cráneos la cabellera de los cometas.

 

No quiero a mi regreso nada de trompetas,

ni trompas en las puntas de la rosa de los vientos. Nada de fanfarrias, ni por otro lado, amenazas para que no cuente lo que he visto en los cielos de la Noche Eterna.

 

Ni siquiera admito las indicaciones

de buena fe dirigidas a que manifieste melancolía, ternura o lamentos. Por cierto,

 

me gustaría escuchar, eso sí,

la música del viento, mojar mi frente con gotas de fina lluvia y sentir mi mano tomada por unos dedos amorosos mientras una delicada voz me susurra al oído.

 

Soy fácil de contentar,

pero en cambio quiero milagros. Y no sólo de esos que se llaman milagros ahí abajo sino los que aquí arriba llaman maravillas.

 

Lo que yo llamo un buen trabajo.

 

Es un sencillo ejercicio de memoria

lo que les pido a todos los implicados en el proyecto. Les pido que recuerden

 

todas las combinaciones de la materia,

la maraña de todas las variaciones posibles de los elementos de la Tabla Periódica,

 

los infinitos espacios métricos

surgidos de una simple familia de geometrías de Minkowski y que compongan con esos elementos

 

pequeños mosaicos que se mantengan de pie.

 

No les pido imposible.

Pero nada de ramplonerías ni cursiladas, o tendré que implicarme.

 

                                                                            Johann R. Bach

18 nov 2014

Arrodillado -con música de jazz en mis oídos- ...

                    EROS

Todo sucede

como si descendiera del brazo de los pulpos el armazón, la carne y las costillas del navío que vuela sobre las volutas de la tormenta:

 

es la permanencia del deseo;

el deseo, mano de hierro, que mantiene el timón, ferozmente lanzado hacia las playas de las ligeras lanas de tu vestido.

 

Arrodillado

-con música de jazz en mis oídos- entre tus piernas como el centauro Quirón

 

mis ojos descendían

–entornados los ojos- como un imán al centro más ardiente de tu cuerpo. 


                                                             Johann R. Bach

17 nov 2014

16 nov 2014

En la gran pantalla, como un jinete de platino, aparece por fin ese esperado amasijo de átomos helados

JINETE DE PLATINO

Misión Rosetta 28:

Philae 27, como todos los robots enviados en misiones anteriores, murió, sin remedio, de frío y

 

Eugenio, preparado durante 28 años,

espera nervioso su primer asalto al cometa. Se ha entrenado con toda clase de técnicas de abordaje de barcos, con tecnología de repostar aviones en vuelo, incluso con ejercicios de subir en marcha a un tranvía.

 

De repente se estremece.

Una luz cruel, de tonalidad magenta, le desentela las telarañas acumuladas en su cerebro durante el largo viaje hacia el punto de encuentro con el cometa.

 

En la gran pantalla,

como un jinete de platino, aparece por fin ese esperado amasijo de átomos helados de hidrogeno y oxigeno soldados bajo un primitivo arco de argón,

 

nitrógeno y azufre

vigilados por el diamantino carbono y litio metal humano en menor proporción mezclado con aluminio y senecio envejecidos.

 

Empieza su primer reconocimiento

de un lugar donde el Diluvio nunca pudo abalanzarse, donde las voraces olas de los embravecidos mares

 

revolviéndose rabiosas contra la vida

no pudieron con esa Masa Crítica del Universo que cabalga sobre una silla de platino.

 

Eugenio empieza a reconocer en los cielos

las correspondientes casas de leones, cangrejos, osos… en el cielo y sobre todo a aquel que imperturbable se alza:

 

Pegaso: el caballo alado

que le puede permitir abordar al cometa en el lugar preciso de su elíptica trayectoria.

 

No importa que ese jinete de platino

se esconda en la oscuridad del Cosmos. Los ultrasonidos le indican a Eugenio la superficie hacia donde dirigir a Philea 28 el sofisticado y humanizado robot.

 

La dificultad de embridar

a un caballo desbocado no es algo desconocido para la Ciencia de la Naturaleza, pero la emoción domina las manos de Eugenio.

 

Para dominar su temblor

se toma una gota de café -la ración de una semana- y piensa en su amada que al igual que Penélope estará bordando una tela de colores con los hilos de plata de su propia cabellera.

 

Piensa en Aquél

cuya voluntad fatídica permitió el nacimiento de aquel pequeño pueblo de pescadores de casas blancas a la orilla de un mar… uno especial entre tantos y tantos.

 

¡Qué terrible y brillante emerge

el cometa en la penumbra!

 

¡Qué pensamiento lleva escrito en su frente!

¡Qué fuerza se esconde en su figura!

¡Qué fuego anima su caballo!

 

Corsario orgulloso

–se dice a sí mismo Eugenio- ¿hacia dónde galopas jinete errante y donde reposarás esas pezuñas si no logro desentrañar tus secretos alcanzando tu superficie?

 

¡Señor poderoso del destino!

¿No es así como embridas con mano férrea la Ciencia de la Naturaleza al borde mismo del abismo, subyugándola

 

como a una yegua desbocada?

 

                                                              Johann R. Bach

 

EL JINETE DE PLATINO

¿Cómo abordar a un cometa?

15 nov 2014

Re: De repente se estremece. Una luz cruel, de tonalidad magenta, le desentela las telarañas acumuladas en su cerebro

El Jinete de platino

El 15/11/2014 19:21, "juan rubio riera" <johannrbach@gmail.com> escribió:

JINETE DE PLATINO

Misión Rosetta 28:

Philae 27, como todos los robots enviados en misiones anteriores, murió, sin remedio, de frío y

 

Eugenio, preparado durante 28 años,

espera nervioso su primer asalto al cometa. Se ha entrenado con toda clase de técnicas de abordaje de barcos, con tecnología de repostar aviones en vuelo, incluso con ejercicios de subir en marcha a un tranvía.

 

De repente se estremece.

Una luz cruel, de tonalidad magenta, le desentela las telarañas acumuladas en su cerebro durante el largo viaje hacia el punto de encuentro con el cometa.

 

En la gran pantalla,

como un jinete de platino, aparece por fin ese esperado amasijo de átomos helados de hidrogeno y oxigeno soldados bajo un primitivo arco de argón,

 

nitrógeno y azufre

vigilados por el diamantino carbono y litio metal humano en menor proporción mezclado con aluminio y senecio envejecidos.

 

Empieza su primer reconocimiento

de un lugar donde el Diluvio nunca pudo abalanzarse, donde las voraces olas de los embravecidos mares

 

revolviéndose rabiosas contra la vida

no pudieron con esa Masa Crítica del Universo que cabalga sobre una silla de platino.

 

Eugenio empieza a reconocer en los cielos

las correspondientes casas de leones, cangrejos, osos… en el cielo y sobre todo a aquel que imperturbable se alza:

 

Pegaso: el caballo alado

que le puede permitir abordar al cometa en el lugar preciso de su elíptica trayectoria.

 

No importa que ese jinete de platino

se esconda en la oscuridad del Cosmos. Los ultrasonidos le indican a Eugenio la superficie hacia donde dirigir a Philea 28 el sofisticado y humanizado robot.

 

La dificultad de embridar

a un caballo desbocado no es algo desconocido para la Ciencia de la Naturaleza, pero la emoción domina las manos de Eugenio.

 

Para dominar su temblor

se toma una gota de café -la ración de una semana- y piensa en su amada que al igual que Penélope estará bordando una tela de colores con los hilos de plata de su propia cabellera.

 

Piensa en Aquél

cuya voluntad fatídica permitió el nacimiento de aquel pequeño pueblo de pescadores de casas blancas a la orilla de un mar… uno especial entre tantos y tantos.

 

¡Qué terrible y brillante emerge

el cometa en la penumbra!

 

¡Qué pensamiento lleva escrito en su frente!

¡Qué fuerza se esconde en su figura!

¡Qué fuego anima su caballo!

 

Corsario orgulloso

–se dice a sí mismo Eugenio- ¿hacia dónde galopas jinete errante y donde reposarás esas pezuñas si no logro desentrañar tus secretos alcanzando tu superficie?

 

¡Señor poderoso del destino!

¿No es así como embridas con mano férrea la Ciencia de la Naturaleza al borde mismo del abismo, subyugándola

 

como a una yegua desbocada?

 

                                                              Johann R. Bach

 

12 nov 2014

¿“el más negro y corrosivo de los malditos cuervos verdes”?

SOFISTICADO JOHANN

Marta Guillamon está convencida

de que empezó a enloquecer, no a los veinticuatro como era de esperar, sino a los treintainueve.

 

El primer aviso de locura textual

–recordemos aquí que Marta heredó un negocio editorial- se hizo patente con la pérdida parcial de sus capacidades olfativas.

 

En efecto,

durante el proceso de una afección gripal todas las sustancias le daban la sensación que olían a café tostado.

 

Y, por otro lado, le producían náuseas

todos aquellos textos en que un torrente de imágenes tópicas de la literatura de terror se vuelve insustancial y naïf por haberse extraído de

 

un discurso donde pudieron haber sido necesarias:

oscuridad, ratas, casas abandonadas, pasadizos secretos, monstruos de origen humano habitando minas abandonadas e instalaciones militares subterráneas…

 

Ante el peso de los años,

se refugia en los poemas de Johann y, a pesar de que nunca diría que su amigo es "un buen poeta", "el más grande poeta de L'Empordá heredero de Edgar A. Poe" o, en sentido contrario

 

"el más negro y corrosivo

de los malditos cuervos verdes".

 

Marta sabe que otros lo dirán,

pero no será ella –según sus propias palabras quien lo diga-, porque todas esas etiquetas ridículas sobran a la hora de hablar de cualquier escritor.

 

O, más bien, a la hora de hablar de cualquiera.

 

Sabe Marta, eso sí,

que Johann escribe poesía en prosa. Eso es un hecho. Sencillo –dice-, tal vez, pero verdadero.

 

Haciendo esas declaraciones

la exime de adelantar un juicio de valor, de hacer una aseveración sin fundamento.

 

Parece estúpido, pero no lo es.

 

Es más: a partir de un determinado momento

–según declaró Marta, en cierta ocasión al periódico La Vanguardia- de su trayectoria, Johann se empeñó en escribir "un definitivo y único poema" y para hacerlo, ha probado con numerosas variaciones,

 

ensayos de aproximación seriada

que terminan por no tener otro marco de referencia que ellos mismos.

 

El poema es la guarida

del animal poético que no existe, del hombre modelado por la lectura hecha con filtros muy finos.

 

El único relato válido para Johann R. Bach

–según el concepto de Marta- es, al final, el que construye la literatura, superpuesta y convertida en segunda piel para quien ha perdido contacto con

 

aquello que se suele llamar "mundo",

que ha huido de él a través del ciervo de la locura.

 

La paradoja es que lo que existe

–como los poemas de Johann R. Bach en palabras de Marta- está radicado, al final, en lo que no existe.

 

"El poema se anuda

al sufrimiento que no existe,

en la página

que no existe".

 

La poética de Johann R. Bach es, así,

paradójica, contrahecha. El poema es, en él, propiamente lo que existe frente al espectro de

 

lo imaginario que es lo inexistente.

Es algo atroz: algo que tiene vida, pero no tiene mirada.

 

                                                             Leo P. Hermes

 

“el más negro y corrosivo de los malditos cuervos verdes”.

SOFISTICADO JOHANN

Marta Guillamon está convencida

de que empezó a enloquecer, no a los veinticuatro como era de esperar, sino a los treintainueve.

 

El primer aviso de locura textual

–recordemos aquí que Marta heredó un negocio editorial- se hizo patente con la pérdida parcial de sus capacidades olfativas.

 

En efecto,

durante el proceso de una afección gripal todas las sustancias le daban la sensación que olían a café tostado.

 

Y, por otro lado, le producían náuseas

todos aquellos textos en que un torrente de imágenes tópicas de la literatura de terror se vuelve insustancial y naïf por haberse extraído de

 

un discurso donde pudieron haber sido necesarias:

oscuridad, ratas, casas abandonadas, pasadizos secretos, monstruos de origen humano habitando minas abandonadas e instalaciones militares subterráneas…

 

Ante el peso de los años,

se refugia en los poemas de Johann y, a pesar de que nunca diría que su amigo es "un buen poeta", "el más grande poeta de L'Empordá heredero de Edgar A. Poe" o, en sentido contrario

 

"el más negro y corrosivo

de los malditos cuervos verdes".

 

Marta sabe que otros lo dirán,

pero no será ella –según sus propias palabras quien lo diga-, porque todas esas etiquetas ridículas sobran a la hora de hablar de cualquier escritor.

 

O, más bien, a la hora de hablar de cualquiera.

 

Sabe Marta, eso sí,

que Johann escribe poesía en prosa. Eso es un hecho. Sencillo –dice-, tal vez, pero verdadero.

 

Haciendo esas declaraciones

la exime de adelantar un juicio de valor, de hacer una aseveración sin fundamento.

 

Parece estúpido, pero no lo es.

 

Es más: a partir de un determinado momento

–según declaró Marta, en cierta ocasión al periódico La Vanguardia- de su trayectoria, Johann se empeñó en escribir "un definitivo y único poema" y para hacerlo, ha probado con numerosas variaciones,

 

ensayos de aproximación seriada

que terminan por no tener otro marco de referencia que ellos mismos.

 

El poema es la guarida

del animal poético que no existe, del hombre modelado por la lectura hecha con filtros muy finos.

 

El único relato válido para Johann R. Bach

–según el concepto de Marta- es, al final, el que construye la literatura, superpuesta y convertida en segunda piel para quien ha perdido contacto con

 

aquello que se suele llamar "mundo",

que ha huido de él a través del ciervo de la locura.

 

La paradoja es que lo que existe

–como los poemas de Johann R. Bach en palabras de Marta- está radicado, al final, en lo que no existe.

 

"El poema se anuda

al sufrimiento que no existe,

en la página

que no existe".

 

La poética de Johann R. Bach es, así,

paradójica, contrahecha. El poema es, en él, propiamente lo que existe frente al espectro de

 

lo imaginario que es lo inexistente.

Es algo atroz: algo que tiene vida, pero no tiene mirada.

 

                                                         Leo P. Hermes