1 abr 2014

ja és hora que el món sàpiga qui va descubrir l'órigen del planeta terra

POEMES PER AL CREPUSCLE

A MANERA D’INTRODUCCIÓ

 

 

De Berlín a Kaliningrad

Oh nit!

 

Mentre espero l’avió llegeixo,

com a enginyós joc de paraules “Els guanyadors tenen un sisè sentit ,

 

però tots necessitem

una espatlla amiga, un animal de companyia o un llibre que ens ajudi a comprendre’ns a nosaltres mateixos.

 

Fa molt

que sabem que som fràgils. Cal cercar suports com ho fan les veus en un cor.

                                                                    Johann R. Bach

 

RERE LES PASSES DE KANT:

 

Oh nit!

 

Et voldria comprendre com a Kant.

Professor de Königsberg- avui  Kaliningrad- proposava la idea que estudiar conjuntament la natura i l’espai exterior en la seva primerenca Història General de la Natura i Teoria del Cel.

 

Un entre els molts amics

que l’animaven a perseverar en els seus estudis sobre aquest immens llençol de llumenetes que apareix damunt nostre al crepuscle fou Friedrich Hölderlin.

 

Li demostrà la seva amistat

I li va sintetitzar tot el seu suport filosòfic i literari amb dos versos curts:

 

Qui construí les muntanyes

i marcà les senderes dels rius?

Hölderlin

Oh nit!

 

Saps que entre els teus amics

hi ha algunes persones meravelloses que, a milers, duen flors a la seva tomba.

 

Al cementiri de Kaliningrad

el 1991 es va recuperar la seva figura per al món i un dels seus pensaments més poètics i   un dels seus pensaments més poètics en escriure’s sobre la seva tomba els mots següents:

 

“Dues coses m’omplen la ment

amb un sempre renovat i acrescut embadaliment i admiració que no decauen per molt que hi reflexioni: el firmament estrellat damunt meu i la llei moral dintre meu”.

 

Veus autoritzades li havien demanat

que trenqués el seu llarg silenci, ja que sense ell –deien- no es perdia un filòsof: es perdia el món.

 

Oh nit!

 

Ara algunes persones

guardem els seus mots en un pendrive de connexió USB a punt de ser llegit penjat amb una cinta al coll:

 

“Qualsevol canvi em fa aprensiu,

encara que m’ofereixi la millor promesa de millorar el meu estat, i estic convençut, per aquest instint natural meu, que he de parar compte si desitjo que els fils que les Parques teixeixen tan fins i dèbils siguin teixits amb una certa longitud en el meu cas”.

 

“El meu agraïment sincer

als meus amics i admiradors que pensen tan bonhomiosament de mi  fins a comprometre’s amb el meu benestar, però així mateix demano, de la manera més humil, protecció en el meu actual estat davant qualsevol alteració”.

 

Oh nit!

 

Passats els anys

ja és hora que el món sàpiga que va descobrir l’origen del planeta terra i del sistema solar a partir d’una massa que, havent madurat prou, girava, en forma de puro, sobre el seu eix central perpendicular.

 

Laplace li va donar la raó

amb els seus càlculs sobre la quantitat de moviment dels planetes i nosaltres també la hi donem perquè gràcies a ell podem mirar en el nostre interior i, aixecant el cap, llegir el Codi de l’ Obscuritat i les seves ombres blanques.
 

                                                               Johann R. Bach

El viento de tramontana no debería ser visto como un componente hostil...

LA NEGRURA QUE CUBRE LAS CIUDADES

 

Soterrada en impenetrable negrura

se arrastra la vieja alma del topo y se despierta o duerme,

 

no lo sabe,

pero incansable excava túneles a través de los siglos del olvido; hasta que por fin

 

el largo encierro

a uno y otro lado de la pared acaba, y confusa la luz avanza desde lejos,

 

y la labor del topo

se hace crepuscular.

 

Yo conozco esa negrura

que cubre las ciudades.

 

Pero las largas y siniestras tinieblas

que por las calles se despliegan, sutilmente confusas, se arremolinan y dispersan, menguan y viscosamente fluyen;

 

tinieblas de lujuria y avaricia,

del devastado cuerpo y el perverso corazón…

 

Yo conozco esas tinieblas

que cubren las ciudades.

 

Estúpido y mudo y

ciego y sin tacto había llegado a un punto sin retorno, pero aquí, bajo el cielo de este mar zafiro sin mareas,

 

sin vapores que lo empañen,

sin nubes que lo oscurezcan, como cualquier viajero escogí el mejor de los caminos.

 

Mis ojos, como los del topo

se volvieron de halcón; el saber se me presentó en migajas reticentes que tuve que pagar con elevada y desmedida usura

 

a la implacable vida.

 

A cada lado de mi nuevo camino

brillan los márgenes guías luminosos y cristalinos; y los debo recorrer y recorrer hasta que la noche haga caer el olvido.

 

Algo dentro de mí me advirtió

de que el viento de tramontana no debería ser visto como un componente hostil sino como la textura de una tierra colmada de brillantes auspicios.

 

Sí, sí.

Un lugar –sin grandes ciudades- donde se engendran y maduran los sueños: Tierra afortunada que concibe las vides y los olivos de su divino deseo.

                                                     Johann R. Bach

 

31 mar 2014

Las galaxias... exploran nuevos planetas y abandonan los pozos clausurados

EL UNIVERSO TIENE SED

 

Un profesor de fisiología, con ánimo burlesco,

le preguntó a Marta Guillamón, por qué había tanta agua en el mundo. Marta sonrió y tomando un cierto aire de ingenuidad respondió:

 

porque el Universo tiene sed.

 

A continuación su sonrisa se acrecentó.

No se le ocurra –dijo Marta- suspenderme por lo breve de mi exposición porque si lo hace demostrará que Usted no sabe nada de las peripecias que debieron pasar el hidrógeno y el oxígeno

 

para llegar a un mínimo acuerdo.

 

El hidrógeno y el oxígeno se abrazaron

bajo los membrillos solares como dos amantes; sus electrones resbalaban sobre la piel de sus átomos como dedos húmedos.

 

De esas caricias nació un enlace covalente,

ligero, que originó millones de moléculas de agua que se expandieron por el universo con la misión de calmar la sed de un Cosmos ávido de aventuras.

 

El hidrógeno mismo

tuvo grandes dificultades en su nacimiento: ayudada de unos fórceps una Diosa del Amor, con maestría, lo arrancó del caldo de neutrones, protones, neutrinos, quarks, positrones… del verdadero Mar Solar;

 

se demoró por años en las montañas

deslumbrándose con las luciérnagas de litio para superar su soledad, convivió penosamente con los átomos de berilio y boro;

 

se embadurnó el rostro con carbón

y esperó con paciencia a que el nitrógeno arrastrara al oxígeno hasta la playa primigenia golpeada con gigantescas mareas de metano.

 

En esa playa –donde el hombre

echaría anclas millones de años más tarde- los relámpagos alumbraron el cielo durante unos pocos segundos y los rayos clavaron sus vestigios y el principio de un futuro.

 

Sí, sí. ¡No me mire con esa cara!

Sé que me va a objetar que el mar enfermó y que en la medida que envejece se va intoxicando con los minerales.

 

Eso es verdad,

pero durante millones de años los delfines y las alas de las gaviotas lo desgarraron y la energía del sodio cristalizada con el cauterizador cloro –unidos ambos con la fuerza ciclópea del enlace iónico-, cicatrizó sus heridas día a día.

 

Si no me cree, coja una caracola,

escuche cómo salen de su interior los suspiros del Viejo Mar y dicen: “Yo soy vuestra vida; tal vez no sea nadie, pero puedo volverme lo que queráis”.

 

Por fin para dar de beber al universo

los ángeles firmaron el acuerdo esperado: por un precio módico se encargaron de sublimar los hielos de las altas cordilleras,

 

evaporar continuamente la piel de los mares,

de forma que hubiera agua dulce para todas las criaturas de cualquier planeta,

 

fundir los hielos en primavera

y mantener en equilibrio -a cuatro grados centígrados- los tres estados del agua: sólido, líquido y gaseoso.

 

El universo tiene sed.

Por eso hay tanta agua en el Cosmos.

 

Cada pléyade de estrellas

de lejanas galaxias se niegan a cerrar los ojos en busca del encuentro secreto de las aguas bajo el hielo -la sonrisa del mar- de los cometas; exploran nuevos planetas y abandonan los pozos clausurados;

 

tantean con sus hilos de luz

las venas; ayudan con ellos a mantener su elasticidad allí donde acaban los nenúfares y el hombre que camina ciego sobre la nieve del silencio.

 

El Universo tiene sed.

                                                          Johann R. Bach  

Tiempo hay para estar a solas consigo mismo, en cuerpo y alma, ligeramente irreal

      EN CUERPO Y ALMA CON MARTA GUILLAMÓN

 

La noche, amiga Marta,

ha entrado en ti igual que entran las olas en las pequeñas calas  junto a Cadaqués.

 

Piensas que el Quijote

habla de una brisa interior que se mueve en nosotros

a la vez que en las viñas.

 

Escribes sobre el mar,

tu paisaje preferido, sobre el modo en que invade la tierra con la luna del mercurio marea de vida nocturna.

 

Crees que alguien mira,

desde la pasión de estos versos hacia la ventana en que tú estás, y construye por enésima vez Cadaqués desde donde te escribe:

 

“Cervantes

fue el sueño de Sancho Panza”.

 

Sientes un tu carne

que la vida se parece a la palabra literatura, y, que a veces, sufre la enfermedad de la poesía. Has cerrado los ojos. Estás lejos del mar y es de noche.

 

No hay nada más.

 

Acaso no fue dulce, amiga Marta,

compartir contigo aquellas tardes mediado el mes de junio y sus secretos.

 

Tiempo hay

para estar a solas consigo mismo, en cuerpo y alma,

 

ligeramente irreal.

 

                                                            Johann R. Bach

El mar, ese inmenso depósito hilvanado con fuertes rocas y con suaves arenas...

NACER EN CADAQUÉS

 

Al nacer en Cadaqués no partías de cero.

Cuando naciste tus hermanos ya hablaban, andaban y jugaban en la arena, justo enfrente de casa, remojándose los pies en agua de mar.

 

Tu hermano ya hablaba dos lenguas,

tu hermana sólo una; aún no iba a la escuela. Acompañaba a tu madre en los quehaceres y cuidaba de ti peinándote el cabello de tantas formas  como caras tiene un poliedro.

 

Tu punto de partida no era cero;

el humilde refugio de pescadores era la casa donde se estrellaba  la tramontana y el mar acababa siempre acariciando hasta el dintel de la puerta como si buscase lavarte los pies.

 

El mar, ese inmenso depósito

hilvanado con fuertes rocas y con suaves arenas, lleno de luz, agua y sal de vida, sabía que tenías alma de príncipe; te respetaba, calmando a Neptuno, cuando cogido de la mano de tus hermanos aprendías a caminar entre sargos, percas y rojo-amarillentos serranos con las primeras palabras de la sirenas.

 

Junto a conchas sonrosadas,

granadas y membrillos, con los primeros y alegres estremecimientos, tíos y primos vaciaban el aceite en enormes tinajas y en un suelo cubierto con un mantel de viñas, tapaban con tomillo y romero los humos de cordero asado.

 

Esa luz y ese olor

del universo mediterráneo, que sueñas como bueno es la mayor de las herencias deseables.

 

Una herencia sostenida

-que al azar agradeces- sobre tres modestas columnas: haber nacido junto al viento de Tramontana, de clase humilde, y, en una pequeña península de una nación oprimida.

 

Al nacer en Cadaqués,

bajo el turbio azur de ser tres veces rebelde, no partías de cero.     

 

                                                                 Johann R. Bach

Para conocer a los hombres tuve que leer "El Quijote"

YO, MARTA GUILLAMON Y LOS HOMBRES DE MI VIDA

 

Para conocer a los hombres

no tuve que acostarme con todos ellos. Como no me bastó con mirar a mi alrededor, observar a los compañeros de mis amigas y escuchar lo que de ellos decían ellas,

 

tuve que leer El Quijote,

el Código civil y el Código Penal. Y aun así tuve que grabar en mi ADN la mayoría de las guarradas de los dioses de El Olimpo.
 
                                                                            Johann R. Bach

30 mar 2014

Hoy llueve. Han bajado las temperaturas y todo invita a quedarse en casa.

HOY LLUEVE

 

Hoy llueve.

Han bajado las temperaturas y todo invita a quedarse en casa.

 

En medio de la quietud del tiempo

se oye, en el fondo del pasillo, el pasar de la página del libro que está leyendo el hijo mayor como si una puerta secreta se abriera a un paisaje blanco, diáfano.

 

Y en ese momento

una puerta se abre en realidad. Llega el padre. Llamas a tu hija para que te ayude a poner los cubiertos de plata porque hoy es domingo.

 

Cuando la mesa ya está puesta

se convoca a todos por medio de una campanilla como se hacía antiguamente en nuestra familia.

 

Todos bajan la escalera interior

dejando el libro abierto sobre la cama, la guitarra abandonada en un rincón, el ordenador de la tía “Perfecta” (soltera y feliz) en el altillo apagado...

 

Nos sentamos a la mesa.

Como en los días de fiesta la mesa se cubre con el mantel a cuadritos azules de vichy, se llenan los vasos con vino tinto mezclado con gaseosa.

 

El pescadito frito da sed y

el lacón con grelos también.

 

Encaramado en la ventana el gato

espera impaciente las raspas de su plato.

 

Así es, pues, la vida.

Así de hermosa para el que la quiera apreciar.

 

La madre, aún joven,

-esperando agazapada tiempos mejores- como el gato en la ventana cumple con las obligaciones que tomó hace tiempo.

 

Siente que su fertilidad intelectual

comienza a brotar como las flores del almendro: de golpe; se inclina hacia su plato y llora. El padre apoya la mano en su hombro.

 

“Es de felicidad” se justifica ella.

 

Los demás miramos por las ventanas

como la tarde gris comienza a caer sobre los árboles. Todo apunta a que en esta noche menos transparente y más corta

 

no veremos una luna delgada

como un dedo olvidado entre las páginas de un libro quieto y cerrado.

 

La noche será fresca

aunque está ya entrando el equinoccio.

 

Hoy llueve.

Es una buena ocasión para que, en esta tarde y sin que nadie lo sepa, la madre escriba un poema.

 

Hoy llueve.

Han bajado las temperaturas y todo invita a quedarse en casa.

 

                                                                Johann R. Bach

El can seguía mis pasos por miedo a que lo abandonara

LAS DESIGUALDADES

 

¡Es intolerable!

La desigualdad –dicen algunos echando el grito hacia el cielo- entre los pobres y los ricos aumenta vertiginosamente.

 

¡Oh, claro!

Cada cual ve con sus ojos; yo también. Pero hay algo peor: ni la más honda comprensión de nuestra desigualdad facilita las cosas;

 

No elimina nuestras diferencias

ni nuestras pretensiones.

 

No, no me quejo ni de ti ni de mi destino.

 

A veces sólo la conciencia

de nuestra desgracia puede mantenernos por encima de la desgracia, en un lugar profundo y sublime;

 

-una brisa tranquila sopla arriba,

mis cabellos me golpean los hombros suavemente como dos manos amistosas, como dos alas transparentes, que alivian y aprueban.

 

A mi alrededor

se expande la compasión de la luz atemporal de las estrellas, -compasión que sentimos por los demás y por nosotros mismos, naturalmente.

 

Entonces no necesito volar,

allá, en la cima del sueño y de mi última voluntad, me encuentro conmigo misma, libre de mí,

 

separada de lo mío y unida con el mundo.

 

Y las cuerdas que llevaba atadas a las manos,

a los pies, al cuello, rotas por fin, ahora también son alas, -para oírlas ondear para que sus extremos rocen delicados el cielo y la tierra-

 

Me acuerdo de un perro que até a un árbol.

No quería comer los alimentos que se le daban porque estaba muy mal acostumbrado.

 

¡Cómo intentaba sacudirse las gotas de lluvia!

¡cómo se esponjaba su cola; cómo ondulaban los músculos de su cuerpo debajo de aquel pelaje negro y reluciente por el déficit de potasio!

 

Pensé que el hambre

le haría roer la cuerda hasta liberarse; luego, a la carrera aunque cojeando, seguiría el rastro de algún aroma nutritivo (tal vez no hay libertad sin sacrificio).

 

No pudo romper la cuerda.

Apiadada de su dependencia de otra especie –la nuestra- le tiré una piel de plátano que devoró inmediatamente.

 

Algo más tarde

puse a su disposición un mendrugo de pan, y luego otro, … y luego otro… Lo desaté del árbol y abrí la puerta del jardín. No quiso irse.

 

Desde aquel día comía

lo que le echábamos mientras la puerta tras la cual estaba su libertad continuó siempre abierta.

 

Por las noches daba un paseo.

El can seguía mis pasos por miedo a que lo abandonara. Los humanos somos libres, no dependemos de otra especie a pesar de las condiciones adversas naturales

 

Las lámparas se encendían en las casas,

se alumbraban las puertas, las ventanas –el barrio se llenaba de estrellas, era el cielo en la tierra.

 

Yo me sentía bien

a pesar de mi impotencia para disminuir las desigualdades. Aquél enorme mastín de Burdeos había comprendido la lección.

 

                                                       Johann R. Bach

 

29 mar 2014

se oye el golpeteo del telar sin lanzadera de la más pequeña de las arañas

AYER OLÍAS A SÁBADO ANTIGUO

 

Ayer olías a sábado antiguo

como si hubieras ido a la barbería. Entre trajes en desuso, verdes mochilas y azules capotes vulcanizados para trabajar en las minas,

 

sin naftalina o flores de lavanda

en bolsitas de tul, destacaba tu pelo recién recortado y tu ligera barba.

 

No se puede decir que hayamos conseguido

sosiego mientras clausurábamos las habitaciones que dan al norte. Nos libramos desde luego de movimientos vanos, de arreglos absurdos, de esfuerzos innecesarios

 

por un orden imposible.

 

Sin embargo, la casa, así desnuda y cerrada,

ha adquirido una resonancia terrible, sutilísima cuando pasa una cucaracha sobre las vigas o un murciélago que se ha equivocado de hogar.

 

Cada sombra en los cristales

de las ventanas a modo de espejo, cada chasquido de los diminutos dientes de la carcoma o la polilla,

 

resuenan al infinito

hasta las más delicadas fibras del silencio, hasta el fondo de las venas de la más inverosímil de las alucinaciones.

 

Abajo en el sótano,

en medio de las garrafas de aceite de oliva, se oye nítidamente el golpeteo del telar sin lanzadera de la más pequeña de las arañas, o la sierra del herrumbre en el mango de los cubiertos de plata y,

 

de pronto, un golpe seco

en uno de los dormitorios de la planta baja cuando un libro se desprende y cae como si se derrumbara una construcción antigua, amada.

 

Como en otras ocasiones,

 arrojado de bruces en el suelo, buscabas bajo el armario, insondable, inquieto, penetrante como si estuvieras haciendo el amor.

 

Yo era el suelo

sobre el que te echabas, te sentía dentro de mí y mientras tanto, al mismo tiempo, de pie observaba cada uno de tus movimientos grabándolo en mi tacto y en mi gusto.

 

No encontramos, naturalmente, la cadena

que me ponía por las noches, en la cama, cuando ya se habían dormido los niños,

 

la que apretaba fuerte contra el pecho.

 

¿No ves sus huellas,

eslabón tras eslabón, hundidas en mi piel?

 

Como en otras ocasiones,

arrojada de bruces en el suelo, buscaré junto a ti bajo el armario.

 

                                                           Johann R. Bach