28 mar 2015

Se acabó el tiempo en que la vida era para ella una condena,

ÓXIDO DE PLATINO

 

Atrás han quedado

los días en que La Amazona, antes de recubrirse de Platino,  subía hasta la terraza y desde allí observaba la niebla que cubría Les Halles.

 

Buscaba algo que le ayudara a escapar

de las heridas terrenales; a convertirse en otra materia.

 

Sus manos se aferraban

al pasamanos de hierro como si quisiera aprender del óxido, esa hazaña del metal para escapar de la forma.

 

Su mirada cubría el desorden gris

de los tejados de París penetrando la mañana para ensayar los diversos finales pues en su interior daba las gracias

 

por saber que no somos definitivos.

Su juventud no era definitiva, como no lo es tampoco la poesía. Y saberlo y explicitarlo no la encaminaba hacia la obviedad, sino que

 

la liberaba completamente

y le hacía reconocer que, a nivel individual, somos innecesarios. De esa manera, hemos cuidado obsesivamente

 

la fragilidad de esas aves

que ante la escasez de recursos y la precesión de los equinoccios levantaron el vuelo.

 

Ese mantenerse en el aire

es limitado en el tiempo y así ha de regresar el cuervo al nido al sonar las campanas de Nôtre Dame.

 

De la misma forma La Amazona

en aquellos días, antes de revestirse de platino, a punto de terminar el incienso y el vino ponía música para evitar que

 

empeorase su humor

ante la tardanza de un final que se llevara por delante su soledad.

 

Ahora se alegra al sentirse

como la voz que se instala fuera del mundo para observarlo desde el espacio abierto:

 

hálito durmiente en el meteorito,

en el denso vacío como antiguas palabras reposando en un mundo sordo, de cuando podían contarse las glaciaciones

 

sin profetas, sin cosmogonías.

 

Se acabó el tiempo

en que la vida era para ella una condena, una búsqueda difícil y kafkiana: el mapa de su destino ya contiene todas las rutas.

 

                                                               Johann R. Bach

 

27 mar 2015

unas diminutas partículas subatómicas, haciendo uso de su libertad, se descuelgan del forro descosido de su sonrisa

EL DESPERTAR DE LA AMAZONA DE PLATINO

 

Despierta La Amazona de Platino

en medio de paisajes oníricos, descripciones enumerativas emparentadas con aquello que conocimos en el siglo pasado como surrealismo:

 

llega sola, a paisajes invisibles,

cansada y pensativa –aunque satisfecha- y se sienta junto a un insecto su caballo transparente;

 

observa detenidamente

cómo flotan en el éter plumas y otros restos de alas de aquellos primitivos ángeles y algunas cartas de 1980 sin abrir,

 

un enjambre de ojos de te

orbitando en un cielo negro como el rencor… y también neuronas amarillas de párpados invertidos.

 

Es "realmente" como un cuadro de El Bosco:

Un mar ayer crujiente de ternura dispuesto para bañar sus pies, hoy una balsa de peces muertos flotando en el fondo salobre de almas masculinas mientras

 

unas diminutas partículas subatómicas,

haciendo uso de su libertad, se descuelgan del forro descosido de su sonrisa, que

 

hace días que destiñe,

y mantiene aprisionado el corazón deshilachado de un amante, encogido en la red de sus brazos atado a las suturas de sus labios.

 

Suspira llena de gozo la Amazona de Platino,

dibuja espacios nebulosos, fantasmagóricos y, sin embargo, nada de odio en ellos se percibe:

 

todo es enigmático, neblinoso,

inalcanzable, inseguro. Así plasma ese instante en su retina como se fija un dibujo hecho al carboncillo y

 

transforma los bordes quebradizos de la noche

en la que, constelada, las siluetas se desdibujan; las sombras se diluyen;

 

las pupilas se buscan a tientas

como átomos que necesitan compartir sus electrones; toda certeza en el pensamiento es un espejismo y

 

lo único certero es la oscuridad.

 

Con todo, lo que percibe

la voz poética de La Amazona de Platino no es en absoluto desolador; no surge de ella un inexorable existir sin transcendencia como en el fondo del pensamiento existencialista:

 

entre su pensamiento y sus palabras,

pronunciadas en voz baja, palpita la voluntad que crea el ser de la nada o de la casi nada, la estructura fractal del destino

 

que es polvo y vacío.

 

Cualquiera que se tope con La Amazona de Platino

comprenderá lo que es el absoluto desamparo cuando el cielo se parte y una monstruosa brecha nos deja al descubierto,

 

bajo la inclemencia áspera

de la negrura finita y curva expuestos al glacial frío y a su absoluta soledad, y, que sólo nos queda la noche astillada bajo la que yacemos desnudos.

 

Todo en la figura de La Amazona de Platino

hace posible creer en Dios, a pesar del dolor y el sufrimiento sin la muerte. Es como creer en la noche y

 

su voz instalada junto a las estrellas.

 

                                                              Johann R. Bach


26 mar 2015

Los ojos se te encendían cuando íbamos a tu roca preferida;

VERANOS DE BROMINIA EN SOLLER

 

Recuerdo que nos hablabas

de amores y de tristezas, de versos de poetas que en secreto admirabas.

 

Los ojos se te encendían

cuando íbamos a tu roca preferida; entonces no lo comprendíamos, pero las historias que explicabas y que nos llenaban las tardes nunca supimos si eran imaginadas, leídas o vividas.

 

Eras una mujer de agua.

Frágil y tierna, tuyas eran las horas, tuyas las largas abrazadas, tuyos los recuerdos del invierno y la sombra de una mirada triste cuando el poniente moría, y sé que

 

nos querías mucho más

de lo que creíamos, y que tu amor era como ahora son los corazones que te lloran en la distancia.

 

Ahora estás en otro mar, es cierto,

pero tu frescura sigue aquí entre estas rocas que tuvieron el privilegio de tu presencia, tus palabras como rosas sobre ellas, y tus pensamientos llenos de música.

 

Cuando llega el verano

nos preguntamos ¿dónde estás que ya no vuelves? Hemos decidido que cada año, mientras viva alguno de nosotros, tendrás tu poema y una rosa roja frente a la roca que fue como tu casa donde sanabas tus tristezas del invierno.


                                                               Johann R. Bach


Toda una luz que bebí de unas venas en medio de las noches

  ¿CÓMO OLVIDAR UNA CALLE, UNOS OJOS?

 

 

¡Una noche! O algunas pocas,

el equivalente a una vida, todo un pesar, todo un amor, toda una dulce sangre.

 

Toda una luz que bebí de unas venas

en medio de las noches y en los días radiantes de los que sólo el piano y los libros de la estantería fueron testigos.

 

Te amé. No sé. Hasta entonces sólo lo sospeché.

Te padecí con toda la paciencia que pude, gloriosamente como a la sangre misma, como el doloroso martillo que hace vivir y mata.

 

Sentí diariamente

que la vida es sentir inteligentemente cómo te pueden llegar a despreciar hasta el infinito. Supe lo que es amar porque morí a diario junto a la Dama de mis Sueños.

 

Basta, tristeza, basta. Dejáme olvidar sus ojos.


                                                             Johann R. Bach



24 mar 2015

Le gustaba todo aquello que pudiera dar luz a limbos opacos

          LIMBOS  OPACOS

 

A Marta Guillamon nunca le entusiasmaron

las profesiones clásicas; el derecho la medicina no le llamaba la atención en absoluto y, finalmente, siguió los pasos de su abuelo y los de su padre dedicándose al arte y la poesía.

 

Por ello no es de extrañar

que acabase siendo editora de libros de literatura y arte.

 

Le gustaba todo aquello que pudiera dar luz

a limbos opacos donde pudieran flotar rostros pálidos como algas, de una humanidad mórbida: como la pintura de El Bosco.

 

El Bosco –según Marta G.-

no tiene el sabor de las sustancias, se queda en las sordas regiones de la elaboración primera, propicia las visiones, y para no aparecer ni florecer nunca en el radiante resplandor del prisma solar.

 

Conocía poco la sensualidad deliciosa de la paleta.

 

Pero en la reducida gama

de algunos ocres atenuados y de pardos apizarrados, ha dado esa naturaleza humana sensible a los acentos expresivos, íntimos, con ritmos ondulantes y huidizos de un erotismo exacerbado por la ingesta de pan intoxicado con ese "hongo de la delicia" el cornezuelo de centeno.

 

Y sobre todo dio rienda suelta a sus dones de visionario.

 

¿Tenía, pues, El Bosco el sentido del misterio?

 

Por otra parte, dio esos frutos

en su "Jardín de las Delicias" bajo los auspicios mediocres (al margen de lo que se haya dicho) de un público que no se preocupó demasiado, extraviado como estaba por la canción lacrimógena y literaria que escuchaba de las maternidades, tontamente.

 

Con todo, Marta estaba convenciada

de la conveniencia de proclamar el arte como una función completamente distinta de la literatura.

 

¿Pero de qué sirve esa concepción del arte,

en presencia de la innumerable e inexorable legión de admiradores de El Bosco?

 

En algunos programas culturales

de la televisión se les ha intentado dar sus cuadros como carnaza, con algo de razón, quizás.

 

Detrás del erotismo

no muestran su dimensión artística, sino sexo para desviar la atención sobre el desarrollo psicológico y social.

 

¿Oh tiempo, qué tienes tú que decir?

 

Marta G. decía que sin El Bosco

y sin la auténtica pléyade de artistas creadores de un mundo aparejado con el nuestro, el color que alegra los museos no existiría.

 

El negro, representante de la tristeza y la depresión,

no puede ponerse en la pared más que en su justa medida –mínima- en superficie pequeña.

 

Algunos pintores cometieron un grave error

al creer que podían suplir el negro del carboncillo con materia oleosa.

                                                                                                                                                            Johann R. Bach


En la precesión de los equinoccios no pasa desapercibido un azul de fuego

APUNTES DEL DOMINGO DE UN JOVEN POETA

                                                                                                               

                                                      (IX)

El octubre crece como todo,

inevitablemente: La lluvia fina se resfría, se alarga la sombra, se encoge el rojo, unos ojos de té te explican la luz que hacen las horas, los pétalos de la mañana de cólquicos y caléndulas, el gesto antiguo del Sol sobre un campo de nieve, como la vida otoñea.

 

Un vuelo incandescente

atraviesa las nubes; de nuevo se aleja el azul mientras agradezco esa variedad de colores.

                                                           X

En la precesión de los equinoccios

no pasa desapercibido un azul de fuego y un verde nuevo que vence al tiempo gris.

 

El día tiene una quietud de estanque,

se extiende, a lo lejos, sobre las cumbres tozudas de nieve, sobre el mar completamente desplegado, sobre los ocres que se adormecen.

 

La luz se refleja

Simétricamente sobre un plano parecido a un espejo; resuena su latido como el eco de un valle y un suspiro de cálido aire regalado generosamente por Eolo te acoge, como una madre. En su regazo.

 

La tierra como vergel,

lugar soñado donde desde antiguo se hallaba el Edén deviene en un futuro posible que te lleva, que te marca la piel y en la memoria hasta los límites de la conciencia.

 

En los ojos ya cansados

de promesas y deseos aún por cumplir, hay antiguas soledades y un gesto desamparado que te ayuda, sin embargo, a comprender el género humano.

 

Una vez más,

como cada día, desde hace millones de años, llega la noche puntual, el momento desnudo que te vence y te conmueve, intenso, bellísimo.

 

                                                             Johann R. Bach

 

23 mar 2015

Aún no sabemos qué espacios se ocultan en este Universo hiperbólico.

NARCISO Y SU BELLO ESPACIO

 

Ya ves, Narciso,

tú dentro del espejo y yo fuera, como dos hermanos gemelos. Todo en nosotros es homotético:

 

movimientos, sonrisa,…

 

No hay profundas arrugas en nuestros rostros.

No sé cómo habiendo asestado el dolor tal cantidad de golpes en nuestras frentes no ha causado siquiera heridas horizontales.

 

¡Oh, espejo adulador!

 

Dime que no me engañas,

que me tratas igual que a mis allegados en tiempos de prosperidad. Dime: ¿Es ése el rostro que, como sol, hace parpadear a cuantos lo miran?

 

¿Son ésos los labios

que justificaron tantas locuras?

 

¿Y ésas, las frágiles pestañas

que cubren de gloria, el brillo de esos dos luceros?

 

hay días que no te reconozco, viejo.

Y te pido que escribas tu propia oración y es que ¡sientan tan mal las canas en las sienes!

 

Durante mucho tiempo –lo confieso-

soñé con un hombre igual a ti, así de pellejo y profano, hinchado como tú por los excesos de vino, café y pimienta roja.

 

Pero ahora –en días grises como hoy-

ya despierto, mi sueño me repugna…

 

y no me queda más remedio que escribir:

 

El tiempo se escapa

aunque no me atrevo a decir esa afirmación de los relojes antiguos: el tiempo huye... se esconde detrás del bellísimo paisaje al derrumbarse el sol.

 

No soy ayer,

soy -como siempre- hoy. Soy yo el que deja atrás el espacio de cuatro dimensiones en el que el tiempo es fatal.

 

Comienza en mí y acaba en mí.

Me engaña, me seduce, me obsesiona, pero le marco los días. Y mi pregunta te la hago a ti espejo fiel imagen de mi bella figura, de mi única figura:

 

¿Podré escaparme del tiempo

con esa bella imagen que me ofreces a diario cuando sea preciso sin miedo?

 

Sé que piensas,

amparado en esa superficie de mercurio, que estoy enamorado de mi cuerpo, pero es que ¿acaso puedo tener otro?

 

Quizá encuentre otras imágenes homotéticas

de mi hermosa, aunque arrugada, piel ahí arriba entre los espejos amarillos de estrellas de cadmio.

 

Aún no sabemos

qué espacios se ocultan en este Universo hiperbólico. De momento me pusieron el nombre de Narciso antídoto de la tristeza.

 

                                                                Johann R. Bach

 

22 mar 2015

Los ojos azules del mediodía te acompañan hasta un ocaso de pétalos y brasas. Es el fragmento dulce de la soledad.

APUNTES DEL DOMINGO DE UN JOVEN POETA
                                                              VII
Tu mano se agita, escribes,
guardas en tu memoria para usar en momentos futuros cuando tus ojos ya no estén presentes el paisaje siguiente:

Extendidos sobre los campos
abrigados por el bosque entre las ramas el verde espejo del agua, el verde brillante de la tierra preñada de humus esperando acoger a la vida aún no germinada, velando la luz violeta de la aurora empujando las hojas.

Los ojos azules del mediodía
te acompañan hasta un ocaso de pétalos y brasas. Es el fragmento dulce de la soledad.
                                                           VIII
Es difícil vivir algunos años
después de haber pasado el listón de los veinticuatro y no haber experimentado esa sensación al mirar la mañana, la luz, sentirla sobre el rostro, sin sentirse acompañado por el azul del tiempo en los campos de girasoles.

También es difícil
no apercibirse del olor del trigo, del barro al tocar el poniente, la fina sábana de cuero mientras los ojos se arrodillan junto a la piel en el horizonte.

Es difícil, vivir algunos años
después de haber pasado el listón de los veinticuatro y no haber mirado la noche ni haberla tocado. 

                                                                        Johann R. Bach

El cielo es incesante lleva la memoria del alba,

APUNTES DEL DOMINGO DE UN JOVEN POETA

                                                          V
Por el viejo camino
de arena marcado por el manto de hojas ya secas y vencidas regresas atravesando un bosque de hayas con tus deseos entre las manos.

En tu pensamiento
Ves los descuidados márgenes acogedores de un viejo camino en mitad del bosque desnudo, el cielo entre las ramas oscuras nubes de tierra que abrigan el verde ansioso de los campos que resurgen precipitadamente.

El mundo perdura,
insiste con sus fieles ciclos y sus bailes de pájaros y lluvia, de vientos y temperaturas retrasando el silencio.
                                                          VI
Levantas la vista.
Descubres la nube blanca (parece que galopas sobre ella) que rasga el azul que empalidece de tanta luz y que los gorriones atraviesan sin moverse el ligero éter, flotando.

El cielo es incesante
lleva la memoria del alba, el sueño del mediodía, la piel irisada del atardecer, ese cielo generoso –de todos-desnuda el universo a golpes de noche.

Miras la luz
que se acuesta sobre los campos, el aceite de la tarde que resbala por tus ojos.

                                                             Johann R. Bach

21 mar 2015

Tu piel se barniza bajo el sol como la madera,

APUNTES DEL SÁBADO DE UN JOVEN POETA
                                                      (III)
Piensas –creo-
en recoger cantos rodados cristales pulidos por el roce de arena y mar, conchas y esqueletos de pequeños animales marinos, fragmentos, como tú, del mundo.

Mirar el agua te conmueve
cuando cae sobre la tierra en forma de lluvia o granizo porque sabes que beberé junto a ti cada noche aunque estés en otro espacio.

Tu piel se barniza bajo el sol
como la madera, desciendes por las dunas artificiales hechas para protegernos de las pulsantes invasiones; deambulas pensativa y feliz junto a la arena bañada por el  mar, por los senderos de la memoria tatuando con tus besos mi imaginación y también los plexos

Sabes que el día es frágil.
                                                    IV
Cuando el sol desploma sus cuerdas
sobre tu ya castigada piel te refugio bajo las hayas que crecen con los colores que, de siempre, te la ennegrecen.

Atraviesas los bosques
de tu imaginación camino de Bretaña, sientes la vida en la madera dura que crece con los colores, de siempre; la cambian cuando pasan las horas, sobre el verde húmedo, sobre de la tarde de tus pasos.

Decrece el azul
como una mirada tuya labrando la luz, como un tejido extendido hacia el horizonte. Surge y acude a la cita un amarillo de viejo estío ya declinando.

 Recorres contigo misma
un carmín de viento,moviendo los eucaliptos y sobre tierra algo más firme las ramas arbóreas se curvan contra el silencio de occidente.

Te detienes
ante las aguas de la costa bretona y las sombras de los thuyones se arrodillan hacia el poniente despidiendo el ocaso.

Tus ojos
se esconden junto a los míos en tu pensamiento mientras los esperas.
                                                                Johann R. Bach

Cuando llamas por teléfono y nadie contesta

APUNTES DEL SÁBADO DE UN JOVEN POETA

Hubo un tiempo
en que creíste que los apuntes o fragmentos podían ofrecerse como trabajo preparatorio de algo más coherente, más articulado.

Ese tiempo pasó
y estas frases son, por el contrario, las ruinas de un edificio aún inexistente.
                                                                                                Johann R. Bach
                                                    I
Llamas por teléfono
y nadie contesta. Se te puede imaginar cómo en el Camino el viento cálido te empuja y alargas una mano indolentemente para que el tacto del sol se extienda por tu piel con el gozo del azul y te abrace, brillante, el mediodía.

Entretanto
llamas por teléfono y nadie contesta. Se puede presentir el desnudo latido donde el corazón te resuena el pulso antiguo del mundo y el aire es un aliento que bebes y te dibuja entre sístoles.

Llamas por teléfono
y nadie contesta. Toda la vida te cabe en los ojos-así de grandes los tienes-cuando miras el silencio y necesitas pensar en el retorno. Insistes en hablar por teléfono y nadie contesta.

                                                            II
Escribes,
abres tus sentidos, destierras la añoranza. Entretanto, lentamente tus dedos señalan las olas del puerto; y, en el horizonte, la espesura del barro, la musicalidad del tiempo indicando la posición de las galaxias como si de vectores afijos se tratara; 

la densidad de los números reales 
o la del trigo como en las antiguas dinastías faraónicas de los ptolomeos que medían el grano y las estrellas por litros.

Tus sentidos también señalan,
como "in longa mano", el canto humilde de las primeras formas sobre los muelles del puerto; confundiendo los límites.

                                                                Johann R. Bach

Hoy sólo busca el paisaje,


TEMPRANO HA BAJADO A LA PLAYA

Temprano ha bajado a la playa.
Le gusta –piensa- seguir el vuelo de una gaviota y ver cómo bajo la lluvia se reúnen en la arena como si esperaran alguna litúrgica señal.

Como un flan,
tiembla de frío todo su cuerpo, pues la fina lluvia parece más grave con el fuerte aire levantado desde primera hora.

¡Ah si mi piel –se lamenta- fuera insensible!

Pero hoy, en el cielo,
el oro no baila y sólo se le ocurre cantar al viento como consuelo.

Sufre como un músico angustiado
ama, recuerda, llora, recoge el ligero balón de luz desde un planeta mate lanzado

Pues he aquí el auténtico
vínculo con el universo secreto!

¡Qué tristeza opresiva,
qué infortunio desde antiguo sucedido!

¿Y si desde la tienda de ropa femenina
siempre brillante, con largo alfiler desea el corazón atravesarle, de repente,

como el rayo de una estrella
entre las húmedas nubes?

No es adepta a los goces preconcebidos
Pues, a menudo, la naturaleza no es más que una mancha gris y ya ha vivido lo suficiente para saber

de qué color es una vida solitaria,
experiencia que ha pasado alucinando frente a la libertad

¡y a qué precio!

Hoy sólo busca el paisaje,
se entretiene viendo cómo el viento despeina una nube y pone al descubierto las arrugas del cielo mientras

el áncora yace en el fondo marino.

                                                                 Johann R. Bach

estoy dispuesto a aceptar una partida de dominó con los neutrinos

MARIBEL Y LAS EXTRAÑAS PARTÍCULAS

Cuando salí del cine,
estaba oscureciendo ya en la Place Pepinet de Lausanne, me metí en la cafetería cerca de "La Feuille d'Avis" y tomé un "jus de pomme" que me hizo sentir el frío en el cielo de la boca.

La jovencísima entonces Françoise Hardy
me había dejado un sabor extraño en la lengua con una afirmación que pretendía crear misterio erótico en torno a su figura:

"J'ai tué tous mes amants"
–decía en la película "Château en Suede". A nadie le pareció entonces divertida.

De repente al salir del local,
a cielo abierto, un velo se rasgó y surgió la noche de unas calles limpias e iluminadas cristaleras.

Me detuve sintiendo muy cerca algo
como si me estuvieran siguiendo los fotones que, haciendo uso de su libertad, se habían escapado de la pantalla.

Me acordé de Kropotkin
que, a pesar de la segunda ley de la termodinámica, introdujo la idea de que el Universo se iba haciendo cada vez más complejo y no al contrario.

Era el comienzo
del principio de la libertad lúdica.

Sí, sí. Yo lo sentí aquella noche
con aquellas parejas de fotones jugando descaradamente delante de mis ojos. Los sentí divertirse ebrios de la Maribel de aquellos años.

Claro que entonces La Comunidad Científica
aún no había inventado el baile de los bosones frente a los aburridos sosones (todo un mundo de partículas subatómicas).

ni mucho menos
se les había ocurrido pensar en por qué de repente un electrón o cualquier otra partícula subatómica -de las que viajan hacia nosotros desde las estrellas a toda leche-

tiene el capricho de descolgarse
en el interior de un acelerador de partículas y demostrar en su loca carrera que se divierte con nuestros juguetes de niquel, iridio y platino.

Ahora, después de tantos años,
miro el cielo desde el radiotelescopio y estoy dispuesto a aceptar una partida de dominó con los neutrinos

en alguna tasca
de un elástico y frío Universo de siete dimensiones y a admitir a Maribel en calidad de observadora.

                                                                Johann R. Bach

20 mar 2015

Ese punto de la bóveda celeste es un afijo conocido como Ápex

LA ESTRELLA VEGA

Mira mi amor, esa estrella:
es Vega hacia la cual nos desplazamos a la vertiginosa velocidad de treinta y un kilómetros por segundo

subidos a la grupa de un transparente caballo
como jinetes de platino.

Ese punto de la bóveda celeste
es un afijo conocido como Ápex y como la piel del tiempo que se quema lentamente,

se halla en los límites
de lo que nuestra vista alcanza; es una parte insignificante del viejo tapiz del Cosmos que se desdibuja.

Su luz embotellada
con millones de paquetitos de fotones se desprendió del Ápex hace ya muchos millones de años y

sin saber por qué
sientes que te persigue un gesto de esa estrella que desconoces como olas de barro golpeando las playas con la pleamar.

Tú misma eres tierra,
trazas el paso hasta crear camino, huyes del vacío, del frío, y lo único real es ver como avanza tu cuerpo

alcanzando cotas
cada vez más altas de soledad.

Y, sin embargo, yo continúo aquí… a tu lado.

                                                                 Johann R. Bach