10 may 2017

¿Sabes Bruno? A mí también me gustaba el mar, la noche, el blues…


EL OPTIMISMO DE R. BACH

Señor Hermes

Mi nombre es Asunción y soy una persona que se gana la vida escribiendo y haciendo valoraciones sobre lo que otros escriben (nadie me paga la peluquería ni los zapatos de mi hijo).

Hasta ahora me he reservado mi valoración sobre este poeta que tanto halagas y cuando me preguntaban por él algunos de mis colegas les respondía que era mejor que me reservara mi opinión, porque así le podrían leer por ellos mismos sin prejuicios, pues toda novela o poema está dentro del lector. Sin embargo después de leer sus ideas sobre este poeta surgido en este siglo como saliendo de la estepa al fundirse la nieve y es por ello que tengo mi propia opinión sobre lo que R. Bach ha escrito hasta el momento, pues he seguido a diario cuanto ha depositado en ese Gran Baúl de Google (como dice él). Si me dijeran que sintetizara en pocas palabras su obra diría sin dudar que su poesía es

"Perversamente hermosa o
hermosamente perversa"

Sus personajes me han hecho reír, pensar, soñar… llorar: Ahí están colgados en Google una larga lista entre los que destaco de memoria a Dosmanos el funcionario de Correos o su homóloga Clementine funcionaria jubilada:

Anciana cuando nació
joven desconocida en la despedida.

La misma y única Clementine/a.
…………………………………………………….
En el umbral de la gravedad Ermessenda,
Igual que la araña Migale lasiodora
construye su esbozo de camino
por donde pasear por el cielo.

En parte oculto a sí mismo
se muestra a los demás
-en los rayos de su astucia inaudita-
mortalmente visible.

Tiene pasajes verdaderamente bien trabados sobre la sexualidad suave de los lagartos, la desenfrenada de las arañas… la de la impúber Aurembiaix como almendra que trata de romper su cáscara:

¿Tan difícil es apartarse de mí,
que paciente y sin boca
me consumo mientras escribo?

El trébol de la pasión
es de hierro en mi mano.

Despedidas emocionantes escritas para ser cantadas como un lamento de blues

Estaré entre las caléndulas en primavera,
entre el cólquico en otoño
entre la ventisca de la fina lluvia en invierno,
entre las ondas del trigo jugando
con el aire y sus arrugas en verano.

Historias divertidas como la de eterna joven y rebeldeMarta Guillamon en una época triste y con márgenes de libertad muy estrechos:

Para conocer a los hombres
no tuve que acostarme con todos ellos…

Pasajes de reflexión profunda sobre la vida

Vino en las entrañas tristes.
Lágrimas de amor en los ojos.

A veces da la impresión de que Johann conoce la cercanía de la muerte. Parece ser consciente de que puede suceder en cualquier momento y ayuda al lector a ver el mundo como un paisaje y a dejar testimonios breves, pero de una crudeza muy hermosa. Así en en Dibujos y paisajes de Cassia primera novela de su tetralogía metafísica se expresa como si ya se hubiera traspasado el umbral de esta vida:

¿Sabes Bruno?
A mí también me gustaba el mar, la noche, el blues…

En esos personajes de la tetralogía mística R. Bach transmite la sensación de que el escribir es conjurar a los fantasmas. Así en la Fiesta de las Mansardas parece querer saldar cuentas al atreverse a poner el corazón al desnudo. En esas mansardas habitaciones a un lado y a otro de un estrecho y largo pasillo (curiosa metáfora del transcurrir de la vida) su poesía nos abre una ventana por donde entra la pasión.

                        … la vida sin pasión es menos vida…

La amistad entre Clara y Aurembiaix ya desde una infancia forzosamente contemplativa se conservará más allá de los años y las relaciones sexuales y el recuerdo de primos/as, tios/as a pesar de sus diferencias éticas o morales se guarda en el corazón de Aurembiaix como vivencias siempre positivas. Y el amor de novela rosa de Tía Cinta, el nuevo amor después de enviudar de Tía Alicia o el amor lírico y sublimado de Tía Karina rematan los conceptos clásicos del objeto de la poesía: Amistad, familia, amor, muerte… todo ello narrado desde una óptica exenta de ambiciones "mundanas":

Siendo ya más madura…
comenzaron a salir voces que pretendían
decirme cómo y qué tenía que escribir.

Por toda respuesta… dejé que los críticos dijeran
cuanto han dicho; rechacé su pan y aceite, cobre
y cobalto además del código cosido con silencio
en sus jardines: pasteles de neón, nada.

Por último (por imposibilidad de comentar esta extensa obra de Johann R. Bach) no puedo dejar de mencionar el optimismo "quasi metafísico" que se desprende de la mayoría de sus escritos:

¿Es posible en el actual estado de cosas,
creer aún en la necesidad de reír?

R. Bach se responde a sí mismo con otra pregunta:

¿Acaso no concluye ya
el racimo en septiembre?

                                                                                        Asunción T.

4 may 2017

¿Cómo ha sentido qué es la despedida?


ADIÓS NO DESEADO

¿Cómo ha sentido qué es la despedida?
Y cómo lo sabe aún: después de nueve años… un algo oscuro, cruel, no herido, que lo bien ligado muestra otra vez, lo ofrece y lo desgarra.

¿Qué sin defensa estuvo al verlo,
cuando la llamó, y la dejó marchar, quedándose como si fuera natural en todas las mujeres, pero pequeño, blanco, y nada, sino un guiño, ya no dirigido a ella,

un leve proseguir guiñando…
apenas explicable ya: tal vez un almendro del que una abubilla se va volando rauda.

                                                                       Johann R. Bach

2 may 2017

esos árboles que incendia en el camino un sol de ocaso


LA BELLEZA DEL PAISAJE

Y, sin embargo podría decir, por ejemplo,
la palabra olivo o la palabra almendro o en otro orden de cosas la palabra cielo o la palabra esperanza,

y alzando los ojos,
ver esos árboles que incendia en el camino un sol de ocaso. Es un fuego de gran suavidad, sus brasas claras han transmutado sus copas en luz,

y aquí está una sierra larga y poco pronunciada,
allá en sus cimas entrenan su vuelo los estorninos, las cigüeñas desde lo alto de las grúas abandonadas otean su horizonte futuro, y, sus manos se reúnen, sus cuerpos se buscan con esa evidencia silenciosa

que no hay más remedio que llamar belleza.

Miro las flores de un ciruelo solitario
durante una hora, apenas eso es visible, porque la visibilidad se hace cadmio y oro puro

mientras que alrededor cae la noche.

¿Es que no hay en el paisaje más que deseo,
el mismo sueño con distinto rostro?

                                                                                             Johann R. Bach

nada me parece latir en esa arteria que yo sueño


UN ESTALLIDO DE VIDA

Miro la única foto que tengo de ella
y nada me parece latir en esa arteria que yo sueño que toco en el hueco de sus hombros.

Pienso en el día en el que,
en la estupefacción del cielo y de la tierra que se acercan el uno a la otra, confundiéndose,

volviéndose horizonte,
luego sendero entre árboles, frotando madera con madera, surgió la llama…

un estallido de vida
como entre nosotros.

                                                         Johann R. Bach

Me giré de espaldas a su cuerpo y un estremecimiento recorrió mi pecho


HUIR DE UNA RELACIÓN TÓXICA

Era de noche.
En el dormitorio, sobre la mesita de noche, pesada con su alegoría en color, iluminada de cielo negro, una página yacía en la novela Una Rodilla Herida, y nosotros con los cuerpos desnudos.

Una quisiera alzar
aunque fuera sólo una esquina, ver más allá en el espacio de las otras páginas. Pero el fajo de esas otras aún está por escribir. Parece que el poemario se esté escribiendo desde el fin del mundo.

¿Carbón vegetal sólo para un último fuego?

¿Debo creer que el signo
que prendió en el flanco de mi vida como un relámpago, y allí resplandeció, no fue más que manos inútilmente unidas,

sueños, fiebre de nada más que sueños,
momia ataviada para nada, bajo su capa de papel reciclado?

Era de noche.
En el dormitorio yaciendo con nuestros cuerpos desnudos, una mueca, sin llegar a ser un movimiento para nada, inconcluso, parecía apoderarse de aquel durmiente atormentante por su sueño.

¿Voy a tocar ese hombro -me preguntaba?
¿Iba a ser capaz de solicitar que sus ojos se abrieran, se dilatasen y que su cuerpo resucitase, como así había sido una vez?

Me giré de espaldas a su cuerpo
y un estremecimiento recorrió mi pecho. El espejo que dormía sobre la puerta del armario tampoco dormía. Quise apartar los ojos de su quimera, pero ya el fuego había prendido en mi vientre.

¿Refleja acaso el ciprés, las estrellas,
el bello rostro de una mujer meditando sobre el calor de su brazo plegado? No, si se entreabre la puerta del armario para que queden ocultos unos dedos ávidos que se acercan a las cosas antes de que el día despunte.

Era de noche. La última de aquella relación tóxica.
La página ilustrada con una reproducción de un cuadro de Delvaux de la novela Una Rodilla Herida sobre la mesita de noche y su reflejo sólo agitaban la noche.

                                                        Johann R. Bach

1 may 2017

Mi corazón late lentamente porque sabe que la carrera será larga


SE NECESITAN ÁNGELES EXPERTOS EN QUIMIOTERAPIA

¿Cuántos ángeles más caídos del cielo?
¿Cuántos días y cuántas vueltas más alrededor del sol hemos de dar antes de encontrar la calma?

El dolor entra por la ventana de esta habitación, lo noto en los pies, lo oigo traquetear en el ventilador pagado con fondos públicos; es decir, ruidoso y de mala calidad.

Me vienen recuerdos antiguos y preocupaciones actuales, me levanto y camino lentamente, con pasos cortos como los necesitados de hierro en sangre: sólo así mejoro.

No puedo dejar de andar de un sitio a otro de esta pequeña estancia pintada de un blanco sucio, exento de cuadros en la pared, con dos únicos libros de poesía en la mesita de noche verdadero oxígeno nocturno.

No hace mucho aún era una mujer satisfecha de estar sola. Ahora me han abierto de golpe, todo tiene aristas. Me tienen en su poder: desvariada y atrapada; me han sacado de quicio.

Se están empleando a fondo conmigo. El ataque con sesiones de radioterapia es furioso e incesante y mudo. Mis venas se han convertido en ríos contaminados con cobalto y platino que han pervertido mi olfato. Todo huele a queso de color calabaza.

No miro la televisión porque todas las caras que aparecen en la pantalla tienen los labios deformados, con una mueca horrible, enseñando los dientes a modo de sonrisa como en los anuncios de dentífricos.

Convivo días y noches con criaturas cuya existencia nada tiene que ver con la mía. Me miran cuando camino como diciéndome que mi rebeldía es inútil y aunque no puedo respirar normalmente, no comparto su desesperanza.

Mi corazón late lentamente porque sabe que la carrera será larga y ahorra el sodio todo lo que puede y no comparte esa desesperanza de los cardíacos.

Mis pulmones son los que sufren y se abren a pesar del proceso histamínico, sin duda, a la esperanza. Estoy intentando llegar a un acuerdo con mi dolor.

Le he puesto ya un nombre cariñoso para ayudarle a lavar su mala conciencia: Diablillo Díez Juguetón. Le digo ¿Te importaría ir a dar una vuelta mientras leo algunos poemas?

Si no tienes preferencia por un parque o camino concreto donde pasear te recomiendo Sr. Diablillo Díez Juguetón sentarte a la orilla del mar y esperes a que suba la marea.

                                              Johann R. Bach


30 abr 2017

En su lengua las aves nos vienen a decir, mediante esa especie de concierto polifónico del amanecer, que hay que cruzar mares y puertas de monasterios


PALABRAS PARA ELISA

No creímos que tras la pena indecible de tus palabras
al decirnos adiós para siempre, los gorriones pudieran seguir cantando.

En su lengua
las aves nos vienen a decir, mediante esa especie de concierto polifónico del amanecer, que hay que cruzar mares y puertas de monasterios antes de que las caricias amorosas surjan de nuestra mirada.


Tus palabras fueron un canto permanente a la esperanza,
un "allegro ma non tropo" y sólo ahora sabemos que el silencio sin ellas es mucho más denso. Entre las cosas que, con insistencia, nos mostrabas vimos surgir, como el humo de las sombras, el miedo y sus símbolos. ¿Quién podía pensar que alguien quisiera matar a un granado o a un olivo?

Tu piel, mucho antes de ser ceniza, sabía sus nombres
–la vid, el almendro, el membrillo- y sus secretos, así como se fortalecen sus espíritus: aguantando las patas de la lluvia, el vendaval y el malhumor de Eolo y la agresión de los incendios provocados por los temibles rayos –atributo de Zeus- que de vez en cuando nos alcanzan con su ira. 

Nuestros ojos dan pena
porque ya no podrán leer tus poemas y nuestros labios evitarán nombrarte para evitar el sufrimiento al recordarte. Y sin embargo tus ideas seguirán palpitantes, de labio en labio, revoloteando en el aire, con sus alas ya imposibles para nuestras voces ya un tanto apagadas.

¡Oh Elisa!

Diosa de labios rojos y corazón entreabierto,
sólo pudo con tu fuerza el odio de un genio adverso. Sólo una espina rodeada de la belleza de una rosa penetró con el misterio: desaparición siempre repetida, sacrificio que es eterno.

¡Oh Elisa!

Sólo una rama de muérdago como una línea
de frío titanio por la niebla atravesando te traspasó con su cuerpo. En ese momento los gemidos de los lobos rayaron el firmamento y pequeñas luciérnagas con sus linternas iluminaron la noche sin luna.

                                                    Johann R. Bach

Hay un Gigante Blanco que monta guardia, inalterable, el hacer y deshacer de todo


LAS NOCHES DEL SOLSTICIO DE INVIERNO EN EL ÁPEX

Cuando sople el gregal
y la ceniza vaya cubriendo nuestras sienes haremos la colada de los años y los desengaños.

Encumbrados sobre la cresta de un tiempo
al que ya no es necesario someterse porque ya todo se ha cumplido oiremos que alguien dice:

Hay un Gigante Blanco
que monta guardia, inalterable, el hacer y deshacer de todo. Le daremos la razón, sin dudas ni reservas.

Bebamos a pequeños sorbos
las últimas copas de vino y brindemos junto a todos los relojes que marcan la hora justa del prodigio.

                                                   Johann R. Bach

29 abr 2017

Sí. El planeta sigue girando sobre sí… (Y) ¡Es tanto lo que tiene que decirte!


ALGO QUE CONTARTE

Ha subido ya
casi ochenta escalones de los ochenta y cuatro de una vida. Empiezan a aparecer los días en que se encuentra sin aliento mientras sus ojos ven como el cielo cada noche se mueve sobre su cabeza.

Sí. El planeta sigue girando sobre sí…
(Y) ¡Es tanto lo que tiene que decirte!

Las golondrinas han vuelto
y las calabazas se hinchan de agua y todo se agradece como tus mensajes. Las calles se han llenado de libros… y de rosas al año de platino forrando.

Una idea sencilla,
como una margarita, le alegra la vida: Tras de él algo vibra, aletea y brilla como una estrella más…

y  es que tú sigues leyendo lo que te escribe. 

                                                               Johann R. Bach

26 abr 2017

Pronto pondrán un ser vivo (un virus) en Marte sin haber pisado jamás su superficie

AGRADECIMIENTO A LEO P. HERMES Y
A TODOS LOS LECTORES DE MIS ESCRITOS


Amigo Leo, he leído con gran placer
tus palabras de elogio a mi novela "Piel de Una Rodilla Herida" y también a tu cariñosa crítica sobre mi forma marciana de escribir y no puedo por menos que agradecer tu atención. Ya sabes es bueno que hablen de uno aunque nos atribuyan cosas horribles.

Sí sí. Agradezco
a todas aquellas personas que, poco o mucho, me han leído y que han opinado sobre lo que escribo. Agradezco hoy, después de varios años de actividad crítica a Julio Gelbenzu, la Profe de Mates, Xana Garcia, Patricia, Bárbara, Rosa Villalta, Dora Campos, Pilar dehesa, Pilar Novales, Rosi Torres, Andrés, Anna Kunstbaur, Teresa Mater Amabilis, Griselda Corni Fino, Asun Ferrer, Maria Jesus Fiuza, Carmen Peratilla, Anna Pino, Gloria Peraita, Rosalva, Silvia Martinez, Misteri d'Elx 777, … No sigo porque por larga que sea la lísta siempre me dejaría amigos por nombrar. A todos ellos les agradezco aquellas palabras que me enviaron y que me ha animado a seguir escribiendo.

En cuanto a tus palabras Leo tengo
que decirte que en efecto, se puede estar en dos estados a la vez.
Pronto pondrán un ser vivo (un virus) en Marte sin haber pisado jamás su superficie. Quizá ya lo hayan colocado y guarden silencio sobre sus resultados. La realidad del Mundo del Ápex se va abriendo paso en los oscuros espacios interestelares y es que la realidad se ha deshecho por todas partes, empezando por lo más mostrenco, que es el dinero, que ya es pura ficción.

Lo propio de los humanos
-se afirma en los cursos que voy siguiendo con auténtica pasión-, es crear ficciones (el viaje a la luna, la epidemia del VIH, el Estado…): el dinero se ha hecho poesía, y la crisis de los activos tóxicos se deriva de esas licencias poéticas que ya no tienen fin. Las crisis actuales son esta exvida actual. Los bancos centrales y los jueces anticorrupción van inventando la realidad como si fuera una telenovela, un culebrón… cuántico.

La especie humana
ha irrealizado todo en una narración enloquecida que se enrosca sobre sí misma como una placa de grafeno y la única esperanza es la ciencia, que está tardando muchísimo en dar el siguiente paso. De momento la inteligencia artificial sólo para ganar partidas en las consolas y para vigilarnos más de cerca, así que estamos esperando como el santo advenimiento el fin de este mundo para poder estrenar otro.

Las expectativas son inmensas, más que nunca.
Cada día trae algo… Ya se puede, por ejemplo, amar con pasión y hacer el amor estando al mismo tiempo en mares diferentes, pero a efectos prácticos seguimos en la deuda infinita: Aunque sea con GPS estamos ya en el Mundo del Ápex, mezclándonos "seres vivos" con personas que ya emprendieron ese "Largo y Apasionante Viaje".

Las quejas
porque esta revolución científica no cambia nuestras vidas como lo hicieron las anteriores son ya unánimes. Nadie comprende cómo a estas alturas del relato tecnológico todavía estemos angustiados porque hemos de pagar el recibo de la luz. Los economistas ya confiesan abiertamente, por fin, que no entienden nada, mientras que por otro lado algunos/as escritores/as seguimos rigiéndonos por los criterios de aquellos que fueron y han sido proveedores de metáforas.

Y ante todo este mundo
que se retuerce como una hélice diabólica sigo por el camino que entre todos habéis ayudado a encontrar: ser un hombre que sueña a un hombre.

                                                                                             Johann R. Bach

aunque no entandamos nada intuimos que algo está al caer…


MIRADA A UNA NOVELA SURREALISTA

He leído la novela “Piel de Rodilla Herida”
y no tengo que hacer el menor esfuerzo para recordar la emoción y el impacto con que leí la tetralogía formada por Dibujos y Paisajes de Cassia, El Arte Gótico de los Huesos, Retales de Algodón y Arcilla de Ánfora Romana que Johann R. Bach escribió bajo la especial visión metafísica y surrealista.

Escribo estas letras reconociendo que,
aún a pesar de haber estudiado en la misma facultad que Johann, advierto como aquel profesor de biología que con una tranquilidad pasmosa afirmaba que los genes tienen una función muy escurridiza: “Es decir, no tenemos ni idea”.

Ahora mismo podría parafrasear a Kafka
(el juego de la vida como una distracción mientras esperamos el vuelo hacia el Mundo del Ápex) o al mismísimo Faulkner (“una habitación a pensión completa alquilada en el Purgatorio a cambio de su vida”) y decir que en una primera lectura me dio fiebre y me dejé invadir por una atmósfera con la pretensión de instalarme en aquel clima mental tan suyo.
Entre las páginas de esta novela se sospecha la finísima guía de lectura de Proust, la exculpación del hombre emborrachado de Babel a propósito de Hölderlin, el vuelo panorámico sobre textos poco visitados franceses, la justa invitación a leer a Jünger, las rutas alternativas que Mann propone para adentrarse en el mal… (Inciso: la forma salvaje con la que están escritos los materiales de toda la obra está garantizada y que, lejos de los soberbios despliegues de erudición y sabiduría vital a los que nos tiene Johann acostumbrados cuando saca brillo y destellos inesperados a un muerto, aplica aquí un trabajo de “collage” casi inevitable.)

Lo ideal sería que el lector abandonase aquí la reseña y se lanzase ya a reverdecer o amplificar sus propios entusiasmos. Pero como tampoco quiero que abandonen mis propios comentarios y de alguna manera tengo que justificar la minuta aquí van unas palabras sobre el estilo de R. Bach.

En primer lugar no es necesario insistir demasiado: aquí en esta nueva novela, se incita a extraer palabras y conceptos y literatura en general de Google ese gran baúl de donde tanto se puede aprender. Y, en segundo lugar, hay que convenir en que detrás de cada escrito hay una voluntad estilística que se expresa de múltiples maneras: en aforismos, en el gusto por arrancar la pieza del sitio más inesperado, la misteriosa y poco ortodoxa precisión verbal… Pero sobre todo en el gusto por la escritura, por momentos golosísima, cuando el progreso de la argumentación se ralentiza para narrar la intensidad de la pasión juvenil, el carácter destructivo del “fluido temporal”, el vuelo de los gorriones o la pasividad con que las cigüeñas le sacan a las tardes la raíz cuadrada o una fantasmagoría provocada por tres días de intensa fiebre.

Johann muestra una versión asilvestrada del gusto que encuentra Proust en la metáfora autónoma, que como todo el mundo sabe supone una condensación repentina -como un requiebro- y feliz del lenguaje, desprendido de su función utilitaria, sorprendido de su propio poder.


Cuando pienso en la ya extensa obra de Johann R. Bach me figuro casi siempre a una inteligencia extraña en busca de un género particular, o si se prefiere, una inteligencia que se niega a pagar peajes. El resultado me parece interesantísimo, fascinante por momentos.

Digámoslo de una vez:
a la altura de una exigencia que le haga justicia su prosa poética suena un tanto marciana (como casi todo lo afrancesado o lo germánico afrancesado en nuestro muy anglosajón mundo). De esos relatos acompañados de misteriosas imágenes, como alegorías entre escrito y escrito prende la sospecha de que en los poemas largos alguien más importante que el lector lleva aburrido desde que traspasó el ecuador.

Piel de Una Rodilla Herida parece un lamentarse de que la ciencia que nos domina y nos lleva no acaba de instalarse en las artes y las letras. La física cuántica nos da el laser, el GPS, la medición exacta de un segundo en millones de años, diagnósticos asombrosos de la resonancia magnética.

Es una novela en la línea de todas las anteriores en la que de una manera u otra se dice que la ciencia es contraria a las intuiciones y a los sentidos con los que captamos el mundo… aparente. Kant ya dijo que no podemos conocer la cosa en sí -la realidad-, que solo la apreciamos desde nuestra configuración. La física cuántica nos dice que al mirar algo lo alteramos y experimentamos en vivo este estar y no estar, pero a la vez estamos en el mundo violento, vacío y desesperado. Nos vemos ya como ADN, cuatro letras, pero sin entender la gramática. Y, sin embargo…, aunque no entandamos nada intuimos que algo está al caer… Mientras esperamos podemos leer a Johann R. Bach.

                                                                         Barcelona a 23 de abril de 2.017

                                                                                          Leo P. Hermes


Libre de virus. www.avg.com

25 abr 2017

Colgada del cielo una luna de estaño lanzaba su lluvia blanca


UNA LUNA DE ESTAÑO

Algunos matemáticos sostienen
que yo nací así, con este caràcter, porque estadísticamente era no solamente posible sino inevitable.

Era lo que todo el mundo venía a decirme:
que era unabuena chica, atenta y servicial y me aconsejaban buscar un marido más alto que yo, que me llevara diez o quince años, culto y, sobre todo, adinerado (no hay cuadro –decían- más dantesco que la pobreza en una mujer).

Nadie hizo nunca referencia
a que fuera simpático, amable y respetuoso. Las referencias que mis compañeras del "insti" hacían sobre el sexo tenían un fondo jocoso que nunca entendía. Nadie me habló de amor ni del placer de la conversación del después...

Alguien insinuó a mimadre
sobre la necesidad de llevarme al psicólogo por ser hija única. Recuerdo vívamente el día queme hicieronuna revisión médica: anotaron en una ficha que luego pasaría a través de la Red por todos los hospitales del mundo que tenía el clítoris hipertrofiado lo cual me asustó mucho. En esa misma ficha figuraba también que estuve hospitalizada y operada a causa de una apendicitis aguda y que salí curada una semana más tarde.

A medida que me iba haciendo mayor
aumentaba sobre mí la presión social: me decían que tenía todo lo necesario para entregarme al Hombre mientras que mi dote se reducía a una pequeña radio de pilas a mi diario.

Así caí en el pozo oscuro
donde sólo contaba la opinión de él: cuando había paz, mi marido estaba por la paz, cuando eno tro país estallaba la guerra, soñaba con participar en ella.

Aporté tres hijos al mundo
que copiaron los modales y conceptos de su padre y me trataron como una ama de llaves sin sueldo, incluso se avergonzaban de mi idioma adoptando el de él... el delos vencedores.

El azar quiso,
contra todo pronóstico estadístico, que aquella màgica noche la luna se rompiera al pasar entre las piedras de la tartera: mi pensamiento progresó caminando del brazo rebosante de timidez de Francis, entre opciones libres aparentemente contrarias pues tenía laimpresión de moverme entre injusticias simétricas, como entre dos filas de ahorcados.

Rompí el cielo al unirme a un hombre
veinte años más joven, más pobre y menos letrado que yo aunque de su pecho brotaba pura poesía.

Cierto día me despertó la luz de la lamparilla de su mesita de noche: Francis estaba escribiendo un sueño que había tenido. Me pasó la hoja de papel y leí sus palabras tres veces.

¡Qué extraño sueño!

Colgada del cielo
una luna de estaño lanzaba su lluvia blanca
sobre una barca que ascendía con la marea
y los olivos con el viento
se llenaban de balanceos...

Tu pelo,
al echarte en la hierba anegada de noche,
huyó con las estrellas.

                                                                               Johann R. Bach

Libre de virus. www.avg.com

19 abr 2017

Me dijeron que había tenido una muerte digna: confesado, absuelto y estremauciado y que era indudable que tendría su plaza en el Paraíso de Ámbar Gris


PARAÍSO DE ÁMBAR GRIS

Cuando llegué al Albergue, desposeída ya de todos mis derechos, ya había aceptado mi nuevo empleo como una suerte de un Mundo Provisional de duración indefinida. Alejada de todo aquello que había significado una vida llena de proyectos que, aunque fueron fracasando paulatinamente uno a uno, gracias a ellos, había mantenido viva el alma.

La Directora del Centro de Acogida me presentó a Carla una monja de edad mediana diciéndole: "Petit Gris sustituirá a Dominique". Pero en voz baja añadió: "Antes dale algo de comer".

Me costó muchísimo aguantar la risa al saber mi nuevo apodo: llamarme Petit Gris1. Era un eufemismo pues mi estatura de un metro noventa, de esqueleto bien formado aunque mis músculos parecían cuerdas liadas a mis huesos debido al hambre padecida durante año y medio. La monja debió fijarse en mi cara soportada por unas enormes mandíbulas en la que sólo el hoyuelo de la hermosura le daba un aspecto humano. Debió adivinar al verla deslucida que, efectivamente, necesitaba comer algo. Su mirada se llenó de esa "piedad profesional y huidiza" que tanto me desagradaba.
Me hizo entrar en una sala con paredes llenas de estanterías abarrotadas de latas de sardinas, melocotón en almíbar, leche condensada, mejillones en salsa americana botellas de sidra, de vino y Calvados y cajitas de todos los colores de queso de Camembert. Sobre una amplia mesa reposaba en cesto lleno de panecillos redondos y de la nevera tomó la monja con aire de generosidad un plato de una especie de albóndigas en salsa picante.

Lo dispuso todo como si de un festín se tratara y adornándolo con una jarra de vidrio transparente en la que vertió un líquido que en un primer momento pensé que era agua sucia, pero que gracias a su color burdeos se me ocurrió pensar que era vino, aquella agua de vida que casi había olvidado. La monja abrió su boca como disparando una frase y me dijo: "Come hasta quedar satisfecha" y me dejó sola.

Tuve la sensación de haber muerto y comenzar una nueva vida en un Paraíso de Ámbar Gris (de ahí mi apodo de Gris) en el que abundaban los manjares, el vino y la miel. Tengo que decir que en mi Estancia Anterior tuve siempre la sensación de que estaba atrapada en el Purgatorio, Por eso la alegría que me iba invadiendo el cuerpo a medida que aquel líquido rojo disminuía su nivel en la botella.

Naturalmente acabaron los panecillos y las albóndigas en mi estómago… y el vino subido entre las sienes. Me sentía eufórica y pensé que en el cielo se debían alimentar así. Y calmada en gran parte el hambre una duda empezó a surgir en mi mente con gran inquietud: si el trabajo habría de ser tan duro como para necesitar tamaña alimentación.

La monja entró de nuevo en la sala y vi cómo por su rostro se reflejaba algo parecido a una sonrisa, si es que era posible que un trozo de tea vieja pudiera sonreír. "Ten", me dijo ofreciéndome un paquete de ropa gris: "aquí tienes tu uniforme". Casi ni me la miré. ¿Qué importancia tenía el color de la ropa? Solamente el color sepia me hubiera alterado como un mal presagio.


Le pregunté a la monja si habitualmente tendría aquella comida y aquel vino. Ella contestó: "Sí y dos veces al día; incluso en los días de abstinencia el vino no te ha de faltar". Aquí el corazón ha de estar fuerte para servir sin reparos a todo lo que los clientes nos pidan… a todo lo que nos pidan".

Yo estaba fascinada, estupefacta.
¡Aquellos manjares dos veces al día!

Ni el último rey de Francia debió tener esa dieta le dije. La monja me miró asombrada y me preguntó si había hecho alguna vez aquel trabajo. ¡Y además dos jarras de vino con tres cuartos de litro cada una! Sentía dentro de mí una fuerza monstruosa que se acoplaba perfectamente con mi cuerpo "masculinizado". Esa euforia me hacía pensar que cualquier tarea la podría hacer de buen grado. La monja Carla me dio un frasquito en el que había un líquido aromático y me aconsejó que lo llevara siempre conmigo para combatir los malos olores de algún cliente "raro". Me acompañó a la cocina y por la ventanilla me indicó una mesa en la que se habían instalado cuatro damas y me dijo: "Anda ve a servirlas en todo lo que te pidan… en todo lo que te pidan"

Me puse rápidamente mi uniforme de ámbar gris y fui hacia la mesa en cuestión. Anoté en un pequeño bloc "la comande": cuatro raciones de cuscús pues era el plato preferido de los jueves, dos raciones de una docena cada una de mejillones a la crema, cuatro raciones de pomme mousseline3, cuatro raciones de crevettes2 con limón y cuatro chevalines4 a la crema. De postre la de más edad y la más joven pidieron ananas5 en almíbar y las otras dos damas dos raciones de Munster6. De bebida las cuatro pidieron Côtes du Rhône7 y para poder digerir todo ese banquete cuatro copas de Trou Normande8.

En el transcurso de aquella Grande Bouffe9 tuve ocasión de observarlas con detalle: la de más edad tenía una cara estrecha como la de un caballo, los ojos redondos, y de negro azabache, el pelo gris peinado a ambos lados de la cabeza partida por una línea central.

Tenía aire de intelectual y sus movimientos eran lentos, pero tan precisos que al cortar la carne parecía un cirujano con su bisturí. Las otras dos damas de mediana edad hablaban poco y comían a dos carrillos sin levantar la vista del plato, una de ellas llevaba el pelo corto, casi rapado mientras que la otra lucía una hermosa cola de caballo adornada con una beta roja.

La más joven, una chica de unos quince años, aunque provista de unas grandes gafas se parecía a la más mayor por lo que deduje que podría ser su nieta. Aburrida por la conversación de las mayores, miraba hacia todos lados, probablemente para distraerse. En un par de ocasiones sus ojos se toparon con los míos y asombrada por mi insistente mirar los mantuvo mirando los míos. Sus labios eran gruesos y su tez rosada con pecas diminutas bajo los ojos y dispuestas en grupos simétricos respecto del eje de la nariz. Comía poco, dejando la mayor parte de la comida en el plato rechazando totalmente el vino.

Al acabar la comida, recogí los platos, botellas, servilletas y vasos y con el mantel haciendo bolsa todos los restos de comida. Lo estaba depositando todo en la cocina cuando Margot la mayor de las cuatro entró y me dijo si no le haría un masaje pues le dolía la espalda. La monja que estaba fregando los platos me miró y me hizo un movimiento de asentimiento con la cabeza. Fui tras ella y entré en su habitación despistada totalmente en cuanto qué hacer.

La Dama Mayor se desnudó de forma rápida, me dio un frasco de aceite con aroma de canela y se tendió de espaldas en una camilla que parecía una tabla de planchar. Percibí sobre el alto canapé, bajo la lámpara roja, pesada y vulgar, enferma, soñolienta, paseando sus alocados y lascivos ojos sobre mi pecho, a una vieja mujer que ya no se reconocía con la escritora que de otro tiempo.

Estuve masajeándole los huesos de los hombros y de la espalda hasta que se giró colocándose en posición de decúbito supino.

Las costillas sin tetas eran como las de un barco desguazado boca abajo, en el pubis destacaban dos quillas de chalupa varadas en mitad de una playa. En el pubis apenas quedaban cuatro pelillos blancos. Vestida y rociada con colonia era como una presencia disfrazada, pero desnuda y de cerca exhalaba de su cuerpo un fuerte olor cadavérico, nada atractivo por cierto.

La Dama Mayor abrió las piernas y me dijo autoritariamente: ¡Venga! ¡Remata la faena! ¡Con la lengua! Sorprendida y a punto de vomitar saqué del bolsillo el frasquito que me había dado Carla y puse una gota extendida sobre mi labio superior. Pude acabar la faena a duras penas, pero lo hice.

Cuando salí de la habitación fui a sentarme en un banco del jardín trasero y mis ojos buscaban el horizonte cuando un carillón marcaba los cuartos anunciando una hora. Respiraba profundamente cuando las campanadas me recordaban a Proust cuando se veía bajo el cielo de "los campanarios de Martinville" en los que el sonido de las campanas era dorado traducción musical del encanto del sol al atardecer; y toda su existencia futura ya quedaba afectada…; como la mía…

Bajo mis pies notaba la hierba fresca y dejé que mi espalda se apoyara totalmente en el respaldo de madera y aún desorientada con la conciencia perdida de las cosas y de mi misma. Estuve pensativa durante un buen rato, me sentía agobiada, deslomada, consumida, hasta que una voz dulce como la miel me dijo sacándome de mi ensimismamiento:

"Buenas tardes. ¿Puedo sentarme un rato con usted?

Naturalmente le contesté. Aquella presencia llena de vida me hizo sentir un cosquilleo en mi estómago parecido al del deseo de vino. Me contó que ella había venido al Albergue a la fuerza y que se sentía muy desgraciada. Después de la muerte del abuelo, las tías y la abuela habían decidido venir todas juntas a este Albergue.

Me dijeron que había tenido una muerte digna: confesado, absuelto y estremauciado y que era indudable que tendría su plaza en el Paraíso de Ámbar Gris, y que seguramente le presentarían algunas entre la que escoger.

Aspirando con fuerza llegó hasta mi cerebro el aroma de rosas procedente de su piel rosada. De repente la chica empezó a llorar y se abrazó a mí como el náufrago a su tabla. Aquello me hizo bien. Comenzaba a sentir el orgullo de mi oficio: un oficio que me permitía comer hasta hartarme, beber vino todos los días y besar de vez en cuando a alguna jovencita perdida en el paisaje de este Paraíso de Ámbar Gris… aunque hay clientes y clientes…

Estaba ya en mi dormitorio, metida en la cama cuando oí unos golpecitos en la puerta. Al abrirla me encontré con la chica que ruborizada me pedía si podía dormir conmigo. ¿Cómo iba a negarme? Se metió directamente en la cama como niña asustada y nos pasamos casi toda la noche hablando. Fue una experiencia maravillosa el haber encontrado una hija. Aquello era realmente el Paraíso de Ámbar Gris:

mi antigua vida se había perdido
para siempre entre las estrellas…
Lejos han quedado las tardes
de Venus en el cielo y su susurro
inclinada sobre Adonis moribundo.

                                                            JOHANN R. BACH


(1)      Nombre popular del caracol "Helix aspersa" bastante más pequeño que el famoso Helix pomatia o Caracol de Bourgogne.
(2)      Crevettes. Pequeñas gambas.
(3)      Pomme mouseline. Puré de patatas.
(4)      Chevalinnes. Carne de caballo en láminas cortadas perpendicularmente a la fibra.
(5)      Ananas. Piña.
(6)      Munster. Queso que no puede, siéndolo, tener la apelación de origen de Camembert.
(7)      Côtes du Rhône. Vino tinto bastante suave de graduación alcohólica inferior a 13 º
(8)      Trou Normande. sorbete de calvados, leche, crema de leche y azúcar fino de repostería.
(9)      Grande Bouffe. Título de la película de 1973 donde se comía hasta reventar. Comilona



10 abr 2017

Los vecinos no oyen sino su paso


VIUDA DE MARINERO

Cabizbaja parece, enjuta,
casi una anciana aunque anda deprisa, con la mano crispada y sin un color grosero que ose desfigurar su boca y sus ojos.  

Los vecinos no oyen sino su paso
que se aventura, en la noche, torpemente, escaleras abajo, sin mano que la ayude.

Enviudada por segunda vez
de un amoroso marinero se engaña:

Su recuerdo es una voz quebrada
que se la oye mal, aunque se preste oído, le gustaba más su marido –su Ulises particular- de vuelta que en alta mar.

                                                                        Johann R. Bach